Parte del terreno que alojó a la antigua refinería 18 de marzo, en Azcapotzalco, pronto dejará de ser un espacio gris y contaminado para transformarse en área verde, gracias a los trabajos conjuntos de rescate en los que expertos del Instituto Politécnico Nacional aportan innovadores métodos de saneamiento.
Científicos de la Academia de Ingeniería Ambiental de la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas (ESIQIE) ejecutan un proyecto de descontaminación de suelo y agua que, por su extensión, es considerado como el más grande del mundo en el predio de 55 hectáreas que fue donado por Pemex para erigir ahí el Parque Bicentenario.
El acondicionamiento de ese espacio, que durante 48 años sirvió a la industria petrolera y que será abierto al público en 2010, fue dividido en dos etapas: la primera concluyó el año pasado y abarcó la remediación de 22 hectáreas. En tanto, la segunda —que se prevé finalizar en diciembre de este 2009— comprende la depuración de otras 33 hectáreas.
En ese marco, los politécnicos desarrollan tres subproyectos: el saneamiento de 400 mil metros cúbicos de agua subterránea contaminada con hidrocarburos; la biorremediación de 40 mil metros cúbicos de suelo, así como la recuperación de unos 150 mil litros de combustible (crudo y gasolinas) alojados en el subsuelo del predio tras derrames.
Agua limpia
Jesús Humberto Romo Toledano, uno de los expertos que lidera el proyecto del IPN, comentó que la depuración del acuífero se realiza con apoyo de un nanoaereador. Este aparato consta de dos cilindros metálicos, uno dentro del otro. El interior tiene 84 mil perforaciones y recibe el agua extraída del subsuelo de la antigua refinería, de modo que al girar volatiliza los hidrocarburos disueltos y permite la oxigenación del fluido vital:
“Es un sistema de aireación muy eficiente; hemos logrado concentraciones de oxígeno disuelto en el agua de hasta 7 partes por millón, mientras en un sistema convencional de lodos activados para tratamiento de descargas residuales se logran sólo 2.5 partes de oxígeno por millón”, explica el ingeniero químico.
El también maestro en ciencias precisó que los hidrocarburos removidos con el nanoaereador no son dispersados en la atmósfera en forma directa, pues antes son captados con un extractor que los envía a un filtro empacado con carbón activado. Con ello se consigue una remoción del 97% del total de esos contaminantes disueltos.
El ciclo culmina con el envío del agua ya tratada hacia otro filtro de carbón activado, de donde es retornada al subsuelo a través de una trinchera de inyección. “Este equipo permite tratar 10 litros por segundo con una potencia instalada de 5 caballos; si usáramos sistemas tradicionales de aireadores superficiales tal vez necesitaríamos 25 caballos de fuerza. Esto reduce mucho el consumo de energía eléctrica”, destacó Romo Toledano.
Además, añadió, el nivel de depuración del agua, certificado por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (responsable de erigir el parque) es tal que queda “prácticamente potable”. Y la prueba, afirmó, es que en la misma han observado crecer a un pequeño crustáceo denominado Daphnia magna, que sólo puede medrar en medios acuáticos libres de tóxicos.
Biopilas de limpieza
Otro subproyecto contempla la remediación del suelo, constituido sobre todo por arcillas y limo, a través de flora bacteriana presente en la zona (autóctona). Los expertos excavan el terreno contaminado y someten a la tierra obtenida a una criba para luego acumularla en montículos llamados biopilas.
A estas biopilas se les añaden sustancias nutritivas como nitrógeno y fósforo además de agua, las cuales propician el desarrollo de microbios que a su vez realizan la biorremediación, es decir, literalmente se comen a los hidrocarburos existentes en el suelo.
“Con la criba separamos la piedra de la tierra y hacemos que el suelo sea más homogéneo. Así, al momento de adicionar los nutrientes, la degradación de hidrocarburos trabaja mucho mejor”, especificó el ingeniero Romo.
“Ya que se agrega el nitrógeno, el fósforo y el agua aireamos la biopila durante aproximadamente dos meses. Toda esta combinación de nutrientes, bacterias, humedad y aereación nos permitirá reducir la concentración de hidrocarburos en el suelo a los niveles requeridos por la normatividad” (NOM-138, Semarnat), precisó el experto de la ESIQIE.
Carlos Rico Arzate, el otro líder del proyecto, comentó que éste es el primer trabajo de gran magnitud que se aplica en México y ayudará a la formación académica de profesores y estudiantes, además de aportar recursos al IPN por un monto de 800 millones de pesos.
Producto libre
La tercera parte del proyecto emprendido por los investigadores busca la recuperación de producto libre, esto es, combustibles líquidos que tras derramarse debido a las operaciones cotidianas en la antigua refinería se depositaron bajo la suferficie del terreno.
Los sitios donde se hallan los hidrocarburos han sido determinados tras numerosas caracterizaciones y para recuperarlos los expertos recurren a la solución más simple: la extracción con sistemas de bombeo que operan a partir de zanjas de recuperación y pozos de 8 a 10 metros de profundidad.
Sin embargo, como el acceso a determinadas zonas del terreno es complicado mientras en otras resulta relativamente fácil, los investigadores aplican tres procedimientos: aspiración con camiones tipo vactor, bandas motorizadas portátiles que absorben los hidrocarburos bajo el suelo y los liberan en la superficie o bien bailers (especie de tubos) para extracción manual.
Con estas operaciones, los politécnicos esperan recuperar un monto de hidrocarburos (gasolina, turbosina, diesel e incluso petróleo crudo) que calculan en 150 mil litros y que serán concentrados en tanques de almacenamiento para después enviarlos a la refinería de Tula, Hidalgo, por medio de pipas.
Todos los procesos involucrados fueron rigurosamente evaluados en el Laboratorio de Ingeniería Ambiental de la propia ESIQIE antes de ser implementados para así garantizar que los procesos de depuración cumplen con las normas ambientales vigentes.
Además de los investigadores politécnicos, en esta labor multidisciplinaria participan expertos de las universidades del Carmen (Campeche), autónomas de México y San Luis Potosí, el Instituto Tecnológico de Oaxaca y el Colegio de Posgraduados de Puebla.