La participación de México en exposiciones internacionales, desde la de Londres, en 1851, hasta la de Zaragoza, en 2008, es tan larga como desconocida por los contribuyentes que han financiado los pabellones nacionales en estos espectaculares y costosos encuentros culturales que, en más de una ocasión, han estado marcados por el derroche, la improvisación y la sospecha de uso indebido de recursos públicos.
Por ejemplo, la participación de México en las dos últimas exposiciones internacionales, en Aichi 2005 y Zaragoza 2008, dan ejemplos de anomalías que han podido documentarse parcialmente y con renuencias por parte de los implicados, a través de los mecanismos de la Ley de Transparencia.
México, un país con alrededor de 40 millones de pobres, gastó por lo menos 305 millones de pesos en el pabellón construido en Zaragoza, España, en contraste con los aproximadamente 179 millones de pesos que el opulento Japón pagó por los costos de su pabellón.
Los datos anteriores los revela César Corona, joven egresado de la carrera de Relaciones Internacionales de la UNAM y actual becario Fulbright-García Robles de intercambio académico México-Estados Unidos, quien se ha convertido en especialista en el tema, quizá el único en el país, desde que decidió escribir su tesis de licenciatura. A partir de entonces, Corona no para de pedir información a las entidades involucradas en la participación de México en las exposiciones de Aichi 2005, Zaragoza 2008 y ahora también de Shanghai 2010, para contrastarla con más fuentes.
El resultado es una amplia y minuciosa fiscalización ciudadana que Corona publica desde 2007 en http://mexico-expo2008zaragoza.blogspot.com, con información y análisis sobre el ejercicio de recursos públicos millonarios destinados a la poco difundida participación de México en expos internacionales.
Menos cultura y más comercio
A pesar de que México ha asistido a numerosas expos internacionales desde hace más de 150 años, la participación de 2008 en España se organizó a marchas forzadas.
“ProMéxico asumió el proyecto con el tiempo encima. A diferencia de esta ocasión que se le encargó a ProMéxico el proyecto (del pabellón mexicano en la Expo Shanghai 2010) con un año de anticipación; en esa ocasión se le encargó la coordinación con cuatro meses (de anticipación)”, explica Eduardo Seldner, jefe de la Unidad de Administración y Finanzas de ProMéxico, el fideicomiso público encargado de organizar la intervención del país en la expo española.
Y es que, por acuerdo presidencial, a partir de junio de 2007 ProMéxico asumió funciones que antes recaían en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), como la coordinación de la participación mexicana en exposiciones internacionales. Sin embargo, con esta decisión del presidente Felipe Calderón, cuyas implicaciones han pasado inadvertidas, se puso en manos de una entidad dedicada a promover la inversión y el comercio, la organización de eventos eminentemente culturales y de relevancia diplomática.
“Se cree que son ferias donde se promueven productos o empresas pero no, en realidad participa un país, la invitación forzosamente tiene que ser por la vía diplomática y la confirmación de la participación también. Las exposiciones internacionales tienen una finalidad educativa, cultural”, explica César Corona, quien recién fue invitado por ProMéxico para formar parte de su consejo consultivo para Expo Shanghai 2010. Él asistió a una reunión pero no formalizó su entrada al consejo.
De acuerdo con la Convención Relativa a las Exposiciones Internacionales, de la que México es miembro, junto con otros 155 países, desde 1928, estos eventos temáticos son eminentemente educativos. Además “promueven la buena voluntad internacional y exploran los avances de la experiencia humana y del conocimiento (…) Juegan un papel educativo y son instrumentos en la promoción del entendimiento en el mundo”, según la Oficina Internacional de Exposiciones con sede en París.
Por esas razones, la organizadora de la participación del país en ese encuentro de civilizaciones era, hasta 2005, la SRE; do años después la responsabilidad la asumió ProMéxico.
¿Qué es ProMéxico?
Es una entidad “que apoya la actividad exportadora de empresas establecidas en el país y coordina las acciones para atraer la inversión extranjera directa a territorio nacional”, dice la información institucional de ese fideicomiso público sectorizado a la Secretaría de Economía.
Con la decisión presidencial se ha privilegiado el aspecto económico más que el diplomático y educativo, al impulsar ante todo al comercio exterior en un encuentro cultural de importancia mundial.
“La institución tiene tres (enfoques de participación). El primero de ellos es coordinar toda la labor de atracción de inversiones directa (…), el segundo es promover los productos mexicanos en términos de exportación, y el tercero, que es un tanto menos conocido, es coordinar las labores que hace nuestro país en términos de promoción, digámoslo así, como marca-país”, dice Eduardo Seldner sobre el enfoque que da ProMéxico a la participación en la expo china.
Aunque con cierto retraso, ProMéxico organiza la participación para esa expo, la más ambiciosa de la historia, en la que el fideicomiso prevé gastar 344 millones 521 mil 600 pesos (IVA incluido) en un pabellón cuya licitación fue ganada por Creatividad y Espectáculos S.A. de C.V, del Grupo CIE. Dicha expo abrirá seis meses a partir del 1 de mayo de 2010.
Anomalías en Expo Zaragoza 2008
El 22 de abril el IFAI confirmó la reserva por tres años de la auditoría realizada por la Secretaría de la Función Pública en 2008 al ejercicio de los recursos que administró ProMéxico en la Expo Zaragoza.
“La Secretaría de la Función Pública actualmente se encuentra deliberando respecto a la debida solventación de las observaciones que los auditores emitieron en torno a las actuaciones del Fideicomiso Público ProMéxico, durante su participación en la Expo Zaragoza 2008, a fin de determinar la procedencia de iniciar un procedimiento administrativo de responsabilidades”, explica el IFAI.
Aun sin los resultados de la auditoría, Corona ha acopiado información con más de 100 solicitudes al IFAI. Así, ha documentado el dispendio de recursos en la participación de Expo Zaragoza.
Por ejemplo, luego de que el gobierno mexicano aceptó la invitación española en 2006, la entonces oficial mayor de la SRE, Mónica Ruiz Huerta, pagó 600 mil pesos a la empresa MetaDesarrollo para un anteproyecto de presupuesto. Obtenido a través del IFAI, ese estudio resultó ser una tabla de Excel con ocho conceptos y sus costos, más de 100 páginas con antecedentes históricos de las expos, síntesis de información oficial de Expo Zaragoza y otras generalidades.
Pero en su estudio, MetaDesarrollo no explica la metodología por la que concluyó que la participación costaría 66 millones 740 mil pesos en “sueldos y honorarios”, entre otros rubros, para un total de más de 252 millones 50 mil pesos.
La intención del gobierno de Vicente Fox era que el pabellón de Zaragoza fuera organizado por un fideicomiso privado, como el que se creó para Aichi 2005, pero la idea no cuajó. Un ejemplo de las anomalías en Aichi fue el pago de 7 millones de pesos en sueldos para 30 empleados en un sólo mes.
Con el cambio de gobierno, finalmente la participación en Zaragoza no fue puesta en manos de un fideicomiso privado sino de uno público como lo es ProMéxico. “(El fideicomiso privado) es una figura sumamente cuestionada con razón, sin duda. Desde que entramos a estos proyectos una de las líneas que se dictaron desde ProMéxico es: lo haremos pero siempre a través de los mecanismos públicos que existan”, comenta Seldner al responder sobre la diferencia entre las gestiones de un fideicomiso privado como el de Aichi 2005 y uno público como ProMéxico.
Seldner enfatiza el compromiso de ProMéxico con la transparencia, un rubro en el que ha tenido problemas en su carrera como funcionario. Él fue uno de los implicados en la polémica remodelación de la cabaña de Fox y en marzo de 2002 fue suspendido tres meses por la Secretaría de la Función Pública por violación de leyes y normatividad presupuestal cuando era coordinador administrativo de la Oficina Ejecutiva de la Presidencia.
“(Expo Zaragoza 2008) fue un proceso mucho más transparente (que Expo Aichi 2005) porque es auditable por cualquier instancia fiscalizadora”, afirma Seldner. Sin embargo, la gestión de ProMéxico en el pabellón de Zaragoza está lejos de haber sido la ideal.
César Corona documentó que no hubo concurso para elegir el diseño del pabellón, cuyo proyecto fue asignado de manera directa a la arquitecta Tatiana Bilbao (lo que provocó un reclamo del Colegio de Arquitectos) y que en lugar de una licitación se llevaron a cabo adjudicaciones directas en España al elegir a las empresas encargadas del montaje, mantenimiento y desmontaje del pabellón.
Menos tiempo, más costo
KIOSKO pudo comprobar que el gasto del país en Expo Zaragoza fue de 305 millones de pesos en tres meses, mientras que en Aichi los contribuyentes gastaron 160 millones en los seis meses que duró; es decir, en tres años se duplicó el costo por participar en una expo, aunque la más cara fue mucho más breve.
También hay incongruencias entre los resultados reportados por ProMéxico en cuanto a asistencia (alrededor de un millón de visitantes) y los ofrecidos por la Oficina Internacional de Exposiciones, en los que no destaca el pabellón mexicano entre los más visitados.
El investigador Corona detectó que ProMéxico no reportó en el Portal de Obligaciones de Transparencia dos contratos por cerca 57 millones de pesos y 31 millones, con RTL asesores y Media Producción S.L., respectivamente.
Incluso los desembolsos por viáticos parecen excesivos. Por ejemplo, Jesús Ramón Rojo, coordinador de asesores del director general de ProMéxico, gastó 488 mil 21 pesos en viáticos y boletos de avión entre el 5 de febrero y el 29 de junio de 2008, mientras que Alfonso Cervantes Sánchez Navarro, director jurídico de ProMéxico, gastó 273 mil 627 pesos en los mismos rubros entre el 6 de marzo y el 1 de mayo de 2008.
En este aspecto, llaman la atención los viajes que realizó Bruno Ferrari, director general de ProMéxico. Según los datos obtenidos del IFAI, el funcionario gastó 284 mil 222 pesos del erario público en boletos de avión en apenas tres comisiones. A pesar de la austeridad decretada por la Presidencia, Ferrari no viaja si no es en primera clase, a cuenta de los contribuyentes.
En el blog de Corona, las presuntas irregularidades se multiplican.
Seldner admite que hubo inexperiencia de parte de ProMéxico en Zaragoza, pero reitera que para Shanghai “el enfoque de transparencia es fundamental”, y aclara que quien reservó la auditoría por tres años no es ProMéxico, sino la Secretaría de la Función Pública a través del órgano interno de control.
“Todas las observaciones derivadas de esta auditoría están solventadas al ciento por ciento”, asegura.