Una investigadora de la Universidad de Michigan ha diseñado un método mucho más preciso y refinado que los ya existentes para evaluar las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, que contribuyen al cambio climático.
El nuevo método, denominado modelación geoestadística inversa, es obra de Anna Michalak, del Departamento de Ciencias Espaciales, Océanicas y Atmosféricas de esa institución y permite calcular los montos de carbono que son emitidos o absorbidos en pequeñas escalas, en regiones e incluso países específicos.
En contraste, los anteriores modelos, usados desde hace medio siglo, se basan en el monitoreo de CO2 en el aire en un gran número de sitios esparcidos por el planeta, así como en pequeñas torres que miden la captura o liberación del gas a partir de una pequeña área.
Esta información, junto con inventarios sobre el uso de combustibles fósiles, permite calcular las cantidades de ese gas que han sido emitidas a la atmósfera: unos 8 mil millones de toneladas cada año.
Con dichos procesos, los investigadores obtienen un conocimiento de las fuentes de carbono insuficiente para comprender su variabilidad o hacer predicciones absolutamente certeras. En cambio, según Michalak, la nueva herramienta permite una exactitud nunca antes alcanzada: “es como determinar dónde fue vertida originalmente la crema en una taza de café a medio batir”, consideró la investigadora.
“Los vientos y los patrones del clima mezclan el CO2 en la atmósfera de la misma forma en que el batir revuelve la crema en la taza de café. Tan pronto como empieza la agitación, se pierde información relevante sobre dónde y cuándo ésta fue añadida”, explicó.
El trabajo de Michalak, financiado por la NASA y el Departamento de Energía de EU, fue presentado y discutido durante el 175 congreso de la American Association for the Advancement of Science, celebrado en Chicago.