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Los alimentos orgánicos no son la solución a los problemas de alimentación en el mundo, pero sí una alternativa para contribuir a ese fin, pues además de ayudar a poblaciones pobres, su esencia es más natural y libre de pesticidas.
De acuerdo con la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación y especialistas de la Universidad Autónoma Chapingo (UACH), prácticamente ya se encuentran productos orgánicos en la totalidad de alimentos frescos y procesados, como cereales, frutas y hortalizas, azúcar, café, leche, galletas, chocolate, miel, carnes y huevo. Precisan que no hay que confundirlos con los alimentos transgénicos, pues aún algunos, por falta de información, hacen una relación errónea.
Los productos orgánicos son aquellos producidos sin pesticidas ni agroquímicos de síntesis y son controlados en toda la cadena productiva, de tal forma que se garantizan alimentos sanos para el consumidor y con grandes beneficios al ambiente antes, durante y después de su producción.
Los organismos genéticamente modificados (OGM) y los productos obtenidos a partir de éstos son incompatibles con los métodos de producción orgánica y, por tanto, quedan excluidos. Además, en los productos etiquetados como procedentes de producción orgánica, no pueden utilizarse OGM, partes de ellos o productos obtenidos a partir de OGM. La Secretaría de Agricultura señala que la creciente diversificación de las actividades en el medio rural, ha mostrado que la producción orgánica y la de productos comercialmente no tradicionales representan una importante área de oportunidad para las pequeñas empresas rurales.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la agricultura orgánica es un sistema olístico de producción que fomenta y mejora la salud del agrosistema y, en particular, la biodiversidad, los ciclos biológicos y la actividad biológica del suelo.
Un estudio de la UACH resalta que la agricultura orgánica es un sistema fácilmente adaptado por miles de productores mexicanos, quienes entre otros factores favorables encuentran: tecnología accesible, mercado internacional y nacional abierto.
Además, la gran diversidad climática de México permite el desarrollo de estos sistemas de producción, y cada vez hay más consumidores conscientes del cuidado ambiental y preocupados por su salud. De ahí que se inclinen por la aplicación de prácticas compatibles en áreas de reserva o zonas protegidas. De este modo, dichos alimentos coadyuvarían al problema de alimentación, pero no ser solución, pues se requiere de muchos factores y acciones para atender ese fenómeno, concluye en un estudio de la UACH.