La disputa por el único baño que tienen en su departamento de la colonia Del Valle los ha llevado a definir reglas. Media hora en el baño, no más. De lo contrario existe un motivo para que los otros reclamen airadamente.Normas como ésta se extienden a otros ámbitos que describen los lazos que se han formado entre los roommates Federico, Miguel y Adrián, quien ofrece disculpas por no haber podido llegar a la foto. “Si uno de los tres no ha llegado o se ha comunicado después de 24 horas de ausencia, es una regla iniciar la búsqueda”, comenta Federico.
Ellos se consideran una familia pero señalan que la principal diferencia es que no existe una estructura jerárquica. Pueden comentar cosas entre sí, cosas que no le dirían a sus hermanos o a sus padres porque saben que los podrían juzgar.
Por supuesto que el ahorro económico que representa desde hace dos años compartir gastos entre tres personas (renta, luz, vigilancia y mantenimiento) los llevó a la decisión de vivir juntos, pero lo más importante, reconocen, ha sido el estrecho vínculo de amistad que han formado y la compañía que se brindan.
Al igual que las familias tradicionales, ellos han discutido por asuntos domésticos, como cuando se enfrentan a la decisión de comprar productos de limpieza. La problemática, “nada alarmante”, dicen, se ha centrado en comprar a granel o por artículos individuales. En el fondo, reconocen, hay una disputa por hacer evidente quién de los tres decide, pero siempre tratan de negociar. Al final, la democracia se impone: toda situación que los involucre en espacios compartidos es sometida a votación. (Natalia Gómez Quintero)