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A sus 3 años, Josmar García inhala su dosis diaria de polvo. Por ello padece una infección en sus grandes ojos, resequedad en la piel y una tos que sólo lo abandona una o dos semanas al mes. El pardo es el color que mejor conoce, el tono que predomina a su alrededor, en los ladrillos desnudos de las casas a medio construir, las calles sin pavimentar, los autos ‘empanizados’ por capas de tierra, el aire que respira. Así crece en la colonia Américas primera sección, municipio Valle de Chalco Solidaridad, Estado de México, donde las partículas de polvo son la principal fuente de contaminación atmosférica.
Como Josmar, millones de niños y adultos están expuestos a los efectos del polvo por vivir en zonas urbanas del país, donde las tolvaneras son parte del paisaje cotidiano, incluidas las ciudades de la frontera norte, Zacatecas, San Luis Potosí y el estado de México, principalmente en los municipios conurbados de Valle de Chalco Solidaridad, Ecatepec y Chimalhuacán.
Las tolvaneras no sólo provocan los mismos padecimientos que aquejan a Josmar. Un estudio en Mexicali (capital de Baja California) corroboró que las partículas del polvo que se respiran en forma cotidiana pueden asociarse con retraso en el crecimiento, asma, fibrosis pulmonar y aun cáncer; en este caso, sobre todo al combinarse con partículas de origen vehicular e industrial.
La investigación, financiada por la Academy and Professional Programs for the Americas (Laspau), se titula “Evaluación toxicológica de PM10 y PM2.5 de la ciudad de Mexicali y su correlación con el contenido del suelo. Un estudio para evaluar y dirigir medidas de control”. Fue realizada entre 2005 y 2007 por científicos del Instituto Nacional de Cancerología, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Autónoma de Baja California y el Instituto Nacional de Ecología (INE).
Enfermarse por limpiar
El motor del estudio citado arrancó hace dos décadas, cuando el médico Álvaro Osornio Vargas atendió a una habitante de la periferia de Mexicali, de 26 años, que tenía el corazón más grande de lo normal. La joven comenzó a sentirse mal; se le hinchaban las piernas y estaba fatigada todo el tiempo. Los médicos detectaron un trastorno cardiaco y recomendaron a su familia llevarla al Instituto Nacional de Cardiología, en la ciudad de México, donde los especialistas, entre ellos Osornio Vargas, detectaron que, además, le fallaban los pulmones.
Cuando los padres respondieron que la mujer se dedicaba a limpiar y barrer, los médicos pidieron que reunieran la tierra acumulada en la casa durante una semana. La familia regresó con una bolsa que contenía casi dos kilos. Diversos estudios comprobaron que había partículas de ese polvo en los pulmones de la mujer, cuyo diagnóstico fue fibrosis pulmonar, padecimiento común entre mineros, canteros o ladrilleros mayores de 50 años, pero no en amas de casa de 26 años. La joven murió dos años después.
En Mexicali, 29% de las calles no están pavimentadas y hay tolvaneras hasta dos o tres veces diarias. El investigador Osornio Vargas refiere que en Baja California 24.8% de las muertes entre menores de 25 años se debe a alguna enfermedad respiratoria; el promedio nacional es de 12.8%.
La Comisión de Cooperación Ecológica Fronteriza estima que en la frontera norte las ciudades tienen un rezago en pavimentación de 50%. Este organismo, creado en 1993, en el marco del Tratado de Libre Comercio (TLC) para atender los impactos ambientales en la frontera, incluyó en 2007 el tema de la falta de pavimentación entre los principales problemas ambientales de aquella región del país.
Lo que se respira
Álvaro Osornio Vagas, en la actualidad investigador del Instituto Nacional de Cancerología, tuvo que esperar casi 20 años para estudiar sobre los efectos tóxicos del polvo en Mexicali. Con otros 14 investigadores realizó un estudio consistente en instalar dos estaciones de monitoreo de PM10 y PM2.5 (partículas suspendidas con un diámetro menor a 10 micras o menor a 2.5 micras) en el centro y sureste de esa ciudad fronteriza. Encontraron que 70% de las partículas suspendidas son de origen geológico, es decir, del suelo; 22% provienen de la quema en campos de cultivo; 4% de los vehículos automotores, y 4% de la industria.
Al hacer las pruebas toxicológicas de las partículas de origen geológico observaron que el polvo tiene compuestos que causan daños al aparato respiratorio y que pueden desencadenar bronquitis crónica, retraso en el crecimiento o fibrosis pulmonar. “Tenemos evidencia de que estas partículas dañan el ADN de la célula, pero de una forma diferente a como lo hacen las partículas arrojadas por los automóviles”, explica Osornio Vargas.
Recuerda también que en la década de los ochenta los científicos comenzaron a poner mayor atención en las partículas del suelo y su afectación a la salud; en algunos casos el interés surgió por reportes del zoológico de la ciudad de San Diego, donde murieron animales por enfermedades de tipo pulmonar; “Les iba más mal a los animales rastreros que a la jirafa, desde ahí se comenzó a manejar que podría ser el suelo lo que les causaba el problema”.
El director del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), Rogelio Pérez Padilla, conoce el estudio de Mexicali y lo que más atrae su atención es que “muestra que la fibrosis pulmonar no es resultado de ejercer un oficio, sino por la exposición en la vida diaria. El polvo de esa ciudad tiene compuestos, como el sílice, que pueden inducir a una cicatrización del pulmón, tal y como sucede con los mineros”.
La fibrosis pulmonar se produce cuando partículas se depositan en los alveolos pulmonares, provocando una inflamación que disminuye la capacidad pulmonar. Los factores que contribuyen a su desarrollo son la prolongada exposición a partículas, y el tamaño y las características de éstas, así como la susceptibilidad de cada persona.