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Las familias mexicanas viven con incertidumbre y austeridad desde hace un mes cuando las amas de casa comenzaron a detectar el aumento constante en el precio de algunos alimentos y los comerciantes resintieron una baja de entre 20% y 30% en sus ventas.
Desde principios de septiembre la mayor parte de la población comenzó a percibir incrementos en alimentos como el aguacate, la cebolla y la papaya y optó por reducir sus gastos en la compra de ropa y enseres domésticos, restringir los pagos para la diversión y la recreación y cancelar planes vacacionales de fin de año.
Los comerciantes de tianguis y mercados públicos argumentan que tienen que subir el costo de los productos para poder pagar la gasolina de las camionetas en las que transportan la mercancía e, incluso, algunos han pedido créditos a sus intermediarios para poder adquirir y comercializar los alimentos.
Ya sean amas de casa o comerciantes, según un sondeo hecho por EL UNIVERSAL, ambos cuestionan cómo van a poder cumplir con la sugerencia del gobierno y de los expertos en economía de ahorrar si sus ingresos son limitados para cubrir sus necesidades básicas.
Consideran que el gobierno no ha hecho lo suficiente para hacer que el plan anticrisis se refleje en los bolsillos de la población de bajos o medianos ingresos.
Agustín es comerciante de verduras en un tianguis de la delegación Benito Juárez, donde vive la población con mayor poder adquisitivo de todo el país, según el Fondo de Naciones Unidas para la Población (PNUD). Asegura que después de la temporada de ingreso a clases, por lo regular hay un impacto negativo en las ventas, pero en esta ocasión “la crisis está pegando más fuerte” y se prolongó.
La familia Gómez busca la manera de salir del paso y aprovecha los alimentos que aún no aumentan su precio para cocinar, aunque no saben qué harán para pagar las tarjetas de crédito ni cómo ahorrar.
“Cómo se les ocurre que ahorremos si apenas nos alcanza”, reclamaron Gloria y Patricia Lucero, “mejor que los del gobierno y los diputados ahorren, que reduzcan sus salarios y que resuelvan esta situación”.
Tiendas de autoservicio, mercados, tianguis, puestos de abarrotes y restaurantes iniciaron una serie de promociones para garantizar sus ventas.
En algunos supermercados hay a la venta paquetes de ahorro en los que se venden alimentos enlatados y empaquetados a precio de mayoreo. Un ejemplo es el costo de cuatro latas de atún en cuya compra se estima un ahorro de 4 pesos con 40 centavos.
Otras tiendas de autoservicio incrementaron sus promociones de crédito para que los clientes puedan hacer sus pagos en mensualidades sin intereses y adelantaron la temporada de Día de Muertos, Navidad y de Reyes Magos.
Las cadenas de restaurantes, cuyos precios de los platillos por lo regular son de 100 pesos en promedio, colocaron mantas, distribuyen folletos y anuncian en spots de radio promociones de menos de 50 pesos por un desayuno, comida o cenas completas.
En los puestos de abarrotes es común encontrar desde hace dos semanas anuncios con el incremento en el precio de algunos refrescos, pero también paquetes promocionales de frituras con pan dulce.
Los fines de semana, los parques son frecuentados cada vez por más familias que pasean con sus hijos, mientras que las sales de cine inician funciones hasta con cuatro o cinco espectadores.