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Cuarenta años después, la consigna “2 de octubre no se olvida” fue reiterada en las diversas marchas que culminaron en el Zócalo, realizadas a propósito de la represión estudiantil de 1968 en Tlatelolco.
Se culpó a los ex presidentes Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, y se pidió justicia al presidente Felipe Calderón por los desaparecidos y los presos políticos de hace 40 años. El denominado comité histórico del movimiento estudiantil del 68 volvió a congregar, “como no ha sucedido en años anteriores”, a una centena de ex líderes y participantes de ese movimiento que demandaba la libertad de presos políticos y la reivindicación de luchas campesinas, sindicales y de guerrilleros como Lucio Cabañas, Genaro Vázquez y Demetrio Vallejo.
Por ello, al inicio de la manifestación de ese grupo, que partió desde el Museo Nacional de Antropología, se hizo un pase de lista en recuerdo a su memoria y a su lucha.
Sin embargo, también hubo espacio para quienes reivindican luchas recientes como la de los desaparecidos en Oaxaca y Guerrero, o de respaldo a los jóvenes de la UNAM, quienes portando una pancarta demandaron el regreso de la joven Lucía Morett, quien se encuentra asilada en Nicaragua, después de que resultara herida en el ataque del ejército colombiano al campamento de las FARC.
Pero a 40 años de distancia, a la mayor parte de los jóvenes que salieron en esta ocasión a las calles se les olvidaron las demandas que motivaron la protesta estudiantil en esa época.
“El 68 es importante porque ahora los jóvenes no tenemos lugar en las escuelas pública. Yo vine a esta marcha porque nuestro maestro nos lo pidió”, dijo una estudiante de la Universidad Autónoma de Chapingo.
El contingente que partió de la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, fue encabezado por habitantes de San Salvador Atenco. La marcha también fue aprovechada por agrupaciones civiles como Movimiento Popular Independiente para exigir vivienda.