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México 68: ¿Hacia dónde vamos?
A 40 años, el debate público sobre el papel de los distintos sectores sociales en 1968 sigue abierto; la imagen del rector encabezando una marcha, con una bandera en las manos, bastaría para explicar el drama de esos días. Esta y otras reflexiones son parte del libro “1968, un archivo inédito”, que EL UNIVERSAL y Conaculta editaron a manera de testimonio gráfico y en homenaje al trabajo de los reporteros gráficos

Video: Las imágenes perdidas del 2 de Octubre
Fotógrafo de EL UNIVERSAL narra lo que vivió en la Plaza de las Tres Culturas esa tarde
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    Jesús Fonseca Juárez*
    El Universal
    Jueves 02 de octubre de 2008
    sociedad@eluniversal.com.mx

    ¡Ponte algo blanco en la mano...!

    Era 2 de octubre de 1968. Al regresar a EL UNIVERSAL, después de dar mi clase de fotografía en la Universidad Iberoamericana de Coyoacán, pregunté qué novedad había. “Nada importante”, contestó Daniel Soto, jefe de fotografía. “El mitin del Politécnico no se autorizó, pero si quiere dése una vuelta a las tres y media”.

    Llegué a Tlatelolco. Desde la contraesquina de Relaciones Exteriores vi cómo llegaban estudiantes, señores, niños, pero en orden, sin bolas, grupos de cuando más cinco o seis personas. Todos se concentraron en la Plaza de las Tres Culturas. Tenía, al frente, el edificio Chihuahua; al lado derecho, la iglesia de Santiago Tlatelolco; al izquierdo, el edificio de la Vocacional 7.

    A la espera en la esquina mencionada, pasó Mario Padilla, fotógrafo de la fuente de policía para EL UNIVERSAL que desde su coche me dijo: “Ya están en Buenavista los soldados”. Me dirigí al edificio Chihuahua. Desde el piso donde estaban los oradores tomé fotografías de la gente. Me pareció interesante captar a señoras y niños en las primeras filas de la planta baja. Unos periodistas platicaban con un señor delgado de traje gris y decía: “Esta vez sí cae Díaz Ordaz”.

    En ese momento vi a un colega, Javier Diez Gutiérrez, regresar apurado a su coche. Lo alcancé para avisar que ya había soldados en Buenavista. “Súbete y vamos a ver”, dijo, pero en el momento en que arrancó vimos cómo pasaban carros del Ejército por Paseo de la Reforma a la altura de la estatua de Cuitláhuac. Los seguimos pero al llegar a la Glorieta de Peralvillo, se regresaron brincando el camellón central mientras se empezaban a oír disparos; la balacera se hacía mas intensa y los soldados, con las armas en la mano, volteaban para todos lados, paralelos al convoy. Nos vieron y yo saqué la cámara para tomar fotografías.

     

    Javier dejó su auto estacionado. Atravesamos Nonoalco rumbo al edificio del ISSSTE; ¡en mi vida había oído balacera igual! Desde lo alto del edificio Chihuahua salían tiros hacia la Plaza de las Tres Culturas. Desde abajo, los soldados tiraban hacia arriba. Según mi reloj, a las 6 de la tarde con 13 minutos, sobrevolaba la plaza un helicóptero y vi salir unas luces entre los edificios de Relaciones Exteriores y la iglesia de Santiago Tlatelolco. Desde mi punto de vista, en la contraesquina de Relaciones Exteriores, pensé: cómo es posible que avienten luces en esta refriega. ¿Qué santo celebran?, acto seguido, se recrudeció la balacera por todos lados; sin duda había francotiradores.

     

     

    Detrás de la iglesia tomé, sin flash para no llamar la atención, fotografías de cómo metían cuerpos de soldados ya sin vida dentro de una ambulancia del Ejército. Un soldado me vio y jaloneó mi cámara desde la correa para quitármela; logré convencerlo y me soltó. Pedí a uno de los ayudantes principales del general José Hernández Toledo, comandante del Batallón de Fusileros Paracaidistas, que me dejara tomar unos cuerpos amontonados atrás de la iglesia. El mayor dijo que no, porque había francotiradores.

     

    El mayor pidió que nos identificáramos, pero ya nos conocía. “Se van pegados a la pared de la iglesia, uno detrás de otro, después de diez pasos, al otro extremo se identifican con el oficial”.

     

    Me regresé al edificio Chihuahua, y vi que sacaban a detenidos en fila india, acompañados por un miembro del batallón Olimpia, quienes traían puesto un guante blanco en la mano izquierda. Uno del batallón me dijo: “Ponte algo blanco en la mano izquierda”, lo único blanco era mi camiseta. Lo hice.

     

    En la última tregua me fui al edificio Chihuahua por el lado oriente, por donde bajaban los líderes sujetos por atrás del cinturón del pantalón. Los líderes y captores bajaron pecho a tierra y completamente empapados, debido a que los tinacos ya perforados derramaban el agua contenida. Al pie de la planta baja, el capitán Cuauhtémoc Cárdenas, con su pistola 45 en la mano derecha, daba instrucciones. En ese momento disparé la cámara con un flashazo y todos voltearon. El teniente coronel que ahí estaba gritó: “Retírese señorita”, lo cual me sorprendió. Lo que pasaba era que, sin darme cuenta, a mi lado estaba mi compañera reportera Nidia Marín, quien sólo atinó a decir: “Soy periodista”. Yo contesté: “Ahorita la retiro”.

     

    En ese momento se desató otra balacera nutrida y logré tomar cómo caía un soldado. Foto sin flash. Ya en nuestro nuevo refugio, un sanitario, nos reunimos Nidia Marín, Rafael de la Cruz, Nacho Navarro de la revista Tiempo y otras personas. Fue tal el tiroteo, que en las paredes del sanitario rebotaban las balas y cayeron algunas esquirlas que no nos dieron.

     

    Nos separamos y regresé a la altura del edifico de Relaciones Exteriores, donde encontré al reportero Jorge Avilés Randolph. Recorrimos el edificio por dentro. Vimos el elevador particular del canciller lleno de sangre en su interior.

     

     

    Más tarde regresamos a pie al periódico. Llegamos cuando faltaban cinco minutos para las tres de la mañana del día 3 de octubre. Al vernos, don Armando Rivas Torres, subdirector del periódico, preguntó: “¿De dónde vienen?”. Le contamos. “Bien; don Jorge, ¿puede escribir?”. “Sí señor, pero déjeme respirar un poco”. “Sí, sí. Es más, vaya al frente y tómese un coñac a mi salud. No, que sean dos; y usted, Fonseca, a revelar las fotos”.

    (* Fotógrafo jubilado de EL UNIVERSAL)

     

     

     

     
     

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