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Irreverente... mente

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30/04/2018
10:21
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En entrevista radiofónica sobre el tema de la desaparición y asesinato de los tres estudiantes de cine en Jalisco, el actor Diego Luna declaró, ante las preguntas de Carlos Loret de Mola, una gran verdad: dijo que después de presenciar el debate de los candidatos presidenciales caemos en la cuenta de que están desconectados de la realidad; parece que están dirigiéndose a otro México.

Si lo relevante del debate fue el cuestionamiento de los tres departamentos de López Obrador que no fueron incluidos en su declaración patrimonial, o la ocurrencia de Jaime Rodríguez, El Bronco, de cortar la mano a los corruptos, entonces estamos frente a la cuestionable realidad, que muestra que en la cúspide del poder existen prioridades diferentes a las de la ciudadanía.

Mientras un gran número de mexicanos lamentamos el homicidio brutal de los tres estudiantes de cine, en Jalisco, la desaparición de los seis muchachos de Tlaxcala de viaje en Oaxaca, la desaparición de los italianos, la de los 43 en Chilpancingo, el asesinato de periodistas, de sacerdotes, alcaldes y candidatos entre otros muchos más y en general las desapariciones continuas de hombres y mujeres, vemos que los candidatos se entretienen con ocurrencias y hablando de nimiedades, si comparamos sus prioridades, contra esta cruel realidad que destruye a miles de familias cotidianamente. Por ello algo está mal en México.

Jan Jarab, representante en México del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, estimó según declaraciones de agosto del 2017 que en los últimos años han desaparecido en México más de 30,000 personas, más los que no son contadas dentro de las estadísticas, por lo cual la cifra podría elevarse estrepitosamente, pues las autoridades siempre tienden a ocultar este problema.

El ultimo corte, de enero de este año 2018, ya habla de 34,268 desaparecidos. Hay datos publicados del INEGI y el Sistema Nacional de Seguridad Pública, que mencionan que durante el sexenio del presidente Calderón hubo 120,935 homicidios dolosos y en la administración del presidente Peña Nieto hasta octubre pasado iban 114,061. Estas cifras que suman en once años más de 234 mil personas asesinadas nos hablan de una masacre.

Es cierto que las desapariciones y asesinatos son obra de los delincuentes, pero esta masacre recurrente, que se lleva a cabo día tras día desde hace varios años, cae sobre la responsabilidad del Estado Mexicano por omisión.

Está comprobado que detrás de muchas desapariciones forzadas, están policías municipales que levantaron a sus víctimas y las entregaron al crimen organizado. El caso de los estudiantes de Ayotzinapa, los italianos desaparecidos este año, los estudiantes de cine de Jalisco, los de Tlaxcala levantados en Oaxaca hace unos días, y muchísimos casos siguen esta rutina: la policía municipal al servicio del cartel líder en cada localidad.

¿Por qué no se fincan responsabilidades al alcalde que dio el nombramiento al comandante de la policía cuestionado?

El documental cinematográfico titulado “Mirar morir”, que describe lo sucedido en Iguala durante el secuestro de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, producido por el periodista Temoris Grecko y dirigido por Coizta Grecko, centra su atención en que todas las autoridades locales estaban enteradas en tiempo real de lo que estaba sucediendo en el momento, pero teniendo la obligación de impedirlo y los recursos para lograrlo, asumieron una actitud pasiva de espectadores, lo cual genera gravísimas responsabilidades.

Lo que vino después fue toda una trama del procurador de justicia, Murillo Karam, no por investigar la verdad y dar con los responsables, sino ocultar lo que sabía, para evadir responsabilidades del gobierno federal y apostarle a que lograría engañar a la opinión pública con su teatro de la “verdad histórica”.

Es grave que no se finque responsabilidades judiciales a los funcionarios públicos que con su apatía o complicidad directa o indirecta, permiten que se siga llevando a cabo esta masacre cotidiana.

Más grave aún es pensar que durante estas próximas elecciones se elegirán gobernantes que pudieran haber tenido financiamiento del crimen organizado, a cambio de impunidad y de poner en los cargos de seguridad pública a su propia gente, para que las corporaciones policiacas actúen como el brazo ejecutor de secuestros y levantones. Un panorama aterrador que nos podría hacer suponer un recrudecimiento de las desapariciones forzadas y asesinatos.

Es el momento de exigir que los candidatos presidenciales dediquen el próximo debate a explicarnos a los mexicanos si tienen una estrategia para tomar el control del combate a la inseguridad y cómo lo realizarán y que se exhiban quienes prefieran evadir el tema.

¿Usted cómo lo ve?

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Presidente de la Academia Mexicana de la Comunicación AC. 25 libros publicados Fundó en México la oficina local de la empresa global de consultoría creada por Al Ries, uno de los dos creadores del...

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