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Los músicos: entre el arte y la enfermedad


Domingo 01 de julio de 2001 Elda Maceda y Luz María Rivera | El Universal

La música produce placer a quien la hace, pero también enferma. Esto lo pueden decir sobre todo los instrumentistas de las orquestas sinfónicas y filarmónicas, quienes en el escenario producen y soportan el estruendo de sus enérgicas ejecuciones, que alcanzan los 130 decibeles, volumen equiparable al sonido que produce un avión a propulsión en el despegue.

Se trata de un problema de salud poco explorado no sólo en el país sino en el mundo. En Europa sólo existe una clínica especializada en Barcelona, otra informativa en Francia y una más en Estados Unidos.

Alergias de los violinistas por el contacto con la brea o resina que utilizan para frotar las cuerdas de sus instrumentos; afecciones causadas por la marca que dejan el violín o la viola al situarlos entre el mentón y la mandíbula; la "neurosis del timbalista" por el efecto de las ondas sonoras contra cráneo y cara; el peligro de glaucoma en los trompetistas y demás tañedores de los instrumentos de metal, además de la sordera, sin dejar de lado que la mayoría padece afecciones en la columna por una mala posición de su cuerpo. Estos son algunos de los padecimientos o enfermedades profesionales de los ejecutantes de música, que en México no cuentan con atención médica especializada.

Mientras no hay nada escrito en la materia, el percusionista de la Filarmónica de la Ciudad de México, Abel Ramírez, con dos décadas de trayectoria, pierde paulatinamente el oído; Carlos Luyando de la Sinfónica Nacional, quien durante 25 años tocó timbales, no tuvo ningún problema de salud causado por su actividad, pero la timbalista Gabriela Jiménez Lara ha padecido desprendimiento de retina por la vibración que recibe al hacer su música y estuvo a punto de perder la vista.

En el caso de los estudiantes de instrumentos de viento, la problemática es otra. Se centra en las enfermedades que pueden ser contagiados a través de las boquillas y que van del herpes a la laringitis, además de hongos y bacterias que pueden afectar otros órganos.



La música provoca placer, pero también enfermedad

La música produce placer a quien la hace, pero también lo enferma. Y esto lo pueden decir los instrumentistas de las orquestas sinfónicas y filarmónicas, quienes en el escenario producen y soportan el estruendo de sus enérgicas ejecuciones que alcanzan los 130 decibeles, volumen de sonido equiparable al que produce un avión a propulsión en el despegue.

El binomio música-enfermedad es un tema poco explorado, del que no existe información impresa ni interés por abordarlo y que constituye un problema de salud que no puede ser cuantificado, no obstante que los padecimientos son varios y afectan distintos órganos del cuerpo, dependiendo del instrumento que el músico ejecuta. No hay centros hospitalarios especializados en México y sólo se sabe de uno en Barcelona, que no sólo atiende a músicos sino también a artistas de la escena, por lo que es urgente que se cree una especialidad médica, consideran doctores y afectados.

Abel Benítez, percusionista de la Filarmónica de la UNAM, es el mejor ejemplo de la fórmula música-enfermedad, ya que su exposición constante al fuerte sonido de instrumentos como los platillos y campanas tubulares, ha propiciado que esté perdiendo el oído.

Pero éste es sólo uno de los numerosos padecimientos o enfermedades profesionales de los ejecutantes de música, que en México no cuentan, en general, con atención médica especializada.

En el archivo más importante que se conserva en el país, en la materia, el del doctor Sergio Rico, médico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM) desde su fundación en 1978, figuran padecimientos como las alergias de los violinistas por el contacto con la brea o resina que utilizan para frotar las cuerdas de sus instrumentos; las afecciones por la marca que deja el violín o la viola al situarlos entre el mentón y la mandíbula; la "neurosis del timbalista" por el efecto de las ondas sonoras contra cráneo y cara; el peligro de glaucoma en los trompetistas y demás tañedores de los instrumentos de metal.



Necesaria una medicina de la música

Sergio Rico, al igual que Carlos Gargollo, cirujano con especialidad en manos, coinciden al expresar que es imperante la necesidad de crear en México la especialidad de la medicina de la música, en clínicas como las que funcionan de manera corriente para los deportistas en países como Estados Unidos.

Ambos especialistas critican y dicen "sufrir" ante los excesos que cometen sus pacientes, de la misma forma en que los médicos que atienden a los acróbatas, lamentan que tomen tantos riesgos, como malas posiciones y exceso de práctica, entre otros.

Este problema de salud no es privativo de nuestro país, ya que en Europa, no obstante que existe la Asociación Europea de Medicina de las Artes, que mantiene varios departamentos de la especialidad en distintas ciudades de Francia y en otros países, cumple solamente funciones informativas. En cuanto a atención médica, en Barcelona se ubica el Instituto de Fisiología y Medicina del Arte que atiende no sólo a músicos, sino en general a practicantes de las artes escénicas. El doctor Jaime Roseti Llobet informa que el equipo del instituto empezó a atender artistas desde hace 10 años, pero que fue hasta hace dos, que abrió sus puertas de manera oficial, con especialistas en medicina del deporte, traumatología, cirugía de la mano, fisioterapeutas, neurólogo, psicóloga, psiquiatra, foniatra (trastornos de la voz), logopeda (deficiencias de la formación de la voz y el lenguaje), dietista, dermatólogo y cirujano maxilofacial. En Estados Unidos se encuentra la Asociación Internacional de Medicina del Arte, una organización no lucrativa, fundada en Filadelfia, Pennsylvania, en 1985, por el médico Richard A. Lippin, que entre sus miembros se cuentan con profesores, investigadores, artistas y hasta clínicas interesados en uno o varios aspectos de la relación entre arte y salud.



La tensión del concierto

Quienes escuchan plácidamente en la sala de conciertos el sonido que produce una orquesta en actitud casi hipnótica, no adivinan que la tensión a la que están sometidos los músicos, origina que uno de cada 10 padezca dolores de cabeza. Tampoco saben que tres de cada 10 tienen problemas de la vista y que la mayor parte presentan afecciones en la columna vertebral, según explica el doctor Rico.

El flautista Raúl Falcó afirma que los padecimientos de quienes hacen música se dividen en dos: las enfermedades que padecen cantantes y ejecutantes, sin importar la especialidad y las que están ligadas directamente al ejercicio de su instrumento particular.

Falcó llamó la atención sobre el componente mental que provoca que a algunos músicos se les empiece a trabar un dedo o a tener fallas en pasajes musicales que no son tan difíciles.

Sobre "los que soplan"(flautistas, trompetistas, oboístas, cornitas, trombonistas...), el músico dijo que "están sujetos a mucho menos problemas, salvo los oboístas, porque ellos comprimen el aire, es decir, que ejercen mucha presión sobre un gran volumen de aire, lo que les puede provocar enfisema pulmonar".

Quien trajo a colación a los cantantes fue el propio Falcó, quien comentó que esta parte del gremio musical "es quizá la gente que tiene la peor angustia porque la laringe mide dos centímetros y medio y con esa "cosa" tan chiquita pueden romper los vidrios de Bellas Artes. Los cantantes, detalló, tienen afecciones como cualquier persona, se pueden acatarrar o resfriar, pero tienden a ser bastante hipocondriacos, lo cual también es una enfermedad".



Una posición antinatural

Sergio Rico da la clave de los padecimientos de los músicos en general: sus problemas de salud son de tipo ergonómico, es decir, tienen que ver con la posición de su cuerpo al momento de desarrollar su actividad.

"Todos los instrumentos exigen una postura antinatural. De entrada, resulta lógico que presenten problemas musculares y de columna", asegura el médico de la OFCM y de la Orquesta Sinfónica de Minería. Un guitarrista puede permanecer hasta seis horas de ensayo continuo, casi doblado, con un pie levantado unos 20 centímetros del suelo, con un brazo estirado y ejerciendo con sus dedos una enorme presión sobre las cuerdas.

A los músicos, dice Rico, es posible aplicar la máxima "dime qué instrumento tocas y te diré de qué padeces". Enseguida hace referencia a otra parte del listado de padecimientos que en ocasiones obliga a muchos de los ejecutantes a abandonar la profesión antes de tiempo: dolencias de oído, lesiones musculares y de columna, migrañas, eccemas o enfermedades de la piel, tendinitis o inflamación de tendones y problemas en el aparato locomotor.

En torno a algunos de los padecimientos, el decano de los médicos que atienden a los músicos en México señaló que "sería redundante decir quiénes padecen del "Síndrome de la guitarra", que es una lesión de los músculos de la muñeca. También sufren los arpistas porque con sus dedos, al rasgar las cuerdas, ejercen mucha fuerza. Los violoncellistas tampoco se escapan, pues sus pulgares padecen por la acción de pisar las cuerdas".

El también subdirector de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, Raúl Falcó, habla además, entre risas, de la megalomanía de los directores que, enfatizó, también es tipificada como una enfermedad.



Pasión por la música

Muchos de estos padecimientos tiene que ver con la pasión que los músicos tienen por su arte, lo que propicia los "excesos" que lamentan los médicos. En el caso del ya mencionado Abel Benítez, quien lleva más de dos décadas tocando distintos instrumentos de percusión, cuenta que "desde las primeras veces que tuve frente a mí uno de los instrumentos que toco, me di cuenta de que mis oídos se afectaban por el sonido, pero como uno está con el entusiasmo de hacer música, no le da mayor importancia al hecho".

Entre la literatura especializada que circula en Estados Unidos, Benítez menciona una revista en la que le llamó la atención la pregunta que un articulista se hacía: "¿Es que los percusionistas nos estamos quedando sordos?". La respuesta en su caso es positiva por lo que el artista añade otra pregunta: "¿el seguro me va compensar si quedó totalmente sordo y ya no puedo trabajar?"

Durante un tiempo, recuerda Abel, optó por taparse los oídos con algodones, pero la medida -explica- atenta contra la música pues no percibe los sonidos en toda su magnitud, por lo que hace un trabajo deficiente.

"La única opción que tengo es taparme los oídos con las manos. No creo que la medicina encuentre un remedio para este padecimiento", asegura el músico, quien ya no escucha cuando las personas le hablan en bajo volumen.

Sin embargo, en la materia no hay nada escrito. Alejandro Toledano, clavecinista y fagotista en receso por su actividad actual como gerente de la Orquesta Sinfónica Nacional, refiere que las dolencias de los músicos tienen que ver con su condición física y con su alimentación, pues personas como Carlos Luyando, uno de los percusionistas de la Sinfónica Nacional que durante 25 años tocó los timbales, no tuvo problemas graves de salud producidos por su actividad.

Hasta el momento la única orquesta que, se sabe, ha tomado medidas de prevención por el exceso de volumen, es la Filarmónica de la Ciudad de México que dispuso hace dos meses una serie de acrílicos transparentes, para atenuar, sin afectar el resultado musical, el efecto de los sonidos de los instrumentos de percusión en los oídos de la sección de cornos.



Mucho ensayo, poco descanso

El cirujano Carlos Gargollo, quien opera sobre todo a pianistas y violinistas, habla de la inconsciencia de muchos músicos. Argumenta que a ningún atleta se le ocurriría correr o estarse en el gimnasio durante ocho horas seguidas sin descansar.

"A un caballo lo corren 500 metros y luego le dan un paseíto, un atleta corre y da una vuelta lenta al campo. Un músico toca horas y horas a grandes velocidades, en condiciones musculares muy difíciles y al día siguiente quiere repetir la rutina. Es como traer un coche a 120 kilómetros por hora, seis días seguidos", ejemplifica el especialista.

Rodeado de esculturas y dibujos de manos de autores como Auguste Rodin, Gargollo comenta que no se explica cómo muchos pianistas, violinistas y otros instrumentistas, descuidan sus manos. "A mí me encantaría hacer trabajos de carpintería, pero como cirujano me abstengo porque requiero de las manos para hacer mi trabajo, que debo decir, me apasiona".

De su experiencia, el cirujano recuerda: "Tengo un violinista que arreglando una moto -yo no sé qué hacía un violinista arreglando una moto- se llevó una machacada del pulgar y éste le quedó tan deforme que ya no ha vuelto a tocar. Una niña se rompió los músculos de la mano por practicar 12 horas seguidas. A ella le aconsejé que se dedicara a percusiones, pero no sé si lo hizo".

Entre las recomendaciones que el médico da a sus pacientes músicos, se encuentran las de tocar 50 minutos seguidos y descansar 10 y que cuando finalicen su ensayo, metan las manos en un recipiente con agua tibia y las dejen ahí hasta que el líquido se enfríe.

El compositor Juan Trigos habla de otra faceta del problema: "Entre el gremio se da con frecuencia la fuga del alcohol, más que de las drogas. Aunque no creo que exista una estadística de que los músicos son más borrachos que los que no lo son".

El actual director de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes añade que el alcoholismo causa mediocridad y ésta a su vez provoca insatisfacción. Habla de los sueldos bajos, que dice, no permiten el crecimiento del músico, lo cual conduce a padecimientos como la depresión, que hasta ahora ha sido tan ignorada y desatendida.



Analgésicos afectan percepción

Otra de las diferencias entre los músicos y los simples mortales se manifiesta a la hora de los dolores de cabeza y los resfriados, debido a que no pueden ingerir medicamentos como analgésicos, ya que les hacen perder la sensibilidad fina y provoca que no puedan calcular bien la presión a la que pulsan una cuerda, entre otros efectos secundarios.

El experto añade que a lo anterior hay que sumar que los músicos tienen una sensibilidad a flor de piel y que el trato con ellos debe ser muy especial. Habla de sus pacientes con un gran respeto y admiración.

Luego comparte: "entre los músicos se escucha con frecuencia la frase `El instrumento es muy celoso`, que no significa otra cosa que deben trabajar con frecuencia porque los reflejos adquiridos con las horas de estudio se pierden con facilidad".

En esas condiciones -explica el doctor Rico tocan lo que llaman "mentiras" (notas falsas) y si se toma en cuenta el nivel de autocrítica que este gremio tiene, nos enteraremos de que pasan por verdaderos sufrimientos cuando se les va una sola nota.

El decano de los galenos de la música en México asegura que mientras no haya médicos de su especialidad --de preferencia que hayan estudiado música-, los ejecutantes seguirán padeciendo sin encontrar alivio.



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