| No es nada nuevo el hecho de que el narcotráfico corrompa a autoridades civiles y militares dentro de Estados Unidos. Esto ha sucedido todo el tiempo desde hace varias décadas. Los diversos gobiernos estadounidenses siempre ha tratado de difundir una imagen de pureza en relación con los miembros de las diversas agencias de seguridad, de sus militares y de las fuerzas del orden que no corresponden a la realidad imperante dentro de sus fronteras. Siempre se les ha hecho más fácil cargar todas las culpas por los males que causa el tráfico de enervantes a sus vecinos del sur, latinoamericanos, que aceptar que siendo el mercado consumidor de drogas más grande del planeta, un mercado que representa miles de millones de dólares anuales, son el pivote que general una mayor producción de todo tipo de drogas adictivas en países como México, Colombia, Venezuela, Perú, Bolivia y otros. Es una simple operación mercantil: a mayor demanda mayor oferta, y por lo tanto, mayor producción, y como ésta tiene que llegar al territorio estadounidense, es necesario corromper a medio mundo para que cierren los ojos y las mercancías puedan atravesar las fronteras y llegar a los consumidores, que es Estados Unidos suman millones de personas de todas las clases sociales. Y el dinero de los narcos corrompe a agentes aduanales, agentes de la patrulla fronteriza, agentes de policía en muchas ciudades grandes y chicas, a militares de todas las categorías, a políticos y gentes que tienen algún tipo de influencia en la sociedad estadounidense. La imagen de que estas altas autoridades son incorruptibles es una imagen ideal que nada tiene que ver con la realidad que vive la sociedad estadounidense. Cuando vemos esas películas que tratan el tema y los cientos de novelas que surgen todos los años donde se nos presentan todo tipo de autoridades corruptas, no nada más corrompidas por el narcotráfico, sino por grandes empresas que así pretenden proteger sus intereses, vemos que esta imagen está mucho más cerca de la realidad que lo que piensan los gobiernos de ese país. Hace muchos años, cuando yo era representante consular de México en alguna ciudad texana, nos dieron un periodicazo acusando a nuestro país de ser el principal productor de marihuana para el consumo en Estados Unidos. No me quedé callado y en una larga misiva al periódico les sugerí que en vez acusar a nuestro país de los males del suyo, se preocuparan por investigar las causas de que la sociedad estadounidense conformase el mercado consumidor de drogas más grande del mundo, y que yo pensaba que el “american way of life” es una de ellas, ya que la célula familiar se ha visto muy afectada por el afán de los padres por estar al día en cuanto a los artículos de consumo (cambiar el auto cada año, la casa cada cierto tiempo, etc.) y ello genera que ambos tengan que trabajar y los hijos prácticamente se crían sólo. En fin, mi carta provocó que el director y dueño del periódico me presentara una excusa y me prometió que la misiva sería colocada en un lugar privilegiado, ya que por su extensión no podía entrar en la sección de cartas al director. Y así fue, mi carta pue publicada en la misma sección donde aparecían artículos de Kissinger y otros personajes por el estilo. Desde luego, es bueno que las autoridades estadounideses por fin comiencen a aceptar que la corrupción del los narcos también los alcanza a ellos. Pero preocuparse no es suficiente, tiene que tomar más medidas para evitar que el mercado consumidor de drogas siga creciendo y provocando la mayor producción y oferta. Combatir a todas las redes de distribución existentes al interior de ese país que no están directamente controladas por los narcos mexicanos, sino por sus asociados estadounidenses infiltrados en muchas partes. Ojalá que así lo hagan a la brevedad. | |