La vida en el interior del Reclusorio Norte se retrata mísera, en medio
de la suciedad que acompaña las carencias de los presos que, por no
tener dinero para pagar celdas individuales, deben compartir en
condiciones de hacinamiento las crujías con otros internos.
En un video obtenido por EL UNIVERSAL del interior de ese penal, se
revelan las condiciones en que vive la mayoría de los 12 mil internos,
muchos de los cuales aún esperan ser sentenciado. Esa situación, según
la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), no
permite un verdadero proceso de readaptación social de los infractores.
El Reclusorio Norte tiene capacidad para 5 mil 631 internos, pero
alberga a 12 mil. No es el único centro penitenciario con
sobresaturación, pues las mismas cifras oficiales aceptan que hay un
sobrecupo de casi 110%.
El crecimiento desmedido de la población penitenciaria se refleja en
las atestadas celdas que en el año 2001 mantenían a 16 mil 500
internos. Ayer sumaban más de 40 mil en las 10 instalaciones
penitenciarias capitalinas.
Mugre por todas partes
Las imágenes obtenidas muestran la falta de higiene, con paredes
manchadas de mugre y cochambre, instalaciones sanitarias en pésimo
estado y paredes pintadas sólo en zonas en donde los privilegios se
pagan.
Destaca que reos consultados indicaron que, a pesar de que no se
permitió la entrada de la visita durante la contingencia sanitaria por
el brote de influenza, no se les otorgaron cubrebocas ni se les dieron
los instrumentos para hacer una mejor limpieza.
El video no deja lugar a dudas de ello, pues en algunas paredes se
observan los carteles que el gobierno del Distrito Federal distribuyó
durante esos días con las recomendaciones a los habitantes sobre cómo
protegerse e identificar los síntomas.
Las imágenes confirman los testimonios recabados por el ombudsman
capitalino: las instalaciones, en general, muestran un descuido físico,
sobre todo en higiene y funcionalidad.
Por ejemplo, se observa agua sucia y encharcada por doquier; los
internos permanecen recostados durante el día, sentados sin hacer nada,
como signo de la falta de oportunidades para el trabajo, el estudio y
el tratamiento en prisión. Colchonetas de hule espuma son tendidas en
el piso y sobre camastros de cemento, a manera de colchón. Por el día,
ese material es enrollado y colocado en los pasillos, para dar un uso
distinto a los camarotes, generalmente como mesas.
Mugre por doquier se ve en celdas hacinadas, en donde hombres sin
poder económico buscan un lugar en el piso, pues cada espacio es
utilizado sobre todo para colgar ropa.
Existen áreas “VIP”
No obstante, en otras tomas se ve una estancia donde hay una
cocineta, piso láminado de madera y una cama con colchón y cobertores;
es el dormitorio de un preso adinerado.
Las imágenes muestran una descarada corrupción que permite que un
espacio sea usado como un gimnasio de uso exclusivo. Caros aparatos, de
más de 10 mil pesos, están en esa celda, mientras otras se desbordan de
presos que no tienen siquiera en dónde dormir.
Ropa en ganchos o doblada, trastos, así como cobijas y cubetas,
terminan por abarrotar los dormitorios tanto en el interior de las
celdas como en los pasillos que, en cambio, lucen limpios en una zona,
de las llamadas “VIP”.
En los espacios destinados para el resto, por doquier hay agua
sucia, encharcada, proveniente de lavar la ropa en el piso o incluso
sobre alguna pared. En los dormitorios con privilegios hay micas
transparentes, a manera de ventanas, con las que se contienen el polvo,
el frío y el aire en las crujías. En algunas otras celdas los baños
están en pésimo estado, mientras que en otras hasta hay cortinas de
plástico, con instalaciones hidraúlicas en perfecto estado y todo lo
usa sólo una persona.