ROMA (Agencias).— Justo cuando legisladores debatían un proyecto de ley para mantenerla con vida, la italiana Eluana Englaro, en estado vegetal desde hace 17 años, perdió la vida, sin que su deceso haya puesto fin al encendido debate que su caso generó en el país.
“Sí, nos ha dejado”, dijo el padre de Eluana, Beppino Englaro, citado por la agencia ANSA. “Pero no quiero decir nada. Sólo quiero estar solo”. La noticia de su muerte cayó como balde de agua fría para el primer ministro Silvio Berlusconi, quien la semana pasada no dudó en enfrentarse con el presidente Giorgio Napolitano, con tal de impedir que los médicos dejaran de alimentarla, como efectivamente sucedió, desde el viernes.
Sin embargo, los doctores habían señalado que, una vez sin alimentación y controlada sólo con sedantes y antiepilépticos, la muerte tardaría en llegar a Eluana unos 15 días. Ayer mismo, el neurólogo Carlo Alberto Defanti había dicho por la mañana que el estado de salud de Eluana era “óptimo” y que “durante la primera semana sin alimentación ni hidratación no debería correr grandes riesgos”.
Los pronósticos fallaron. A las 20:10 de anoche, Eluana expiró. Defanti aseguró que Eluana tuvo “una crisis respiratoria imprevista cuya naturaleza será desvelada por la autopsia que ya ha sido programada”.
En una declaración, Berlusconi expresó su “profundo dolor” por la noticia de la muerte de Englaro y aseveró que estaba “muy triste porque los intentos por salvarle la vida resultaron imposibles”. En el Senado, se guardó un minuto de silencio, que después se transformó en gritos y acusaciones entre legisladores de centroderecha y centroizquierda, que se increpaban unos a otros por intentar obtener ventajas políticas, en un caso que dividió a Italia y desató el enojo del Vaticano.
“Ella no murió. Fue asesinada”, gritó Gaetano Quagliarello, un senador de centroderecha del partido de Berlusconi, al tiempo que otros legisladores vociferaban “¡asesinos, asesinos!” en dirección a los escaños ocupados por la centroizquierda, a la que acusaron de solapar un caso de eutanasia, que en Italia está prohibida.
Hubo quienes exigieron una investigación por la “extraña rapidez” con que se produjo el deceso, cuando se había dicho que tardaría más de una semana en ocurrir. El neurólogo de la Universidad de Udine, Gianluigi Gigli, pidió que se efectúen “inmediatamente análisis toxicológicos y la autopsia judicial para conocer la verdadera causa de la muerte repentina de Eluana”. Otros reclamaron el cierre de “la clínica de la muerte”, como llamaron al nosocomio Quiete, donde estaba la paciente.
El cardenal mexicano Javier Lozano Barragán, ministro de Sanidad del Vaticano, pidió que Dios “la acoja en su seno y perdone a quien se le ha llevado de este mundo”.
Pero otros insistieron en que Eluana no estaba en favor de mantener a nadie con vida artificialmente. Fue ese el argumento que empleó su padre ante las cortes 11 años, exigiendo que le permitieran desconectar el tubo que la mantenía con vida desde 1992, cuando la joven sufrió un accidente que la dejó en coma.
Los médicos dijeron que su condición era irreversible, pero cuando finalmente la clínica Quiete, en Udine, aceptó desconectarla, se generó una crisis política. Berlusconi emitió un decreto para prohibir que dejaran de alimentar a Eluana, pero el presidente Giorgio Napolitano se negó a firmarlo por considerar que era “inconstitucional”. El premier, enfurecido, fue más allá y convirtió el decreto en proyecto de ley, el mismo que era debatido cuando el caso dio un giro definitivo con la muerte de la mujer de 38 años.