WASHINGTON.— Durante más de medio siglo, el voto de un estadounidense
de origen mexicano o puertorriqueño ha sido sinónimo de demócrata. Lo
mismo que el voto de un inmigrante cubano ha sido considerado propiedad
exclusiva de los republicanos.
Hoy, las preferencias electorales de los hispanos registrados
—aproximadamente unos 14 millones en todo el país, de los cuales sólo
unos 9.2 millones podrían hacer efectivo su voto— desafían todos los
esquemas y proyecciones, en virtud de un formidable proceso de
recomposición demográfica.
Pero, además, en función de nuevas realidades políticas y
económicas, donde el reclamo en favor de una reforma migratoria, la
guerra en Irak y la crisis que golpea a la comunidad latina jugarán un
papel decisivo en circunscripciones en las que se espera que el voto
latino debute como fuerza electoral, principalmente en los estados de
lealtades cambiantes como Nevada, Colorado, Nuevo México y Florida.
Cuando el demócrata Bill Clinton conquistó en 1992 la Presidencia,
lo hizo con 65% del voto latino, mientras que el entonces presidente,
George H. W. Bush, sólo consiguió 23% y perdió la Presidencia. En su
reelección, Clinton rompió el techo histórico del apoyo latino con 70%
de sus votos bajo el brazo, mientras que el candidato republicano,
Robert Dole, era abandonado por los hispanos que le ofrecieron un
respaldo de apenas 22%, el más bajo en toda la historia.
En 2000, a pesar de que el demócrata Al Gore ganó 62% del voto
hispano, el republicano George W. Bush obtuvo 35% del mismo y la
Presidencia, en medio un maratónico escrutinio en Florida y un polémico
dictamen del Tribunal Supremo que frustraría las aspiraciones
presidenciales de Gore entre acusaciones de fraude.
En las siguientes elecciones, John Kerry obtuvo el peor resultado en
la historia del apoyo latino a los demócratas, con tan sólo 56% de sus
votos, mientras que George W. Bush obtuvo el récord de apoyo hispano a
un candidato republicano, con 44% de sus sufragios.
Según las más recientes encuestas del Pew Hispanic Center, las
tendencias indican que los latinos de Nueva York, California e Illinois
votarán por candidatos demócratas. Los de Florida y Texas dividirán sus
lealtades entre demócratas y republicanos. Y un importante porcentaje
de hispanos indecisos en Illinois, Nuevo México, Nevada, Colorado y
Arizona podrían marcar este martes la diferencia en favor de Obama.
“Desde mayo pasado, la comunidad latina venía sufriendo la crisis. Y
tras la caída de las bolsas en Wall Street y el aumento de los
desahucios de quienes no pueden pagar sus hipotecas, una inmensa
mayoría decidió que su voto iría en favor de Barack Obama”, aseguró
William Ramos director del Fondo Educativo de la Asociación Nacional de
Funcionarios Latinos Electos y Nombrados (NALEO, por sus siglas en
inglés).
“En estas elecciones, la crisis económica ha conseguido imponerse a
la vieja división entre demócratas y republicanos en el ánimo de muchos
latinos”, sentenció.