Los derivados son instrumentos financieros que se construyen sobre algún activo ya existente. Por ejemplo, sobre el precio del petróleo, del trigo o del dólar; sobre las tasas de interés de los Cetes o de los bonos del Tesoro.
Todos estos instrumentos lo que hacen es distribuir el riesgo financiero entre varias personas.
Por ejemplo, si necesito comprar dólares dentro de tres meses y no quiero arriesgarme a que estén a 15 o 20 pesos, los puedo comprar desde hoy, pero asumo el costo del mercado cambiario. Pero si compro un derivado que fije el precio del dólar a tres meses, una parte del riesgo de las tasas variables me toca a mí y otra a quien me vende el instrumento.
Sin embargo, hay un tipo de derivado que puede incrementar el riesgo: el credit default swap (CDS), y este intrumento es el origen del problema que hoy vivimos.