WASHINGTON.— En un duelo convertido en referéndum sobre su estatura
política, Sarah Palin, la candidata republicana a la vicepresidencia,
consiguió ayer salvar con una nota mediocre su primer debate y fue
incapaz de mostrarse a sí misma como material “presidenciable” o de
cambiar la dinámica de apoyos y expectativas que hoy operan contra su
compañero de fórmula, John McCain.
El debate, convertido en un vivo intercambio de alusiones y puyas
encubiertas, permitió a su adversario demócrata, Joe Biden, dejar al
descubierto la inexperiencia de la gobernadora de Alaska, que se aferró
a las esencias de un populismo ramplón y a un largo rosario de frases
precocinadas para presentarse a ella y a John McCain como los
auténticos agentes del cambio que se convertirán en azote de la codicia
de Wall Street y la corrupción de los intereses creados en Washington.
“Con John McCain pelearemos por ustedes para no permitir que la
codicia de Wall Street y la corrupción de Washington vuelvan a hacer de
las suyas”, repitió Palin en varias ocasiones como aquel que confía en
la eficacia repetitiva de un anuncio publicitario, con la esperanza de
fijar en el ánimo del electorado la imagen de McCain y Palin como
agentes del cambio.
Una imagen que Biden, con más aplomo y agudeza, no tuvo demasiadas
dificultades en desbaratar, al contrastar la leyenda de “político
rebelde” de McCain, con su trayectoria contumaz al lado de la
administración de George W. Bush: “John McCain ha apoyado al presidente
George W. Bush en la defensa de una economía que hoy nos tiene en medio
de una crisis sin precedentes, mientras seguimos gastando 10 mil
millones de dólares al mes en Irak y millones de familias están a punto
de perder sus hogares o sus empleos”, soltó el senador demócrata al
desplegar una panoplia de temas sociales en los que la administración
Bush ha dejado un legado calamitoso.
Precisamente, el terreno de la economía ofreció a ambos candidatos
la oportunidad de contrastar dos visiones de gobierno que, en el caso
de Palin, pasó por la defensa de impuestos a la baja como fórmula de
reactivación económica. Una receta que Biden presentó como la mejor
fórmula para seguir beneficiando a las grandes corporaciones con
exenciones que podrían alcanzar los 300 mil millones de dólares:
“Mientras McCain y Palin ofrecen más exenciones fiscales a las
petroleras como Exxon Mobil, Barack Obama y yo ofrecemos una reducción
de impuestos para todos aquellos que ganen menos de 250 mil dólares al
año. Es decir, más de 90% de los contribuyentes”, aseguró Biden al
presentar a la fórmula demócrata como los aliados de la clase media,
frente a quienes han permitido la orgía de codicia en Wall Street.
Durante el debate, moderado por la periodista Gwen Ifill, Sarah
Palin se mostró nerviosa y dubitativa, lo mismo que aferrada a un
discurso simple y repetitivo, para escabullirse del debate directo con
su adversario demócrata. Un recurso que dejó en evidencia su escasa
experiencia en materia de política exterior, cambio climático y
seguridad nacional, terrenos en los que Joe Biden demostró mayor
habilidad para presentar a John McCain como el candidato que representa
“un tercer mandato de George W. Bush” y para alzarse como el ganador en
la mayoría de las primeras encuestas.
Al igual que en el debate presidencial entre Obama y McCain de la
semana pasada, en esta ocasión el tema de América Latina brilló por su
ausencia. La única alusión a la región la hizo Palin cuando, al hablar
de líderes “peligrosos” como el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad,
citó a los “hermanos Castro” lo mismo que al norcoreano Kim Jong Il.