XALAPA, Ver.— “Si quieren que dé mi vida para que nos hagan caso se
las doy”, sentenció el dirigente campesino Ramiro Guillén Tapia, y
enseguida se roció gasolina y se prendió fuego en el cuerpo, frente al
palacio de gobierno.
Ya convertido en tea humana, mientras socorristas trataban de
sofocarle las llamas, declaraba a los medios que el gobierno no había
atendido las demandas agrarias de sus representados.
Ramiro Guillén, de 42 años, fue trasladado al Hospital Civil
Rafael F. Nachón de esta capital, donde se le reporta muy grave porque
presenta quemaduras de segundo y tercer grado casi en 90% del cuerpo.
El gobierno estatal aseguró por la tarde que aquél iba a ser
recibido, y no se explican por qué se inmoló si en junio pasado el
gobierno estatal y representantes de la Secretaría de la Reforma
Agraria (SRA) suscribieron con Guillén un convenio, donde las
autoridades se comprometían a pagar a los campesinos las tierras que
disputaban a otra organización.
Presidente de la Comisión Pro Derechos Humanos, AC, de la Sierra de
Soteapan, cuya vocación es campesina, Guillén Tapia, originario del
municipio de San Pedro Soteapan, había asegurado por la mañana que
estaba dispuesto a dar la vida por sus hermanos indígenas.
Cerca del mediodía, el hombre se manifestaba por enésima ocasión
frente al palacio de gobierno, junto con unos 15 campesinos para exigir
dotación de tierras y solución a un añejo conflicto agrario en la
comunidad de Ocozotepec, en Soteapan. Una vez que advirtió que estaba
dispuesto a morir, se prendió fuego y se convirtió en una antorcha
humana.