df@eluniversal.com.mxAlzan los brazos, vuelan sus crinolinas de alambre y tela en pleno Zócalo y cuando el maestro de vals les dice por el micrófono “recuerden que ustedes son princesas”, ellas, darketas, banda, nerds, emo, fresas, gruperas, madres o simplemente chicas de 15 años, lanzan un grito: “Siiiii”.
La Plaza de la Constitución es suya. Aunque en la plancha no deje de flotar un humo opaco de propaganda política, aunque los detractores tengan en la boca los gritos fáciles del “populistas”, en los rostros de Dafne, Genny, Betty y Nadia aparece la emoción genuina que vale todo esto, no importan si usan tacones titubeantes o si llevan piercings en la lengua.
“Una siempre espera sus 15 años. A mí no me los festejaron, porque no había dinero, y aunque ya tengo casi 18 me siento bien emocionada de mi vestido”, dice Tania. Poco le importa tener un hijo entre los brazos. Poco sabe, incluso, de un tal Marcelo, de algo denominado “GDF”: “sólo una vez en la vida tienes esta ilusión; sólo una vez en la vida miras hacia atrás para convertirte en otra”.
Por eso cuenta, como todas, los pasos de la música de Verdi, aunque sus tenis se muevan como si aún escuchara algún pasito duranguense o reggaetón. Por eso habla emocionada de su peinado, del maquillaje, del “va a estar bien chido”.
Tejen complicidades a sus modos, muchachas que se viborean, se “sabrosean”, como dicen ellas mismas, habitantes de otra época que en medio de su alboroto se esfuerzan por hacer realidad un deseo tan añejo como la emoción que lo forjó, y que sólo ellas comprenden.
“No importa cómo seas, cómo te guste la música o qué ropa vistas, porque a todas nos emocionan los 15 años”, dice Dana, quien toma de la mano a su chambelán gótico de rostro blanquecino, de pechera abultada, de saco aterciopelado, y sonríe ella misma con sus labios pintados de negro, su cruz y sus lágrimas de tinta.
Chicas de una ciudad que no es un cuento de hadas, hablan de la vida como les toca vivirla, como les toca bailarla:
“El vals lo bailas una vez en la vida, y después quién sabe cómo te vaya, una nunca sabe cómo le va a ir después de los 15 años; si te vas a embarazar pronto, si la vas a regar”, agrega Alejandra, quien está convencida, como casi todas, de que su príncipe azul no es del todo azul como contaban, y que el camino a su castillo, si acaso hay un castillo, está repleto de dragones y brujas.
Están ahí, 284, para celebrar su fiesta de 15 años. Muchachas sin recursos económicos que por primera vez serán el centro de atención de mucha gente. Niñas-mujer que alzan los brazos y se emocionan al recordar que son princesas.