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Las bandas dedicadas al secuestro en el Distrito Federal utilizan como casas de seguridad inmuebles localizados en zonas apartadas de la capital, populares, de escasos recursos, que se concentran principalmente en las delegaciones Iztapalapa, Xochimilco y Tlalpan.
Según un informe de la Fiscalía para la Seguridad de las Personas y las Instituciones, los secuestradores dejan a dos “cuidadores” de sus víctimas para que les den de comer, llevarlos al baño y mantenerlos con los ojos vendados y atados de manos y en algunos casos de pies.
Según ese diagnóstico del secuestro en el DF, las siete organizaciones más peligrosas a lo largo de 2007, que se caracterizaron por su violencia e improvisación y utilizar inmuebles en esas tres demarcaciones fueron la de El Isra, El Gato, El Spinky, El Érick, El Huesos, El Gumi y El Bombón.
La Procuraduría General de Justicia del DF tiene ubicadas diez casas que sirvieron de refugios para mantener a víctimas de secuestro en forma degradante.
Son construcciones semiacabadas que son habilitadas con colchonetas, cobijas y cartones para mantener a los secuestrados en el piso.
Según esa relación, los inmuebles utilizados por las bandas de secuestradores como casas de seguridad en Iztapalapa eran cuatro, en las colonias Unidad Habitacional Cuchilla del Moral; Progresista, El Vergel y Ampliación Santiago Acahualtepec.
En el sur de la ciudad, en la delegación Tlalpan, en la colonia Jardines del Ajusco se encontró una casa que sirvió como refugio para la banda de secuestradores de El Huesos.
La ubicación de dichas construcciones se localizó sobre todo en zonas limítrofes con municipios del estado de México; por ello, algunos grupos dedicados al plagio también utilizan inmuebles en esa entidad.
En esta lista de la Fiscalía se encontraron casas de seguridad en los municipios de Metepec, Chalco y Tecámac.
De acuerdo con el perfil elaborado por los expertos en secuestro, los plagiarios son agrupaciones de entre tres y seis personas, en su mayoría hombres de entre 25 y 35 años, que creen que el secuestro es un negocio redituable.
De ahí que como parte de la estrategia para cobrar los rescates, los secuestradores golpean y humillan a sus víctimas manteniéndolas en condiciones deplorables, sin acceso a alimentos o incluso al baño diario.
En torno a este delito, la Fiscalía de Procesos de la PGJDF consignó a 252 personas por secuestro en 2007, de las cuales 136 recibieron el auto de formal prisión.
De 75 sentenciados, en su mayoría hombres, recibieron penas por más de 20 años de prisión.
Tal es el caso de Raúl Osiel Marroquín, quien fue sentenciado a 147 años por secuestro, y otros 70 años por homicidio calificado.
El caso de este hombre, conocido como El Sádico, se conoció por el grado de violencia con el que cometió secuestros y asesinatos de miembros de la comunidad gay que iban a la Zona Rosa.
En bares, antros y restaurantes, Marroquín Reyes entablaba diálogo con jóvenes homosexuales y los invitaba a un hotel, donde les preguntaba sobre sus recursos económicos; si no tenían dinero, los golpeaba y los dejaba ir; pero si tenían, les quitaba las tarjetas de crédito y los privaba de su libertad mientras obtenía dinero.
De acuerdo con este caso documentado, Marroquín negociaba con los familiares de la víctima por una semana y una vez entregado el dinero del rescate, los ahorcaba con una soga.
Posteriormente, destazaba el cuerpo y lo introducía en una maleta negra que abandonaba en la calle.