WASHINGTON.— Lo llaman Favs y cuando era un muchacho universitario solía ocupar su tiempo ayudando a las familias pobres en un pueblo de Massachusetts. Después consiguió un empleo y luego otro en oficinas partidistas, aunque lo suyo no era la política.En estos días pasa la mayor parte del día apuntando ideas y frases que después utiliza para escribir discursos que escuchan audiencias de 20 mil personas. Su nombre es Jon Favreau y es la voz detrás de Barack Obama.
Favreau tiene 26 años, lleva el cabello tan corto como un Marine, es blanco y tiene un aire de Brad Pitt. Hace cuatro años escribió el discurso que pronunció a nombre de la generación 2003 en el Colegio de la Santa Cruz de Worcester, Massachusetts, un pueblo cuyos habitantes podrían caber en la Colonia del Valle en la Ciudad de México.
En 2004, cuando aún estudiaba en el Colegio de la Santa Cruz, recibió una invitación para hacer sus prácticas en el equipo del entonces candidato John Kerry. Permaneció ahí seis meses y un día antes de graduarse obtuvo un puesto como asistente en la oficina de medios. Poco después, Favreu fue invitado a trabajar con Obama.
Un día invernal de 2005 se sentó con el senador por Illinois. “Me preguntó qué pensaba acerca de escribir discursos”, narró Favreau al periódico del Colegio de la Santa Cruz. “Le recordé que en el discurso que pronunció en la Convención Demócrata de 2004 narró una historia que me atrapó. Pensé que por una vez un demócrata había contado una historia americana y eso era importante para mí”.
Aquel discurso de la Convención de 2004 catapultó a Obama como una figura política nacional. La historia envolvía a su abuelo, un cocinero al servicio de una familia británica que años después se uniría al Ejército de Patton; a su padre, que nació en una pequeña comunidad de Kenia y creció pastoreando ovejas, y a su madre, nacida en Kansas. En ese discurso aparecieron por primera vez algunas frases poéticas de Obama: “La esperanza ante el rostro de la adversidad” y “La fe de los sueños simples”.
Eso fue hace cuatro años. Hoy, Obama encabeza una campaña que por momentos parece un movimiento de fe, y Favreau lleva a todas partes un teléfono celular y una libreta. Habla la mayor parte del día con Obama y apunta frases e ideas que después utiliza para escribir los discursos que han llegado de manera tan profunda a los jóvenes, a los profesionistas, a los negros, a las mujeres y a otros grupos que asisten a las reuniones masivas.
Los discursos de Obama, repletos de frases poderosas, metáforas y una prosa rítmica, provocan entusiastas pláticas en las universidades, los parques y los cafés. Y también han provocado reacciones en la campaña de enfrente.
Hace un mes, Hillary Clinton empleó tal vez una rudeza innecesaria cuando se refirió a los discursos de Obama: “Se hace campaña con poesía, pero se gobierna en prosa”, dijo.
Eso parece tener sin cuidado a Favreau, que continúa escribiendo textos en los que resulta evidente la influencia del poder discursivo de los asesinados hermanos John Fitzgerald y Robert Kennedy, así como también de Martin Luther King: “Nuestra fe nos hará capaces de tallar en la montaña de desesperación una piedra de esperanza. Algún día seremos libres y ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a ti te canto”, dijo King en su legendario discurso “Tengo un sueño”.
“En sus manos, queridos ciudadanos, más que en las mías, descansará el éxito final o el fracaso de nuestro destino”, dijo John F. Kennedy en su discurso inaugural de presidente.
La noche del supermartes, Obama pronunció un discurso que ahora es replicado en la radio: “Porque nosotros sabemos que lo que hemos visto y en lo que hemos creído, eso que comenzó como un murmullo, se ha transformado en un coro que no puede ser ignorado, que no será detenido, que repicará por toda esta tierra como un himno que sanará a este país y hará estos tiempos diferentes a todos. Sí, nosotros podemos”.