Buscar en:
 
La Disneylandia de Ebrard

En la Disneylandia de Marcelo Ebrard, 2007 fue el año en que los capitalinos se fueron a nadar a ese Oaxtepec virtual que fueron las playas del DF. Meses después se lanzaron a practicar, sobre las pistas de hielo, novedosos deportes de invierno
La Disneylandia de Ebrard
Fue el año en que los capitalinos se fueron a nadar... después se lanzaron a practicar sobre las pistas de hielo (Foto: Archivo / EL UNIVERSAL)
La Disneylandia de EbrardLa Disneylandia de Ebrard
- A   A   A +

Héctor de Mauleón
El Universal
Lunes 31 de diciembre de 2007

Fernández Noroña había anunciado la posibilidad de una insurrección, los ocultistas la llegada de un terremoto, y los expertos en drenaje profundo el azote de una inundación semejante a la que en 1629 afrontó el virrey Cerralvo: cinco metros de aguas negras arañando Catedral, mientras la ciudad regresaba de golpe al tiempo de las trajineras, los canales, las chinampas y los versos de Nezahualcóyotl.

Lo cierto es que desde que a principios del siglo pasado la prensa adoptó la costumbre de convocar astrólogos para que predigan los acontecimientos más relevantes del futuro, en la ciudad de México no existe fin de año sin que para el próximo penda sobre los vecinos la sombra ominosa de un desastre sin cuento: o guerra, o temblores, o crisis económica, o epidemia de erisipela, o fraude electoral.

En realidad, en el Zócalo que iba a estar en ruinas —o completamente inundado— 18 mil personas acabaron desnudándose frente a la lente de Spencer Tunick, en un performance sin precedentes en el que la historia del pudor hizo una extraña pausa. Los ciudadanos que iban a chapalear con el agua de la cañería mojándoles las barbas, se fueron a nadar a ese Oaxtepec virtual que fueron las playas de don Marcelo —cuyas fotos demuestran que el flagelo de la obesidad causa horribles estragos entre la población local—. Meses después, cubiertas las redondeces con suéteres y bufandas, esa misma población iba a lanzarse a practicar, sobre las pistas de hielo, novedosos deportes de invierno.

No acabamos, pues, en la edad de las cavernas, sino en una sucursal de París. Con leyes, para colmo de la derecha, que permiten el aborto, “el bien morir”, y las sociedades de convivencia.

La insurrección de Noroña terminó en unos grititos frente a Bellas Artes, como ocurrió durante la inauguración de la muestra dedicada a Frida Kahlo, otro inédito que provocó que444 mil visitantes hicieran colas inmensas en una ciudad donde las exposiciones suelen tener más vigilantes que público.

Novedad de hoy y ruina de pasado mañana, según reza el poema de Octavio Paz, la ciudad, convivida en calles, plazas, autobuses, taxis, cines, teatros, bares, hoteles, palomares, catacumbas (estaciones de Metro, paraderos de micros, distribuidores viales y ampliaciones del Metrobús), comprendió que los desastres se construyen y/o se verifican lentamente.

En julio, Jorge Alejandro Ramírez Arredondo fue tragado por una grieta de 22 metros de profundidad. La tragedia sirvió para comprobar que Iztapalapa y Contreras se hallaban en zonas de alto riesgo, y que existían importantes fracturas en el Peñón Viejo, el basurero de Santa Catarina y el Peñón de los Baños.

En la Disneylandia de Marcelo Ebrard, donde 182 quinceañeras habían hecho del Zócalo un gigantesco salón al aire libre, con valses de Strauss, vestidos de colores, peinados de geometrías complicadas y gallardos chambelanes de esmoquin, no todo era alegría: en abril aparecieron en un auto los cadáveres de tres hombres, acompañados por un mensaje escrito, y con gran perspicacia el secretario de Seguridad Pública consideró que el triple homicidio podía estar relacionado con un ajuste de cuentas del narcotráfico. Ocho meses después, la cifra de ejecutados por el narco pasaba del centenar, con la novedad de que el 23 de diciembre los cadáveres de cuatro agentes aduanales iban a aparecer decapitados: 2007, según la SIEDO, es el año en que el narcomenudeo arreció, y la ciudad se elevó al rango de “plaza en disputa”.

Los funcionarios, mientras tanto, asistían a trabajar el primer lunes de cada mes a bordo de potentes bicicletas; se abrían ciclotones que sirvieron para cerrar, por ejemplo, los carriles centrales de Churubusco, para que por ellos pasara un promedio de tres bicis cada 30 minutos.

Mientras el “gobierno legítimo” rendía, en un Zócalo desangelado, su primer informe de actividades, y doña Rosario Ibarra lanzaba a las huestes de Noroña a averiguar por qué desde el siglo XVI las campanas de Catedral tienen la costumbre de tañer los domingos, los fumadores se quedaron sin oportunidad de ejercer, en lugares públicos, los placeres reseñados en el tango compuesto en 1922 por Félix Garzo: “Fumando espero”.

Con el retiro del ambulantaje, la miseria y las ruinas escondidas durante dos décadas tras los toldos de los vendedores salieron a flote: 2007 fue el año en que se constató que las políticas clientelares nos dejaron por herencia una red de agujeros.

No todo fue felicidad en la Disneylandia de Ebrard: en la oscuridad de las habitaciones las mujeres podían ser destazadas y devoradas, y en el hacinamiento de los reclusorios era posible obtener catálogos extensos de artículos prohibidos, cocaína, alambres, cinturones y un nutrido surtido de agujetas.

2007 fue, también, el año en que el EPR hizo que faltara el gas. Visitar la regadera fue tan complicado como viajar a Tabasco por tierra.

Pronto se anunciará otro temblor, otra inundación. Mientras tanto, como decía Octavio, la luna brilla entre las antenas de televisión y una mariposa vuela sobre un bote de inmundicias. Vendrá el 2008. Entonces, la ciudad nos engendrará y nos devorará. Nos inventará, sólo para otra vez olvidarnos.


Home   >   Primera

 

El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL