Paquistán, la primera línea defensiva ante Al-Qaeda, estalló ayer violentamente tras el asesinato de la ex primera ministra y líder de la oposición, Benazir Bhutto, lanzándolo a la inestabilidad y provocando un sacudimiento en los mercados globales frente a la incertidumbre en la que se sumió esta nación que posee armamento nuclear.Bhutto, de 54 años, que encabezaba las encuestas para las elecciones parlamentarias, dentro de una semana, recibió en el cuello un disparo de un atacante suicida que, de inmediato, hizo estallar una bomba que dejó en llamas el vehículo en el que viajaba, minutos después de terminar un mitin en Rawalpindi, en los suburbios de la capital Islamabad. Murieron también al menos 2o personas y 40 resultaron heridas.
El atacante la convirtió en parte directa del dramático legado familiar. Su padre, un ex primer ministro muy cercano a Occidente, fue ahorcado hace 29 años, paradójicamente en Rawalpindi. Dos de sus hermanos también fueron asesinados.
Bhutto había retornado apenas en octubre de un largo exilio para reanudar su búsqueda por el poder, que parecía predestinado a regresar a ella. Los servicios de inteligencia paquistaníes le habían advertido que entre 10 y 20 atacantes suicidas pensaban atentar contra ella durante la campaña. Uno de ellos ya había fracasado.
Todas las potencias condenaron el asesinato, atribuido a terroristas de filiación no precisada, y el Consejo de Seguridad de la ONU alertó sobre el periodo de inestabilidad en el que se sumía la región, la más violenta del mundo, que tuvo un impacto directo en la economía global.
Nerviosas, las bolsas tuvieron un desplome, mientras los inversionistas volaron a cielos seguros. Los bonos de las naciones industriales tuvieron un repunte, así como el oro, en cuya jornada de ayer se recuperaron las pérdidas tenidas en el mes. El petróleo de referencia, el West Texas Intermediate, se acercó a la barrera sicológica de los 100 dólares el barril.