Los hombres del pacto de la tarde tersa de San Lázaro sellaron su compromiso con un chocar de copas de vino tinto, a la hora de la comida: adiós al ritual del Presidente.
Fue la tarde del adiós al pasado. Revisaron el texto que leyó la perredista Ruth Zavaleta, con el cual pidió que tomara la conducción de la sesión su compañero el panista Cristián Castaño, y en el que incluyó sus motivos: el rechazo político a Felipe Calderón.
Todo perfecto. Los cadetes no entrarían al recinto, convinieron. Ni un paso dentro del vestíbulo. Cero honores al Presidente. Y fue cero oropel. Así que el momento del Himno Nacional quedó en el segmento de la apertura de sesiones.
El panista Héctor Larios y el perredista Javier González Garza se fueron con sus bancadas, a esperar el inicio de la sesión.
Del viejo ritual sólo quedó una escolta de cadetes del Colegio Militar que portó la bandera nacional a la que saludó Calderón en la explanada exterior de San Lázaro, un momento antes de invocar al futuro desde la tribuna, al proponer un diálogo directo con el Poder Legislativo.