aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Día mundial de los pueblos indígenas: Una cruzada por la dignidad

La que tiene 13 años y no tiene hijos no es mujer y el que tiene 13 años y no es borracho no es hombre”, así resume Rosaura, de 14 años, los problemas de salud de Carapan, una comunidad purépecha de Michoacán; ante ello, se dedica a dar orientación sexual a jóvenes tres tardes a la semana
Viernes 10 de agosto de 2007 CINTHYA SÁNCHEZ/ENVIADA | El Universal

CARAPAN, Mich.— Hace dos meses una adolescente purépecha de 14 años, bajita, delgada, de finas facciones, de nombre Rosaura y vestida con traje típico, subió al templete donde había por lo menos 10 funcionarios del sector salud, y les soltó una frase que los dejó helados: “En mi comunidad la que tiene 13 años y no tiene hijos no es mujer, y el que tiene 13 años y no es borracho no es hombre”. Así resumió los problemas de salud que enfrentan en su pueblo.

En Carapan hay niños que tienen niños. A los 10 años caminan en sentido contrario por el quiosco de la plaza. Se miran, se ríen, el cortejo termina en un noviazgo que dura dos semanas y concluye con una noche de rapto después de la cual muchas veces la chica resulta embarazada. A los 15 años son señoras; cambian por tradición su rebozo de colores por uno oscuro o blanco donde cargan a un bebé mientras llevan de la mano a su primogénito. Ellos se convierten en maridos borrachos o en migrantes.

Rosaura, a quien los maestros llaman La Pervertida —calificativo que se ganó luego de reunir bajo un árbol a los adolescentes de San Juan Carapan para enseñarles cómo se usa un condón, explicarles que existen infecciones sexuales y que no es pecado no tener hijos antes de los 15 años—, da pláticas de orientación sexual tres tardes por semana. Vive en Carapan, Michoacán, pueblo de habitantes que pertenecen al 15% de los mexicanos en extrema pobreza. Su comunidad está formada por 5 mil indígenas, donde mil 729 son adolescentes entre 12 y 19 años. La mayoría de ellos, casados desde los 10 ó 13 años; aquel que cambie la tradición con un título universitario habrá cumplido de más las expectativas.

Apenas tres jóvenes de Carapan han terminado la universidad; uno es maestro; otro, médico, y uno más, ingeniero, dice María Elena Sánchez, trabajadora social del Centro de Atención Rural al Adolescente (CARA) del programa IMSS Oportunidades.

A Rosaura sus primos y hermanos le dicen La Vicenta Fox porque es la única de sus nueve hermanos que tiene un proyecto de desarrollo sustentable en la comunidad, da orientación sexual a los adolescentes y quiere ser cardióloga. Nació donde las nubes se miran hacia abajo; la trajo al mundo la única partera de Carapan y desde hace dos meses se siente triste por la pérdida de su hermana de 15 años, que murió por falta de atención médica.

Cursa el segundo año de secundaria a 30 minutos de su casa. Se cortó el pelo ella misma en capas. Así nada más, un día lo echó para adelante y tijereteó en picada. Usa jeans con rebozo y dice que sus rebozos son de colores porque los negros son para las casadas, título que desea tener después de lograr ser cardióloga y poner una clínica en su comunidad.

A Rosaura le tocó nacer en un lugar a donde se llega a través de caminos de terracería, y donde no existe ninguna calle pavimentada. El pueblo más cercano que cuenta con escuelas y hospitales está a una hora de sus casas. Tiene ocho hermanos. Habla tarasco y español.

En su labor la acompañan Ana Rosa, de 17 años, y Jesús, de 18. Los tres tienen sueños distintos que coinciden en algo: salir del pueblo y romper la tradición. Quieren ser profesionistas y casarse “ya grandes, como a los 25”, dicen. Ana Rosa y Jesús dan orientación sexual de manera más formal que Rosaura: tienen las instalaciones del CARA, ubicadas en medio del río y las montañas que rodean al poblado.

Los tres fueron escogidos por trabajadores sociales y médicos del CARA, quienes los identificaron como jóvenes líderes para dar las pláticas. “Creemos que la comunicación entre iguales funciona más, así que los preparamos para que ellos se dirijan a los chicos en su lengua y con más confianza”, dice María Elena Sánchez, trabajadora social. Sus pláticas las hacen en tarasco y en español, aunque 80% de los adolescentes de la comunidad entienden español.

En Carapan los niños comienzan a beber desde temprana edad y el suicidio adolescente es algo que no se veía en el pueblo hasta hace un par de años. En los últimos tres, se han suicidado tres. “Se matan porque no se sienten comprendidos por sus padres”. La mayoría de los padres de estos adolescentes no saben leer ni escribir, tampoco hablan español y no entienden que nuestra vida ya no está ni en el campo ni en el casorio”, dice Jesús.

Él quiere ser sicólogo, profesión que le va bien, según dicen sus familiares, pues ha evitado el suicidio de dos adolescentes de Carapan. “Sólo los escucho y trato de orientarlos”, dice. Se basa en un libro de autoayuda que les reparte el Instituto Mexicano del Seguro Social, dirigido a adolescentes. Habla con ellos cuando los ve que están tomando mucho alcohol y trata de acercarlos a las pláticas.

Información, la salida

El desconocimiento de métodos anticonceptivos entre las mujeres hablantes de una lengua indígena es 10 veces mayor que el de sus contrapartes no indígenas, según la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.

Para Rosaura y Ana Rosa no fue fácil comunicarle a sus padres que darían pláticas de educación sexual en la comunidad. “Aquí las niñas no hablan de esas cosas”, les dijeron. Para ambas fue difícil que las dejaran acudir a encuentros de jóvenes para aprender a dar pláticas. El primero al que fueron fue en Pátzcuaro, Michoacán, donde ambas aseguran que les cambió la vida.

“Eso nos abrió los ojos y nos dimos cuenta que existen muchas cosas más fuera de nuestra casa”, dice Rosaura, quien tuvo que pelear con su padre. “Lo convencí de que siendo mujer tengo derecho a la información”, afirma.

Osvaldo, el padre de Rosaura, ahora está consciente de que no puede negarle aprender cosas. “La niña es diferente a todos sus hermanos y también a todas las niñas del pueblo. Nunca ha traído a un novio a la casa y yo siempre la veo estudiando”, dice orgulloso.



PUBLICIDAD