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Atacan alcoholismo a las comunidades indígenas

Santiago Mexquititlán y San Ildefonso, en Querétaro, ocupan el primer lugar nacional en decesos por cirrosis
Sábado 10 de febrero de 2007 JUAN JOSÉ ARREOLA, ALBERTO LÓPEZ Y JUAN CERVANTES / CORRESPONSALES | El Universal

AMEALCO DE BONFIL, Qro.- En Amealco de Bonfil y Tolimán, municipios queretanos con población primordialmente otomí, las autoridades establecieron medidas drásticas para controlar la venta de bebidas alcohólicas, luego de que algunas de sus comunidades fueron incluidas entre las de mayor índice de alcoholismo y cirrosis hepática del país.

En Amealco decidieron no autorizar más la apertura de negocios que vendan bebidas alcohólicas, y en Tolimán establecieron una ley seca desde el domingo por la tarde hasta la noche del día siguiente, para evitar la práctica del san lunes, obligado descanso para aliviar la cruda, que conlleva grandes pérdidas económicas por ausentismo laboral.

Según la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), las comunidades de Santiago Mexquititlán y San Ildefonso, en Amealco, ocupan el primer lugar nacional en alcoholismo y, en ese municipio, junto con el de Amealco, la cirrosis es la principal causa de muerte entre los indígenas.

En ambos municipios, la incidencia de ese mal, provocado por la ingesta constante de alcohol, se considera alarmante, ya que en Amealco, el índice de muerte por cirrosis hepática es de 63.6 personas por cada 100 mil habitantes, y en Tolimán, de 62.1, mientras que la tasa media nacional es de 26.7 por cada 100 mil, principalmente en hombres de entre 35 y 64 años de edad.

Según el coordinador del Consejo Estatal contra las Adicciones, Jaime Ponce Alcocer, el alcoholismo afecta a 12% de los indígenas otomíes del municipio de Amealco de Bonfil, el doble de los indicadores reportados en el resto del estado.

Lucha contra el alcoholismo

En Tolimán, a 84 kilómetros al noreste de la ciudad de Querétaro, la mayoría de los hombres son obreros de la construcción que acostumbran ingerir alcohol los fines de semana, generando un creciente ausentismo laboral cada lunes, por lo que la alcaldía que encabeza Martín Jiménez Ramos, un otomí del partido Convergencia, estableció una ley seca entre el domingo y el lunes.

El alcalde priísta Javier Cajiga Rodríguez, de Amealco de Bonfil, 63 kilómetros al sureste de Querétaro, dijo que además de cancelar los permisos para abrir expendios, se están regulando los que ya operan para la venta de bebidas alcohólicas, y, al mismo tiempo, se lucha contra la venta clandestina y la introducción de licores desde Michoacán y el estado de México.

La clínica prometida

En mayo de 2004, la titular de la CDI, Xóchitl Gálvez Ruiz, anunció que ese mismo año en la comunidad de San Ildefonso, Amealco, se pondría en funcionamiento el Centro de Rehabilitación Alcohólica para indígenas, el primero en su tipo en el país, con una inversión de 4 millones de pesos.

El centro sería parte del Programa de Prevención del Abuso en el Consumo de Bebidas Alcohólicas y Alcoholismo en Población Indígena, puesto en marcha en junio de 2002 por la entonces presidenta del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), Marta Sahagún, en la comunidad otomí de Santiago Mexquititlán.

Sin embargo, en marzo de 2006, la comisionada Gálvez Ruiz dio a conocer que siempre no se instalaría ese centro. "La gente de AA señala que la clínica no es el mejor mecanismo de rehabilitación porque es complejo y caro. Sugieren que primero se agote el tema de los grupos de apoyo y luego entrar a procesos de clínica", manifestó.

Tradición, usos y costumbres

Para el investigador Mario Rodríguez Landeros, ex delegado del CDI en Guanajuato y Querétaro, el consumo de bebidas alcohólicas en México está estrechamente ligado a la cultura, y entre los indígenas, su ingesta es una cuestión tradicional y ritual. "El alcohol juega un papel esencial en la sociabilidad", dijo al señalar que en algunas etnias el gasto en alcohol supera al invertido en alimentos.

La situación se agrava por la costumbre arraigada de dar de beber pulque a los niños, lo que al paso del tiempo se transforma en adicción, añadió el coordinador del Consejo Estatal contra las Adicciones de Querétaro, Jaime Ponce Alcocer.

"Fenómeno añejo"

"Es un problema de salud pública que lo mismo afecta a los adultos que a los jóvenes, y que tiene que ver con el desempleo y la migración", comentó Roselia Gutiérrez Luis, de la Red de Derechos Sexuales y Reproductivos de la Etnia Ikoots en Oaxaca, donde consideró que el dominio que ejerce el alcoholismo entre los indígenas es un fenómeno tan grave como añejo que ha impuesto un código de silencio entre las mujeres.

"Nadie de las mujeres denuncia los golpes, algunas solamente se ríen", señaló la doctora Dora Hernández Quero del centro de salud de San Mateo del Mar, una comunidad huave del istmo de Tehuantepec, 294 kilómetros al sureste de Oaxaca.

Ahí, según Gutiérrez Luis, debido al alcoholismo, los niños mueren por desnutrición, diarrea o neumonía, las mujeres sufren el maltrato físico y los hombres se vuelven improductivos. Las mujeres de esa comunidad, que se rige por el sistema de usos y costumbres, nacen y crecen sin derechos, porque en la cosmovisión indígena, el hombre manda, trabaja y se emborracha, añadió.

Un fenómeno similar se registra en comunidades de Guerrero, donde el antropólogo Abel Barrera, integrante del grupo defensor de derechos humanos Tlachinolan, reveló que entre los indígenas de la Montaña de Tlapa, aledaña al estado de Puebla, el alto consumo de alcohol provoca descomposición social, debilitamiento de los usos y costumbres, desmantelamiento de su economía y pérdida de sus formas de autogobierno, además de que "se va perdiendo el respeto hacia las mujeres, los hijos y los ancianos".

Barrera dijo que la migración, parte importante de la sobrevivencia de las comunidades indígenas en esa región, también incrementó el alcoholismo, porque los jóvenes indígenas residentes en Estados Unidos llegan a sus comunidades con suficiente dinero para descansar y "tomar cerveza", como una nueva forma de prestigio y orgullo, aseguró.



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