A la primera cita sexual de Jéssica, Valeria, Ximena, Sofía y Anahí las acompañaron sus 17 años, su miedo, la cerveza, la ignorancia y la presión de unos novios que les dijeron "el sexo es normal, todas las parejas lo hacen".Las de ellas son cinco historias en las que las jóvenes urbanas confesaron tener mucho miedo. La cinco decidieron su vida sexual, las cinco contaban con poca informaciónsobre métodos anticonceptivos y protección ante el sida y todas ellas vivieron la angustia por saber si podrían haber quedado embarazadas.
Estas cinco mujeres que aún no alcanzan la mayoría de edad ponen carne y hueso a las últimas cifras de la Encuesta Nacional de la Juventud que dicen que la mitad de los jóvenes mexicanos deciden tener relaciones sexuales prematrimoniales, 24% no utilizan anticonceptivos porque a su pareja no le gusta, y sólo 34% esperan al príncipe azul para iniciar una vida sexual.
"Infértiles e inmortales, así se sienten los adolescentes que sin información inician su vida sexual como el cuerpo les da a entender", dice Luis Perelman, presidente de la Federación Mexicana de Educación Sexual y Sexología.
Germán Mosco es orientador sexual de niñas entre 12 y 18 años.Todos los días resuelve las mismas dudas en la clínica Gente Joven de Mexfam: "¿Me puedo embarazar sólo con la puntita? ¿Estoy a tiempo de tomar la pastilla anticonceptivade emergencia?"
El orientador sabe que el trabajo aumenta al doble cuando termina el periodo vacacional. "Después de vacaciones y días feriados las visitas a la clínica y llamadas para pedir información sobre cuándo hacerse una prueba de embarazo o sobre anticoncepción de emergencia se disparan".
Las tendencias cambiaron. "Atrás quedó la prueba de amor; hoy sólo piensan en no ser las únicas inexpertas del grupo de amigos, aunque con el primer contacto sexual se embaracen. Vienen con poca información. Reportan que escucharon de otra amiga que si las penetraban con la puntita del pene nopasaba nada. La mayoría de las veces tienen parejas ocasionales, mas no novios, no hablan con la familia de embarazo ni de sexualidad", relata el orientador.
Jéssica optó por llamarle a quien considera su amiga más informada, a Evelyn. "Aunque es virgen, fue la única que me explicó que tenía tres días para tomarme una pastilla anticonceptiva de emergencia", dice.
Jéssica resume así el encuentro sexual: "No recuerdo nada, no sentí nada, ni siquiera sé si me penetró por completo. Sólo sé que esa tarde, al bajar por la carretera que va de La Marquesa a mi casa comencé a sentirme embarazada. Así nomás".
Se trata de estudiantes de secundaria y bachillerato "con conocimientos sexuales poco sólidos einservibles para empezar una relación sexual", dice el especialista. "Las clases de educación sexual impartidas en secundaria parecen ser insuficientes, pues los maestros son muy concretos, tratan los temas superficialmente sin dejarle muchas alternativas a los adolescentes", detalla.
Cuando Anahí comenzó su vida sexual tenía 13 años. Fue con su vecino de 17 y la palabra preservativo nunca pasó por su mente. "Casi, casi me forzó, yo no quería, pero él me dijo que era normal, que todos lo hacían. Así que acepté por miedo a que me dejara y como lo quería mucho, me dio miedo que me creyera una niña".
Hoy Anahí tiene 17 años y un nuevo novio con quien comparte las tardes después de la escuela. Llevan una vida sexual activa, aunque confiesa que sólo 40% de las veces que tiene sexo usa condón. "Muchas veces no hay a la mano y como es mi novio bien, pues no me da miedo. Yo sé que si pasa algo me ayudará".
No saben bien lo que pasó
Ximena había bebido demasiado la noche de su primera vez; Valeria le encontró el gusto hasta que pasó por su tercera pareja sexual, y Sofía se defiende y dice que ella sí estaba preparada. "Yo escogí con quien ypreparé el momento, lo elegí entre los chavos de la unidad donde vivo, por ser el más serio, eso me daba la garantía de que no tenía bichos en la cosa".
Las tres relatan historias distintas, pero coinciden en algo: no podrían decir que sintieron placer. Tenían miedo, vergüenza de que las miraran, horror de ver un pene por primera vez y se preocuparon hasta por que sus calzones fueran bonitos.
"Después de varias cervezas la cosa se calentó", dice Ximena. "Del sillón de la sala pasamos a la recámara de la abuela. No sé como llegué hasta ahí y sin ropa". No recuerda besos, ni caricias. Sólo a un joven de 22 años borracho intentado penetrarla sin atinarle, según dice. "No fue lindo, no fue como lo imaginé. Sentí náuseas y miedo, mucho miedo".
Valeria, en cambio, no se rinde. Su primera experiencia la narra como fatal. "Duró unos minutos y mis nervios no me dejaron ni siquiera asimilar lo que pasaba, no fue hermoso, no había pétalos en la cama".
Cuando lo cuentan se ríen y sonrojan. Aún las palabras orgasmo, pene, eyaculación y vagina les causan nerviosismo, tartamudean y se dan codazos entre ellas al responderle a la grabadora. Tienen dudas, algunas no están seguras de que en verdad hayan perdido su virginidad, pero su mayor temor es quedar embarazadas. En el VIH ni siquiera piensan. Les parece un juego de lotería difícil de ganar.
Es un problema social. "La cultura erotofóbica está en la mente de los adolescentes desde pequeños y el problema es que todo el mundo practica el sexo, a pesar de las dudas", explica Luis Perelman, sexólogo y presidente de la Federación de Sexología.
Dice que no impartir educación sexual es una invitación abierta para que los adolescentes se atrevan a muchas cosas sin la información adecuada.
"Está demostrado que los jóvenes con información son los que más retardan su inicio sexual. Así que mientras no se les eduque seguirán las historias de jóvenes insatisfechos, desilusionados, enfermos de VIH y con embarazos no deseados.
"Lo hacen por cumplir o porque creen que teniéndolo una vez ya están graduados en materia sexual. Así ya nadie les puede andar reclamando que no han crecido, que siguen siendo niñas y muchas veces no lo disfrutan porque ni siquiera conocen su cuerpo. Son niñas jugando a ser mujeres."
Perelman finaliza: "No saben bien lo que pasó y muchas se quedan en ascuas. El miedo y el tabú no las detiene, pero sí la información, la actitud y hablarlo, hablarlo y hablarlo".