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Chalancitos. El negocio que roba la niñez

Menores de edad son reclutados en Veracruz para trabajar en la industria de la construcción en medio de riesgos y la violación a sus derechos
Casa en Xocotla, Veracruz, una población que apoya su economía en el trabajo de los niños en la construcción, quienes son reclutados por contratistas que los asignan a diferentes obras en la Ciudad de México.(Fotos: JUAN PABLO ROMO)
05/09/2017
03:10
Xocotla, Veracruz
RODRIGO SOBERANES Y LEV GARCÍA
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En un poblado indígena en el sur del país, llamado Xocotla, Veracruz, dos adolescentes de 14 años de edad, Fermín y Benito, lograron cargar cada quien un bulto de 50 kilos de cemento. A partir de ese momento sus familias y su comunidad los consideraron aptos para irse a construir casas y edificios a la Ciudad de México. A trabajar.

“Aquí todos los que aguantan ese peso se empiezan a ir para allá”, relató Fermín, actualmente de 16 años y con dos de experiencia trabajando y viviendo en la capital del país, tras- ladándose de aquí para allá en busca de empleo en construcciones, sin contrato y con algún patrón que actúa fuera de la ley.

Desde el momento del levantamiento del bulto hace dos años, ellos —como cientos de menores de edad que salen de zonas pobres de México a la capital— recibieron el apodo de chalancitos, diminutivo de chalán, término común para identificar a un albañil principiante que ayuda a otros.

Han trabajado con empresas que violan las leyes laborales vigentes que fueron anunciadas el 11 de junio de 2015 por el gobierno federal en Ginebra, Suiza, en el Día Internacional Contra el Trabajo Infantil.

Ahí, México dio a conocer que mediante decreto presidencial prohibió la contratación de menores de 18 años de edad en 12 actividades consideradas “peligrosas o insalubres” para los adolescentes. En la lista figuran las “obras de construcción”, como en las que se han desempeñado Benito y Fermín.

Sin embargo, para Fermín no hay duda de lo que está decretado en materia laboral en su pueblo: “Ya cuando aguanta uno allá para trabajar, ya se va uno”.

Él y Benito comenzaron en sus labores cuando no llegaban a los 15 años. Dejaron sus estudios de secundaria y se mudaron a la Ciudad de México, a 320 kilómetros de casa. Ambos personifican la violación de las leyes y son sólo una pequeña muestra dentro del flujo constante de menores que salen de Xocotla antes y después del decreto.

Ruta 35 en alianza con la plataforma de Periodismo Latinoamericano CONNECTAS y con el apoyo del International Center for Journalists (ICFJ) reconstruyó de principio a fin el ciclo que comienza en el momento de cargar el bulto de 50 kilos, continúa con la llegada a ciegas a la Ciudad de México y la entrada a un mundo laboral lleno de riesgos, hacinación, estafas y adicciones.

El ciclo termina, en algunos casos, con escenas de chicos que perdieron el uso de la razón: la dependencia a ese tipo de sustancias, según las autoridades locales, se ha convertido en una epidemia entre los adolescentes de esa comunidad veracruzana.

La cadena que se revela, refleja un problema que aún desborda al Estado mexicano. Aunque los datos oficiales más recientes indican una reducción en el número de afectados, en 2015 había 2.4 millones de niños y adolescentes en tareas que eran consideradas prohibidas o peligrosas por las autoridades. La cantidad es suficiente para no mirarla de soslayo.

La cuna de los peones

Xocotla, en el municipio de Coscomatepec, con 52 mil habitantes, es una comunidad serrana en la región central de Veracruz, en las faldas del volcán Pico de Orizaba. Su economía se sostiene del trabajo en la albañilería en la Ciudad de México, que atrae no sólo a adultos sino también a jóvenes que como Benito y Fermín abandonan sus estudios y no aspiran a una vida en el campo o el comercio. En esas actividades, según sus testimonios, sólo pueden ganar 25% de lo que obtienen al enrolarse en la industria de la construcción.