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Violencia y gobierno local

29/08/2018
00:24
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Encontrar soluciones para reducir la violencia no es una tarea sencilla, pero seguir insistiendo en el uso de la fuerza militar para contenerla no es una opción que deba ser privilegiada, pues en el mediano y largo plazo los resultados de sus intervenciones no se mantienen. En estas condiciones el papel de los gobiernos locales debe ser más protagónico si es que se quiere atacar las causas de la violencia y superar una crisis que se resiste a tocar fondo.

La propuesta por darle continuidad a la estrategia de seguridad que privilegia el uso de la fuerza del Estado para atender la crisis de violencia e inseguridad resulta inquietante. La preocupación está fundada, pues desde que el gobierno federal decidió hacer uso de las fuerzas armadas para las tareas de seguridad, la violencia se intensificó y extendió, además de que en sus intervenciones se han documentado excesos de los militares al no estar capacitados para hacer labores de seguridad pública.  De 2006 a 2017 han muerto, por lo menos, 211mil 741 personas a través de acciones intencionales, de acuerdo a las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).   

Pero si los resultados no son los óptimos ¿Por qué se insiste en que los cuerpos militares continúen haciendo labores de seguridad? En realidad, se puede especular mucho de la insistencia en el uso de la fuerza como estrategia central, pero una situación clara es que los tres niveles de gobierno han hecho muy poco para acumular conocimiento de cómo se comporta el fenómeno de la violencia y ubicar sus causas en los territorios que administran.

Así, frente a la incapacidad de generar explicaciones e innovaciones para atacar los homicidios a través de medios no violentos por parte de los gobiernos, se recurre a la receta inmediatista de enfrentar la violencia con la violencia, aunque en el largo plazo los resultados no se mantengan o simplemente no funcionen. Prueba de ello son, por un lado, Ciudad Juárez y Tijuana, en donde la violencia homicida ha empezado a crecer nuevamente, después de que se observó que las intervenciones militares habían logrado apaciguar la intensidad homicida, y; por el otro, se encuentra Acapulco, en donde a pesar de haberse enviado importantes contingentes castrenses, las expresiones de violencia no se han reducido en proporción a los recursos empleados.

Entonces, si el objetivo es reducir la violencia en el largo plazo, con un uso menos intensivo de las fuerzas militares, es inaplazable que los gobiernos locales busquen alternativas distintas a las ya empleadas, es decir, buscar y promover acciones que no solo inhiban las conductas violentas, sino que también se dirijan a las causas que las generan.

En este sentido, cuando se han puesto en marcha intervenciones integrales se han obtenido pocos datos del efecto del mejoramiento de las condiciones económicas de los grupos más desfavorecidos de la sociedad mexicana, a saber, la reducción de la pobreza y desigualdad de ingresos. Tampoco sabemos en qué grado las instituciones informales y las normas sociales han logrado contener las conductas violentas. De igual forma, no hay muchos datos del cómo la regeneración del tejido urbano puede mejorar las relaciones de convivencia. Explorar estas acciones, impulsadas desde el gobierno local, puede ser un buen comienzo para reducir de forma sostenida la violencia letal.

No estamos diciendo que este tipo de propuestas deban emplearse de manera homogénea en todo el territorio nacional, pensar de esa manera podría llevarnos, otra vez, a un estrepitoso fracaso, en términos de pérdidas de vidas y deficiente uso de los recursos públicos. Cada contexto requiere ser atendido de manera diferenciada. Algunos estudios académicos han evidenciado, por ejemplo, que en los municipios donde se concentran altos niveles de pobreza no necesariamente son los que más homicidios registran; en otros casos se ha observado que cuando hay una densa red de capital social esto no significa mejores relaciones de convivencia.

Así pues, la tarea de los gobiernos subnacionales debe ser encontrar esas estrategias no punitivas, que encuentren el punto medio, para dejar de pensar que el uso de la fuerza militar es la opción para solucionar el problema crítico de violencia del país.

 

José Ángel Fernández Hernández

Investigador del Observatorio Nacional Ciudadano

@DonJAngel

@ObsNalciudadano

El Observatorio Nacional Ciudadano es una organización de la sociedad civil que vincula a las organizaciones civiles para potenciar su incidencia en las políticas y acciones de las autoridades.
 

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