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Seguirle las pistas al fenómeno del homicidio

26/10/2018
00:56
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Desde distintas esferas de la sociedad mexicana se generan mayores datos para enfrentar la violencia y criminalidad que enfrenta el país, sin embargo, esto no parece ser un insumo suficiente para contener la descomposición de las relaciones de convivencia entre los mexicanos. Muy poco se ha aprendido del número trágico de muertes que se han registrado en el país.

El 2017 cerró como el más violento de las últimas décadas, de acuerdo a las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) se cometieron más de 25 mil 500 homicidios intencionales. Además, al comparar enero-agosto de 2017 con el mismo periodo de 2018, se tiene que las carpetas de investigación por este delito crecieron en 17.5%, al pasar de 16 mil 494 a 19 mil 373. Al tomar en cuenta el periodo 2006-2017, en México, pudo haber desaparecido una ciudad de tamaño medio, pues según la fuente información mencionada en estos 11 años se abrieron más de 211 mil carpetas de investigación o averiguaciones previas por homicidio doloso.

En medio de esta crisis de violencia, hemos visto cómo los diferentes niveles de gobierno han intentado hacerle frente a través de un sin numero de acciones: aumento de la infraestructura, adquisición de tecnologías de vigilancia, capacitación de los recursos humanos, aumento de la capacidad punitiva, cambio de los modelos de intervención, etc. sin que esto tenga un efecto en el comportamiento de las tendencias. Entre 2010 y 2016, casi todas las entidades del país habían aumentado su número de policías, de las cuales resalta Sinaloa con un incremento de 467% o Coahuila cuyo número de elementos policiacos crecieron en 247% (INEGI, 2017).

Pero, si se han incrementado los recursos disponibles ¿Por qué no hay una manifestación clara de la disminución los homicidios? Es muy complicado tener una respuesta única a esta situación. Desde distintos frentes se han manifestado explicaciones de los motivos por los cuales estas medidas han fracasado o han tenido un efecto mínimo, a saber, la debilidad institucional, la reconfiguración de grupos del crimen organizado, el acceso ilegal a armas de fuego, la descomposición del “tejido social”, etc. Los representantes de los niveles de gobierno han mencionado un sin fin de causas, los cuales terminan por ser irrelevantes ante una escalada de la violencia letal.

En este contexto, tal vez resulte pertinente recuperar aquellas experiencias que en su momento tuvieron éxitos relativos, por ejemplo, habría que identificar cuáles fueron esos proyectos o acciones, que de manera aislada o en confluencia con otras, propiciaron la reducción de la violencia en las ciudades de la frontera norte. Si bien algunas investigaciones señalan que el descenso de la violencia homicida en aquellas urbes fue producto de un conjunto aleatorio de medidas (Aziz, 2012), esto no excluye posibilidad de explorar el papel que ciertas intervenciones tuvieron en la reducción de los homicidios.

Las propuestas para reducir la violencia que empiezan a delinearse con la entrada de nuevos gobiernos en sus distintos niveles tal vez no logren los objetivos establecidos al no comprenderse que el fenómeno expresa un alto nivel de complejidad y que no todo se explica en las condiciones de pobreza o desigualdad o en la ausencia o presencia de efectivos policiacos y militares en las calles. Intervenciones en el diseño urbano, en las redes de confianza y colaboración comunitaria, en la capacidad de organización de la población, entre otras, son acciones que no han suficientemente exploradas en este momento que resulta coyuntural.

 

José Ángel Fernández Hernández

Investigador del Observatorio Nacional Ciudadano

@DonJAngel

@ObsNalciudadano

 

Referencias:

El Observatorio Nacional Ciudadano es una organización de la sociedad civil que vincula a las organizaciones civiles para potenciar su incidencia en las políticas y acciones de las autoridades.
 

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