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Indiferencia, rechazo y descontento. La participación de los jóvenes en el proceso electoral 2018

07/03/2018
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Durante las últimas semanas se ha puesto la atención sobre la importancia que tendrán los jóvenes en el proceso electoral de 2018, en el que se elige a Presidente de la República, además de la renovación del Congreso de la Unión y diversos cargos locales en 30 de las 32 entidades del país. Basta recordar lo señalado por el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Dr. Enrique Graue, quien afirmó que “los jóvenes mexicanos tienen la responsabilidad y madurez necesarias para determinar la próxima contienda electoral y el futuro del país”, retomando su participación en la emergencia durante los sismos de septiembre de 2017 en la cual manifestaron “una gran solidaridad y comportamiento ejemplar” (El Universal, 2018 https://goo.gl/ZqFuBf).

En términos cuantitativos, dicha afirmación se sustenta considerando los datos de la lista nominal del Instituto Nacional Electoral (INE), actualizada al 2 de febrero del año en curso, en la cual, se contabilizaban 25,688,232 mexicanos de entre 18 y 29 años, esto es, el 29.3% del electorado total (INE, 2018), es decir, un segmento poblacional lo suficientemente amplio como para decidir el rumbo de una elección o la preferencia por alguna candidatura.

No obstante, las tendencias observadas durante los procesos electorales anteriores son claras con respecto a la apatía de la población joven al momento de ejercer su voto. En la última elección federal (2015), 64% de los votantes de entre 20 y 29 años no acudieron a sufragar; es decir, apenas votaron 7.7 de los 21.5 millones de personas agrupadas en dicho rango de edad. Y, aunque la participación ciudadana decae en las elecciones intermedias, el porcentaje de población que ha acudido a las urnas se ha elevado gradualmente desde 2003, año en el que se registró la menor participación en una elección (41.2%), hasta llegar al 47.5% en 2015. (INE, 2016).

Si se considera la última elección presidencial, los jóvenes mexicanos también se ausentaron de las urnas; de los casi 24 millones de jóvenes que pudieron ejercer su voto, menos de 13 millones lo hicieron, es decir, un porcentaje menor al 54%, lejos del promedio general (63.1%) (INE, 2013). Esto a pesar de que el movimiento #YoSoy132, el cual surgió en gran medida a partir de la movilización y organización de jóvenes estudiantes universitarios, alcanzó una gran repercusión a nivel nacional e internacional.

¿Cómo explicar que los jóvenes elijan no ejercer su voto? En primera instancia, es preciso apuntar que no es un fenómeno exclusivo de México; en 2016, el Reino Unido celebró el referéndum para que sus pobladores decidieran abandonar o permanecer en la Unión Europea (UE), ganando por un escaso margen -poco menos del 5% de los votantes-, la salida del proyecto de integración europeo. De acuerdo con diversos censos y encuestas (BBC y Sky News), el 75% de los votantes de entre 18 y 24 años preferían la opción remain (permanecer) en la UE; sin embargo, el porcentaje de abstencionismo entre dicho segmento poblacional se estimó entre el 50 y 64% del total (BBC, 2016).

En gran parte, el abstencionismo de los jóvenes puede localizarse en su desencanto con la política, el gobierno y los actores involucrados en ambos. Por ejemplo, menos del 40% de los jóvenes confía en los partidos políticos (INEE, 2016) y 89.6% se interesa poco o nada en la política, argumentando en buena medida, la deshonestidad de los políticos (37.4%) (Injuve, 2012). Y, si bien los partidos políticos han intentado canalizar dicha percepción a través de candidaturas de personajes “independientes” o que “no son políticos”, lo cierto es que existe un amplio distanciamiento entre la juventud, sus intereses y necesidades, y la oferta que pueden encontrar en las estructuras y propuestas partidistas

Sin embargo, también conviene indagar en las motivaciones -y contradicciones- de los jóvenes. De acuerdo con encuestas del COLMEX (2012), INEE (2016) y Nación 321 (2016), el porcentaje de jóvenes que afirmó tener la intención de participar en las próximas elecciones en turno, osciló entre el 77% y 91%, cifras que contrastan abiertamente con su porcentaje de participación en los últimos comicios.

Inclusive, al mirar más allá de los procesos electorales, esta diferencia se puede encontrar en los canales de participación informales: 79% de los jóvenes creen que es importante participar activamente ante algún problema de la comunidad (Nación 321, 2016), pero 90.1% no ha participado en una asociación o grupo estudiantil; 80.4% no lo ha hecho en una asociación o grupo deportivo, artístico o cultural; 90.7% no ha participado en un grupo religioso; y 96.1% no ha participado en un grupo o asociación vecinal o de barrio (COLMEX, 2012).

Internet se ha convertido en el escaparate y medio favorito que utilizan los jóvenes para expresarse: 28% de los jóvenes considera que las redes sociales son la mejor vía para comunicar su descontento al gobierno, por encima de otras opciones como votar en contra del partido gobernante (20%) y la manifestación en las calles (19%) (Nación 321, 2016). A esto debe sumarse que los jóvenes son el grupo etario con mayor cantidad de cibernautas, considerando que el 68.5% de los usuarios de Internet tienen menos de 35 años (INEGI, 2017).

Se estima que 9 de cada 10 mexicanos estarán al pendiente de los procesos electorales a través de Internet, que el 97% de los internautas utilizarán sus redes sociales para buscar información sobre las elecciones, por encima de los sitios de noticias, los buscadores, podcast y blogs; y que la información que buscarán los usuarios de Internet girará en torno a las propuestas de campaña (85%), por encima de aquella sobre actores políticos (77%), analistas y líderes de opinión (77%) y casos de corrupción (71%) (Asociación de Internet.Mx, 2017).

En este contexto, Internet y las redes sociales se convierten en un escenario fundamental para que los partidos políticos y los candidatos coloquen su agenda e intenten hacerse del voto de los jóvenes, convenciéndolos de la idoneidad de sus propuestas, pero también motivarlos a que acudan a las urnas. Aunque, por otra parte, también representan la oportunidad para generar desinformación entre los jóvenes a través de noticias falsas y de los ejércitos de bots destinados a influir su percepción sobre distintos temas, candidatos y/o partidos.

Este año se llevarán a cabo las elecciones más grandes en la historia contemporánea de México y, en ellas, los jóvenes están llamados a tener un papel de suma importancia. Constituyen el segmento poblacional más amplio de la lista nominal y fueron parte fundamental en la situación de emergencia tras los sismos de septiembre pasado; sin embargo, asumir que estas variables son suficientes para afirmar que ellos decidirán al ganador de la contienda electoral es aventurado, en especial al observar su porcentaje de participación en los procesos electorales anteriores.

Es menester que tanto el Instituto Nacional Electoral y los institutos estatales, así como otros actores sociales, emprendan una estrategia que incentive a los jóvenes a participar, los acerque al funcionamiento de la democracia, de las instituciones y de los procesos; y, en el caso de los partidos políticos, que hagan uso de Internet y las redes sociales para posicionar sus propuestas, evitando caer en el clásico juego de desgaste, crítica infundada y ataques personales que ha caracterizado a las campañas electorales. Generaciones de jóvenes hartos y descontentos con la democracia mexicana exigen un cambio de rumbo, no solamente en cuanto a los resultados de las elecciones, sino en función de todo lo que rodea el proceso electoral. Ignorarlos representaría alejarlos una vez de la construcción y consolidación democrática del país.

 

Néstor Mauricio Sánchez Hernández

Ciudadanía para la Integración Social A.C. (CIS)

http://cisocial.org.mx 

@CISOCIALAC @ObsNalCiudadano

El Observatorio Nacional Ciudadano es una organización de la sociedad civil que vincula a las organizaciones civiles para potenciar su incidencia en las políticas y acciones de las autoridades.
 

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