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499 homicidios en Zamora-Jacona, ¿Qué ha fallado?

20/05/2018
19:38
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En los últimos dos años y cuatro meses, Zamora y su región viven una condición de violencia sostenida y creciente con 18 homicidios mensuales en 2016, 15.5 en 2017 y 23.75 en el primer cuatrimestre de 2018.

Marzo de 2018: otros conflictos bélicos en el mundo, por Navidad o Semana Santa, experimentan pausas temporales en las hostilidades. Marzo, tiempo de reflexión, de retiro espiritual, de procesiones del silencio, de meditación  por la paz ha sido  el mes más sangriento en muchos años para Zamora y Jacona. Pese a que unos y otros, víctimas y homicidas, policías y sicarios, marinos y agentes privados son creyentes adscritos a alguna de las iglesias de mayor membresía en la región el fuego no cesa. No obstante que unos y otros, desde  su más tierna infancia recibieron el bautizo, luego  la confirmación y/o eucaristía, escuchan y repiten el <>, tal mandamiento no se ha internalizado suficiente como para influir, por unos días, en  el respeto a la vida.

Desde la cuna a la tumba, más en Zamora que en otras localidades, la vida toda está impregnada de religiosidad. Si tomamos como punto de partida la apoteosis  Guadalupana hasta Navidad  y La Candelaria, pasando por el Año Nuevo y Los Reyes,  el calendario está pleno de rituales religiosos. Refiero esto porque la educación religiosa orientada hacia la formación de hombres y mujeres  en el respeto a la vida, lo mismo internaliza esos valores en los jóvenes consumidores de mariguana, cristal, cemento, etc. que en los distribuidores, gerentes, sicarios y en los guardianes del orden.

De igual modo, la educación formal en las escuelas laicas y confesionales, desde pre escolar hasta los niveles superiores del sistema educativo nacional, intenta moldear ciudadanos respetuosos de las personas. De modo similar que la (s) iglesia (s), la escuela tiene todo un ritual  de lunes a viernes, septiembre a junio, donde se exaltan ciertos valores como la libertad y el respeto a la vida. Vale observar que en un contexto socio-cultural como el zamorano no existen límites precisos entre  la formación religiosa y la cívica, laica.

Es probable que los sujetos de esta reflexión –consumidores, narcos y custodios de la ley- experimenten una continua práctica religiosa extendida en toda su vida y que la intencionalidad escolar concluya en la adolescencia y/o juventud con el nivel medio o medio superior; que al menos la mitad de los años vividos (9-10) de esos muchachos estén <> a la orientación cívico-religiosa. Y esa loable intención, la formación en el respeto a la vida, a juzgar por la violencia, ha fracasado.

El arzobispo de Morelia, Carlos Garfias Merlo, que ha sido crítico de las fallas de la educación religiosa y laica, llamaba en febrero a cambiar nuestra formación e invitaba a encontrar estilos de vida diferentes: “Todos somos corresponsables de que podamos transformar la violencia e inseguridad en una oportunidad de encontrar el camino de la armonía, la seguridad y la paz siendo solidarios y caritativos (…) Convirtámonos a Dios y transformemos nuestro estilo de vida, para contemplar juntos un nuevo amanecer en nuestra Arquidiócesis de Morelia y en los estados de Michoacán y Guanajuato, con la consecución de objetivos comunes, favoreciendo a los más pobres y necesitados, y en particular atendiendo a las víctimas de la violencia” (Mi Morelia, 18-02-2018).

Cuando el mes de marzo registra los más altos niveles de violencia expresada en muertos y heridos, el mensaje del arzobispo (“Es tiempo de escucha y de diálogo como herramientas para el encuentro, el perdón y la construcción de paz”) y las propuestas para rediscutir la política de <> deberían ser tomadas en serio.

No  desciende la violencia

Marzo, con 22  heridos y 34 homicidios es el mes más violento que hemos registrado. Por más que tratamos de convencernos en la buena fe de los discursos oficiales, la realidad rebasa con mucho el optimismo gubernamental. Lo que sí es notorio -en la prensa- es la detención de varios presuntos delincuentes lo que habla de una mejor labor policial, de participación ciudadana que denuncia y de una buena dosis de temeridad de los transgresores de la ley. Esto último es preocupante y como ejemplo refiero un caso: un par de homicidas (Osvaldo N, “El Calaco” 22 años y Víctor Alfonso R. 31 años) a bordo de sendas bicicletas, golpean al “Richi” –trabajador de Frexport- conductor de una motocicleta, lo despojan de ese vehículo mientras que el compañero de “Richi” huye a un baldío; luego “El Calaco” y Victor dan alcance a otra pareja que viaja en otra motocicleta, disparan y matan a Francisco Manuel S. de 32 años, hieren a la esposa María V. de 20 años que acompañaba al finado. Enseguida huyen y la policía los detiene. Toda la acción en menos de  media hora en una calle  transitada, Cartagena, de un barrio densamente poblado, Valencia segunda sección en Zamora, Michoacán. Todo a la luz del día: entre 15:20 y 16:05 horas del viernes 13, día de San Hermenegildo.

Los rasgos sobresalientes de marzo son: casi dos (1.8) hechos diarios; poco más de un (1.09) homicidio cada día; alta proporción masculina (82.14%), sobresaliente eficiencia como cociente de decesos entre el total mensual de hechos (60.7%), marcada preferencia por el arma de fuego (78.57%) y una edad promedio de las víctimas de 34 años que se aleja de los jóvenes y adolescentes[1]. Esto último confirma lo que ya se observaba en febrero: las víctimas son de mayor edad que en 2016 y 2017. Tales cifras  muestran la elevada violencia de los últimos tiempos.

Cabe marcar que si bien no todos los hechos deben ser imputables a <> vinculados al narcotráfico, y no se pierde de vista la posibilidad de que todo se <> para ahorrar explicaciones, un elevado número sí tiene características de ejecuciones. La evidente premeditación, la excesiva ventaja del homicida (capacidad de fuego y sorpresa) y el esquema de cada evento, sugieren que se trata de homicidios dolosos relacionados con el narco.

 

El otro Michoacán

Cierto, si hay otro Michoacán, el que vivimos varios miles de personas sin acceso a  custodia policiaco-militar. En ese “otro Michoacán”, limitado sólo a Zamora-Jacona, y basado en lesiones y homicidios intencionales. El despliegue de fuerzas militares y policíacas iniciado en 2006 por Felipe Calderón Hinojosa (PAN), continuado por Enrique Peña Nieto (PRI) y seguido “al pie de la letra” por Silvano Aureoles Conejo (PRD), arroja magros resultados para Zamora y Jacona: de enero de 2016 a abril  de 2018 la zona conurbada registró 499 homicidios intencionales y 301 heridos.

Examinado el cuatrimestre enero-abril que conjuga los últimos gastos exorbitantes en el alcohol  del Año Nuevo, Reyes Magos y La Candelaria con el jolgorio del Carnaval y La Semana Santa, ofrece altas cifras en 2018. La suma de homicidios y heridos para cada uno de los periodos enero-abril de 2016, 2017 y 2018 registra 101, 99 y 148 eventos, respectivamente. Desagregando los homicidios tenemos 58, 62 y 95, con una eficiencia (decesos/total de eventos) de 57.42, 62.62 y 64.18 por ciento, lo que sugiere una violencia ocurrencia sostenida y creciente.

Así, pese a la reiterada promesa gubernamental de justicia, seguridad y paz, las palabras de Silvano, gobernador: “la seguridad pública y la procuración de justicia deben estar encaminadas a un objetivo fundamental: terminar con la impunidad, que es el elemento que más daña a la sociedad” (Oriente Michoacano, 26-03-2018), no concuerdan con la realidad michoacana.

En las recientes reuniones de seguridad de Jiquilpan y Zitácuaro el mandatario michoacano celebró los avances en seguridad y optimista donde refería que <> (Cambio de Michoacán, 5,7-05-2018), a lo que diríamos: ojalá fuera cierto pero está visto que las instituciones fundamentales y la políticas para cuidar de las personas y los bienes han fallado. En consecuencia, urge replantear la lucha contra el narco tráfico y las políticas de seguridad.

 

J. Luis Seefoó Luján

Observatorio Regional Zamora A.C.

@obsregzamora @ObsNalCiudadano

 

[1] Fuente: Red113, 90 Grados, Independiente, Zeta de Zamora, Cambio de Michoacán, Quadratín y El Sol de Zamora.

El Observatorio Nacional Ciudadano es una organización de la sociedad civil que vincula a las organizaciones civiles para potenciar su incidencia en las políticas y acciones de las autoridades.
 

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