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| Manifestantes pro Zelaya y en contra inundan calles de Honduras |
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La Nación / GDA
El Universal Ciudad de México Martes 30 de junio de 2009 |
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La confrontación política y social se intensifica en el país centroamericano
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El derrocado presidente Manuel Zelaya no se puede quejar. Cuando mañana retorne a Honduras con su sombrero de ala ancha y su sonrisa de telenovela lo estará esperando todo el mundo en el aeropuerto de Tegucigalpa. Sus seguidores, para darle la bienvenida, y los golpistas, para meterlo entre rejas. Si nadie entra en juicio a tiempo, la polarización amenaza con dejar a este empobrecido país centroamericano al borde del caos político y social. El presidente de facto, Roberto Micheletti, y el jefe del Estado Mayor del Ejército, Romeo Vásquez, los dos cerebros del golpe cívico-militar del pasado domingo, coincidieron ayer en que si regresa Zelaya, será arrestado y juzgado.
El fiscal general del Estado, Luis Alberto Rubí, tiene ya redactada una orden de captura por nada más y nada menos que 18 delitos, entre ellos, abuso de autoridad y traición a la patria. Sobre el “peligro” que corre el presidente cuando aterrice en Honduras advirtió ayer su homólogo venezolano, Hugo Chávez, quien insistió en que no se quedaría con los brazos cruzados si le ocurre algo a Zelaya o a la comitiva de mandatarios que lo acompañará. Ejemplo de la fractura social que vive Honduras fue la convocatoria de sendas marchas en Tegucigalpa. Los partidarios del gobierno golpista de Micheletti tomaron el Parque Central de la capital para secundar el derrocamiento de Zelaya, cuyos seguidores también se echaron a la calle y prometieron marchar mañana desde todos los puntos del país hasta el aeropuerto de la capital para recibir a “Mel”. Versiones sin confirmar daban cuenta ayer del bloqueo policial a unos 70 ómnibus con partidarios de Zelaya que se dirigían a la capital.
Convocados por Micheletti a través de una organización denominada Unión Cívica Democrática, varios miles de simpatizantes colmaron el Parque Central, muchos de ellos ataviados con playeras blancas y portando la bandera nacional hondureña y carteles contra el gobierno legítimo:
Al abogado Pablo Valladares, de 42 años, no le ha dado tiempo a quitarse el saco y la corbata y a enfundarse una playera blanca, pero lleva la bandera blanquiazul de hombro a hombro. “Esto no es un golpe de Estado, al contrario, estamos acá para defender la Constitución, a ver si se enteran afuera”.
Rafael Alegría, dirigente de la organización Vía Campesina, no se despega de su celular, donde recibe e imparte instrucciones. “Hemos retrocedido 30 años. Micheletti es un prepotente y no vamos a descansar hasta que deje el poder que ha usurpado”, comenta Alegría a La Nación mientras se limpia el sudor de la frente. El abigarrado muestrario de partidarios de Zelaya reúne a sindicalistas, políticos de izquierda, dirigentes campesinos y barriales, estudiantes, desempleados, vendedores callejeros y hasta a los miembros de la coordinadora de gays y lesbianas. Uno de ellos, Toni Reyes, pasó ya un día detenido, “golpeado y humillado”, se queja mientras las nubes anuncian ya el aguacero que cada tarde se anticipa al toque de queda.
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