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| Perfil: Graciela Iturbide |
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EFE
El Universal Copenhague, Dinamarca Sábado 25 de octubre de 2008 |
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La artista mexicana recogió uno de los más prestigiosos premios de fotografía en el mundo, el Hasselblad, por toda una brillante carrera registrando vida en instantáneas en blanco y negro
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La fotógrafa mexicana Graciela Iturbide recogió hoy uno de los más prestigiosos premios de fotografía en el mundo, el Hasselblad, por toda una brillante carrera registrando vida en instantáneas en blanco y negro con una mirada entre documental y poética. Cuando Iturbide (1942, México Distrito Federal), que es una de las fotógrafas más afamadas de América Latina, habla de su trabajo, transforma la cita del francés Henri Cartier-Bresson y bautiza el acto fotográfico como "dos instantes decisivos" : el primero, el de la toma, y el segundo, el de la edición del fotógrafo. De ahí que sus instantáneas relaten un cuento o un poema en donde el ser humano posa -en numerosos casos con animales exóticos- y que Iturbide recorriera, principalmente, México en la búsqueda de su propia mirada, con la que lograse retratar a un amplio abanico de gentes. Así, exploró -tutelada por su intuición- la ciudad de Juchitán, en el sur del estado de Oaxaca, con lo que obtuvo el Premio W. Eugene Smith en 1987-, y dejó que las mujeres protagonizaran las escenas de su lente. De este gran trabajo procede una de las imágenes más conocidas de América Latina, "Nuestra Señora de las Iguanas" (1979) , que se ha convertido en todo un icono: una mujer que posó soberanamente -cual mujer Medusa- con iguanas que portaba sobre su cabeza en un mercado de Juchitán. Por otro lado, hablar de su estética es dejar entrever sus influencias "subconscientes" , de la educación católica que recibió; de ahí que haya ciertas puestas en escena que sean como narraciones míticas y bíblicas y de la conquista de su estilo. Así, Iturbide se movió con su cámara entre las imágenes que halló a la zaga por las calles y las posados con los que consiguió retratos de personas cercanas -así como de sí misma-, en los que la composición rezuma poemas surrealistas que paralizan al observador. Ella no siempre se quedó esperando a que la imagen pasase por delante de su lente, sino que también provocó la escena al igual que otros tantos fotógrafos que narraron con su cámara auténticas fábulas que son pura antropología cultural y social. Pero hablar de Iturbide desde el punto de vista documentalista sería limitar su campo, a pesar de que sus trabajos, como "La frontera" (1990) -entre México y EEUU- o "East L.A." (1986) -sobre un grupo de mexicanos-estadounidenses que residen en el Este de Los Ángeles-, atestiguan la vida de algunos de sus compatriotas. De Iturbide, que empezó a estudiar fotografía en 1969 en el Centro de Estudios Cinematográficos (CUEC), se pueden reseñar dos experiencias en su destino que la acercaron a la cámara: su maestro, el gran fotógrafo mexicano Manuel Alvarez Bravo (1902-2002), y la muerte de su hija de seis años y su separación matrimonial en 1970. Cuauhtémoc Medina, uno de los más influyentes críticos y comisarios de México, en el libro "Graciela Iturbide" -editado por Phaidon- indicó que "Iturbide ha usado su cámara para inspirar temor desde la posición del individuo en el juego entre la persona y las apariencias, la identidad y la representación" . Pero la artista utilizó la cámara como instrumento catártico para transformar sus lagunas de dolor y, por contra, para retratar los actos festivos y la relación del ser humano con la muerte, de ahí que, equivocadamente, haya sido calificada su obra como de "realismo mágico" . Ahora, Iturbide está más allá de las etiquetas y muestra la realidad social desde el imaginario de ella misma, la fotógrafa Medusa que pasó de convertir en piedra a quien miraba para atraparlo en una foto. mma |
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