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| Soy un notario que da fe de hechos que duelen: Rascón Banda |
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Sandra Licona
El Universal Ciudad de México Jueves 31 de julio de 2008 |
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Desde hace 12 años, el autor de más de 50 obras de teatro vive con leucemia linfocítica crónica; luego de superar una crisis que lo mantuvo más de un año en el hospital escribió el libro "¿Por qué a mí?", en el que reflexiona sobre su vida familiar y laboral
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En memoria del dramaturgo, quien falleció esta madrugada. A continuación una entrevista que concedió a EL UNIVERSAL publicada el 11 de octubre de 2006, dentro de las páginas de la sección de Cultura.
Por su carácter sensible y su físico: "chaparro, gordito y miope", Víctor Hugo Rascón Banda no pudo ser vaquero, ni gambusino, ni narcotraficante y mucho menos se animó a trabajar a mil metros bajo tierra, aunque nació en Santa Rosa de Lima de Uruáchic, un pueblo minero de la sierra de Chihuahua, fundado por sus antepasados. Sus padres, doña Rafaela y don Epigmenio, lo marcaron de por vida al ponerle el nombre del gran novelista francés. Su destino de dramaturgo quedó marcado en 1948, año en que nació, gracias a una vieja invitación escrita en francés, que sus padres encontraron en un desván y que convocaba a los habitantes del pueblo a presenciar una obra de este autor galo.
Otro hecho que marcó su vida, paradójicamente, fue la noticia, hace 12 años, de que su salud estaba en grave riesgo a consecuencia de una leucemia linfocítica crónica, con la que ha vivido desde entonces y le ha hecho replantearse la posibilidad de dedicarse de tiempo completo a la literatura, propósito que todavía no cumple, según cuenta en su libro "¿Por qué a mí? Diario de un condenado" (Grijalbo, 2006), en el que narra su tormentosa experiencia de los últimos años. "Soy de un pueblo minero, abandonado, fundado por mis antepasados hace 400 años en la Barranca del Cobre, a la altura de Alamos, Sonora y de Navojoa. "Por un defecto físico: era chaparro, gordito y miope, me hice un niño frágil, no servía para el billar, no jineteaba y tengo varias cicatrices en la cabeza por montar novillos; tampoco fui capaz de ser un buen cazador, aunque junto con mi padre y mis hermanos salíamos a las 4 de la mañana a cazar venados, conejos o palomas pitayeras y yo jamás pude darle a nada. "Tampoco pude estar a mil metros bajo tierra en las minas de la sierra, inhundadas, llenas de serpientes y peligros, tampoco pude ser vaquero, salvo bailador, que lo sigo siendo". --¿Qué hizo entonces, además de bailar?
--Las madres en estos casos pues marcan el destino de uno, primero me puso un nombre que sacó de una invitación del siglo XIX, en francés, donde los Rascón invitaban a una obra de Víctor Hugo, en francés también, sobre un personaje femenino, muy parecido a la Esmeralda de "Los Miserables". Luego me inicié en el mundo de las letras leyendo novelas pornográficas porque descubrí de niño, a los 6 o 7 años, un baúl de libros que venían de Italia, Francia y España. Eran El de Víctor Hugo Rascón Banda era un pueblo con casas de dos pisos, techos de lata y balcones amarillos con geranios colgantes, con desvanes llenos de baules antiguos, sin energía eléctrica y con una sola escuela, donde también nacieron, entre otros, Jesús H. Abitia, el primer cineasta de este país, y doña Romanita Treviño, quien fuera indocumentada en Estados Unidos y después la tesorera en el gobierno de Richard Nixon. "Entré a la primaria a los 4 años, para acompañar a uno de mis hermanos, que reprobó mientras yo pasé al segundo grado. Terminé a los 10 años y a los 16 ya era maestro titulado, normalista y trabajaba con una plaza federal en Chihuahua, no había bachillerato, luego lo estudié en Ciudad Juárez, porque quería ser abogado. "Empecé la carrera de Derecho a los 25 años, antes fui profesor rural y de literatura. Pero volviendo a mis lecturas, un día llegó un pastor evangelista, que todavía vive en el pueblo, se llama Juan José Araujo, que me descubrió en un puente leyendo aquellas novelas pornográficas, me las quitó, las quemó y me denunció con mi familia. "Puso en mis manos las novelas condensadas del Selecciones, las primeras que leía eran de Pearl S. Buck, eran historia de adultos y de otros mundo, y jamás pude leer algo infantil, mi abuelo me regaló un día "Platero y yo" y me aburrió muchísimo. En aquella escuela, "que representaba el sistema educativo del estado", el dramaturgo, cuyo teatro se ha estrenado en Estados Unidos, Europa, centro y Sudamérica, tomaba cuatro materias básicas: composición, dramatización, recitación y asamblea escolar.
Cada semana, los viernes, tenía que componer un relato. "Mi mamá siempre hacía trampa y ella los escribía por nosotros, pero un día decidí revelarme y describí mi propia composición, basándome en una de mis pocas visitas a la mina. Imaginé una historia en la que llegaba hasta el fondo y encontraba dinosaurios, todo un mundo del paleolítico. "Me pusieron cero, con un
Autor de obras como "Voces en el umbral", "La mujer que cayó del cielo", "Cierren las puertas", "No sé soñar, me cuesta trabajo imaginar, sólo aprendí a contar, soy como un notario que da fe de los hechos que me duelen, me indignan o me frustran". -¿Es cierto que de niño fue testigo de muchas declaraciones de homicidas, ladrones y delincuentes en general? -El pueblo donde yo vivía era cabecera de distrito y ahí estaban desde el juez de paz hasta el juez civil y penal, que eran mis abuelos, por cierto, paterno y materno. Mi papá fue ministerio público durante 30 años, habilitado porque en la sierra no había abogados, y mi madre trabajaba en las tres oficinas como secretaria. El pueblo se llenaba de todos los acusados, como no había cárceles, ni hoteles, pues se tenían que hospedar en las casas de los funcionarios, es decir, en las huertas de mi casa o de mis abuelos.
"Había habitaciones para los detenidos: adúlteras, ladrones de ganados o asesinos, incluso en el pueblo hay una ley seca que data de los años 20 porque había mucha violencia, no había bailes sin muerto, entonces a mí me tocaba, como buen niño, llevarles agua y comida, las cobijas, las velas o las lámparas de petróleo, y en las mañas el café, y al salir de la escuela, como mi mamá nunca estuvo en la casa, teníamos que verla en el juzgado, en el ministerio público, entonces no sólo escuchaba todo tipo de declaraciones, aprendí a escribir en máquina antes de
Eran como Dios: daban la libertad o el perdón o condenaban a situaciones especiales, por ejemplo, si un hombre se robaba a la novia, eso se arreglaba con dos vacas, 20 chivas o tres cargas de maíz, y el suegro quedaba muy contento. La justicia era humana y se atenuaba cuando había causas justificadas de por qué un asesinato o el hambre para robar. Mi mamá era -¿Esa experiencia fue definitiva para su obra como dramaturgo? -Creo que no sería dramaturgo sino hubiera estudiado en aquella primaria, y sino me hubiera hecho experto en escuchar a las lavanderas en el río, sus historias conyugales; a los arrieros que venían de otros estados, a los braceros de entonces que nos contaban de mundos lejanos. También escuchaba el radio, todas las radionovelas de Cuba, antes de 1959, luego las de la W.
Cuando escuché la pelea del "Ratón" Macías con el "Pájarito" Moreno, desde Nueva York, le pregunté a mi abuelo que cómo era eso de una pelea y él, que tampoco lo sabía, me dijo: "es un pájaro que está peleando con ratón, deben de estar en una jaula y la gente está apostando", yo lo creí porque seguro mi abuelo también lo creyó. Descubrí la televisión, los coches y los baños hasta que llegué a Chihuahua, el mío fue un pueblo que me marca profundamente, me hizo -¿Diría que su peor vicio ha sido el trabajo?
-Decir que sí y cumplir, soy un hombre fácil, a todo digo que sí, aunque me llene de hijos, como dice el dicho. Siempre me comprometo y nunca tengo tiempo para mí. Es un grave problema, siempre le digo a mis amigos que soy un fraude, un escritor falso, virtual, porque en realidad le he dedicado muy poco tiempo a la escritura, salvo el año y medio que estuve en el hospital, que ahí sí era como un preso y no tenía más que escribir. El trabajo se ha llevado mis horas de
Nadie lo sabe, pero Víctor Hugo Rascón Banda se hizo abogado para crearse un blindaje jurídico, y parecer un hombre frío, distante, y poder sobrevivir en este mundo material y caníbal, pero por dentro es tímido, no le gusta celebrar su cumpleaños ni las multitudes. No le gusta tampoco enfrentar la edad ni a la muerte, ni verse en los espejos, ni en los aparadores, "mucho Señas particulares
Nació en 1948 en Uruáchic, Chihuahua Guionista de Cine
Días difíciles Narrador
Contrabando "El teatro es la más injusta de las artes, la amante más exigente, que sólo te regala tres minutos de aplausos, si te va bien"
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