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El récord mundial más viejo, en poder de la checoslovaca Jarmila Kratochvilova con una marca de 1:53.28 en 800 metros, cumplirá este sábado 25 años sin más amenazas que los moderados ataques de la rusa Yelena Soboleva y de la keniana Pamela Jelimo.
Soboleva, campeona mundial de mil 500 metros este año en Valencia, acaba de correr en Kazan los 800 en 1:54.85, el mismo día (18 de julio) en que Jelimo, de 18 años, conseguía la victoria en la reunión de París con 1:54.97, nuevo récord mundial júnior.
Pese a su avanzada edad, el récord de Kratochvilova disfruta todavía de un margen superior al segundo y medio sobre las mejores marcas de Soboleva y Jelimo.
La atleta checoslovaca consiguió casi sin proponérselo el asombroso registro que, envuelto en sombras del dopaje, a lo largo de 25 años ha arrojado serias dudas sobre su legitimidad.
Sucedió el 26 de julio de 1983 en el estadio Olímpico de Múnich. Kratochvilova, que sólo había corrido antes tres pruebas de 800 metros (su especialidad eran los 400), sólo pretendía afinar su puesta a punto para los primeros Mundiales (Helsinki 83).
De hecho, aquél día tenía previsto correr los 400, pero una leve molestia muscular le aconsejó competir en la distancia superior, menos expuesta a las lesiones.
Su sorpresa -recordaba- fue grande cuando al ponerse delante vio agrandarse cada vez más el trecho que la separaba de sus rivales. "No tenía liebres ni un plan especial. Ni siquiera fui controlando los tiempos. Sólo a 30 metros de la meta miré al reloj y cuando vi el tiempo me quedé estupefacta. Todavía a cinco metros de la línea pensaba que el cronómetro debía de estar averiado", rememoró la atleta hace cinco años, al cumplirse los veinte de su récord.
Kratochvilova aseguró que no sabía, siquiera, cuál era el récord mundial a batir, pero que se percató de la importancia de su marca cuando oyó el revuelo del público y los estruendosos aplausos en los últimos metros.
Diez días después, la checoslovaca de hombruna apariencia consiguió en los Mundiales de Helsinki las medallas de oro en 400 y 800 metros y una de plata en relevos 4x100. En los Mundiales de Roma'87 sólo obtuvo un decepcionante quinto puesto con 1:57.81 y unos meses después puso fin a su carrera deportiva con problemas crónicos de salud.
Kratochvilova negó siempre las acusaciones de dopaje que la acompañaron a lo largo de su carrera deportiva. "Nadie me indujo nunca a tomar esteroides", aseguró. A su juicio, fueron sus intensivos métodos de entrenamientos los responsables de sus éxitos.
"Nuestra generación tenía una gran predisposición para entrenar muy duro, y, curiosamente, la escasez de dinero en las competiciones también ayudó. Ahora los atletas van de un lado a otro cobrando mucho dinero y sin tiempo para relajarse y adquirir el punto máximo de forma. Hoy día tampoco yo podría correr tan rápido porque competiría mucho más", explicó Kratochvilova, que no solía correr más de cuatro carreras al año.
jigh
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