Festejaron como pudieron a las mamás
Sara Pantoja
El Universal

Domingo 11 de mayo de 2008

En la calle se sentía el amor, sobre todo, a las mujeres de cabello blanco y bastón. Además de la televisión, Las Mañanitas se escucharon con el organillero y en la voz, un tanto desafinada, del sacerdote de la iglesia de San Antonio

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Sin ser temporada de baratas, ayer alrededor de 100 mujeres estuvieron a punto de dar portazo en una tienda departamental de la avenida 20 de Noviembre.

Otras, más pacientes esperaron a que les asignaran mesa para desayunar. Unas más se dieron gusto solas para gastar el dinero que sus hijos les regalaron por anticipado. Así se vivió el 10 de mayo en el Centro Histórico de la ciudad.

Irma Ascencio llegó a la tienda en la avenida 20 de Noviembre con su nuera, Patricia García, su hijo y su nieto. Eran las 8:30 de la mañana.

“Pensamos que por ser Día de las Madres iban a abrir más temprano”, dijo la señora Irma. Para no desaprovechar el viaje desde Nezahualcóyotl fueron a desayunar chilaquiles, jugo de naranja y café.

Al regresar encontraron la puerta con más de 100 personas, la mayoría mujeres, a quienes se les hicieron eternos los cinco minutos que faltaban para que la tienda abriera.

En punto de las 11 horas entraron como al Metro a la siete de la mañana. Muchas fueron sobre las ofertas: “Llévatelo, sí te queda”, decían.

Otras ya tenían ubicado el departamento que querían y unas más recorrieron los pisos sin idea de qué comprar. Mientras, papás e hijos se aburrían sentados sabiendo que aquello iba para largo.

En la calle se sentía el amor, sobre todo, a las mujeres de cabello blanco y bastón. Además de la televisión, Las Mañanitas se escucharon con el organillero y en la voz, un tanto desafinada, del sacerdote de la iglesia de San Antonio, quien felicitó a todas las mamás, aun a las que viven en el recuerdo.

Ahí mismo, el Turibús hizo parada y promoción de que las mamás paseadoras pagaban la mitad. En otra esquina un vendedor de paletas de hielo felicitó a una abuelita que tenía doble alegría: el 10 de mayo y la primera comunión de su nieta.

En algunos restaurantes el festejo comenzó con rosas, como las que dieron a la familia Guadarrama Sánchez o el perfume que el Café Tacuba regaló a sus comensales mamás desde las ocho de la mañana. Como en otros lugares, también les llevaron música en vivo, con uno que otro guitarrista que les guiñaba el ojo.

Ahí estaba doña Graciela Vargas La Matriarca, como la llamaron algunas de sus seis hijas en la mesa donde sus nietos y hasta dos bisnietos compartieron las enchiladas.

Hace tres años, su pareja de 50 años de matrimonio se adelantó en el camino.

A cambio, crecieron las demostraciones de cariño de su familia, el mejor regalo de una madre.



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