Amor y odio por el Papa en NY
Wilbert Torre
El Universal

Sábado 19 de abril de 2008

“¡Viva el Papa!” gritaban los simpatizantes y cuando aplaudían los protestantes contestaban: “¡Muera el Papa!”, con los pulgares señalando hacia el suelo

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NUEVA YORK.— ¿Qué es la fe? y ¿qué es capaz de hacer un creyente en el nombre de la fe? Ayer el papa Benedicto XVI visitaba las Naciones Unidas y, fuera del viejo edificio, en medio de un fuego cruzado de gritos y versos a favor y en contra de la Iglesia católica, varias personas intentaban dar respuesta a esas preguntas.

A David Rodríguez, un mexicano nacido en Mexicali hace 42 años, la fe lo llevó a reinventarse la bandera del país que dejó atrás hace 25 años. “Se ve rete chula ¿no?”, exclamó Rodríguez, un cachanilla de piel tostada, al desplegar con ambas manos un lienzo de regular tamaño de una singular bandera mexicana: lleva el orden de los colores patrios invertidos, lo cual quiere decir que es roja, blanca y verde, y en medio no emerge un águila devorando un nopal, sino una Virgen de Guadalupe con las manos entrelazadas que asciende sobre una corona de rosas rojas.

“La traje desde Santa Ana, California, y me ha acompañado a seguir al Papa en todas partes: la Casa Blanca, la Nunciatura en Washington, hoy las Naciones Unidas y mañana donde Dios disponga”, dijo Rodríguez.

El Papa llegó a las Naciones Unidas a eso de las 10:30 de la mañana. El edificio estaba rodeado por policías con perros, policías a caballo, policías a pie, policías en helicóptero, policías vestidos de policías y policías de traje y corbata.

No pudieron verlo arribar unos mil católicos que, recluidos en un pequeño parque a 50 metros de la ONU, detrás de unas barricadas formadas por camiones de recolecta de basura, le dieron una ruidosa bienvenida con trompetas, guitarras, panderos y saxofones: “Veni-mos a ver al Pa-paaaa”, cantaban al ritmo de aquella afamada canción llamada “Tequila”.

Poco después llegaron hasta ahí los otros peregrinos: protestantes armados con unos carteles del tamaño de un refrigerador con leyendas contra los sacerdotes pederastas y vestidos con camisetas negras con unas llamas rojas simulando el infierno. También se acercaron unos 40 miembros del movimiento Creciendo en Gracia.

La policía de Nueva York dividió a los católicos de los grupos adversos al Papa, montó una hilera de vallas en medio y entonces comenzó un singular duelo de cánticos y versos.

“iViva el Papa!”, gritaban los católicos; y cuando aplaudían, los protestantes respondían: “iMuera el Papa!”, con los pulgares señalando hacia el suelo. “¡Beeeenedicto!”, alzaban la voz los fieles y los otros respondían: “¡Meeeentiroso!”

Yankel Mauricio, un católico dominicano de 25 años, hacía la mano derecha garra con un rosario enredado en los dedos y la dirigía hacia donde surgían los gritos contra el papa Benedicto.

En medio de los dos fuegos estaba parado Manuel Juárez, con su camiseta de la selección mexicana y una banderita del Vaticano en las manos.

“¿Quieren saber lo que es tener fe?”, preguntaba mientras los gritos subían de tono. “Tener fe es tener un trabajo y perderlo con tal de venir a ver al Papa”, decía Juárez. Durante seis meses estuvo desempleado hasta que consiguió trabajo como cargador en una fábrica. Tenía un mes ahí, pero su patrón no le dio permiso para venir a Nueva York a ver a Benedicto XVI.

“Pude verlo dos veces, unos segundos, y eso vale más que cualquier empleo”.

Teódula Bravo, originaria de Puebla y neoyorquina por convicción, alzaba una Virgen de Guadalupe sobre los hombros y coreaba el nombre del Papa. Fue a seguirlo hasta Washington y ayer fue a la ONU para verlo. Dejó a sus cuatro hijos nacidos en EU, incluido uno de 15 meses, encargados con su marido en su casa de Brooklyn.



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