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| Crónica: Los cubanos ya usaban celular |
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Julio I. Godínez Hernández
El Universal Ciudad de México Viernes 28 de marzo de 2008 |
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Salí del hotel en La Habana. Se acercó una mujer, morena hermosa... Fue la última vez que vi mi celular, las fotos, los mensajes
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julio.godinez@eluniversal.com.mx
“Llámale a Carolina cuando estés en Santiago, es mi amiga cubana, éste es su celular, seguro te ayuda”, me dijo Carlos en el aeropuerto antes de mi primera visita a Cuba. Salí del hotel en La Habana. Se acercó una mujer, morena hermosa, con una sonrisa grande y unos ojos bastante amigables. Luego de intercambiar saludos y nombres acordamos una visita a la vieja zona de la ciudad. Estaba consciente de que el recorrido me costaría algunos “Cucs”, como le llaman al peso cubano. Caminamos por varios barrios. Me presentó a un grupo de músicos que hizo que moviéramos el cuerpo por varios minutos en una calle muy bien iluminada del centro, hasta que mi celular vibró dentro de la bolsa de mi pantalón. La llamada venía de México. Ella volteó a ver mi equipo y tras colgar me cuestionó si tenía un número de Cuba, mi respuesta fue que no. En el acto se ofreció a llevarme a adquirir un chip para que pudiera recibir llamadas a precio más barato, vale decir que el servicio es carísimo tanto para llamadas locales a números fijos o a internacionales, -por dos telefonemas breves a México me cargaron 24 dólares a la cuenta de la habitación -. La mujer logró convencerme de que debía conseguir un chip local, pensé que sería como en muchos otros países, activación rápida, número al instante, un mail con mi nuevo número y estaría recibiendo llamadas insistentes de mi jefe. Bajamos del taxi frente a un edifico con locales, una especie de pasaje comercial. Ella me pidió que sacara mi chip del celular que me había dado la compañía. “Espera un segundo, no tardo”, dijo cerrándome el ojo. Fue la última vez que vi mi celular, mis contactos, mis fotos y los mensajes que guardaba con afecto y odio. La mujer se perdió entre los locales. Una vez dentro del edificio me di cuenta que el inmueble tenía doble entrada o salida, según se viera. “Una pregunta Caro”, le cuestioné a la amiga de Carlos en Santiago, “¿cómo conseguiste tu celular?”. La repuesta fue contundente “aquí es muy sencillo, aunque sólo lo pueden adquirir extranjeros y funcionarios, la mayoría te lo venden después de estafar a los turistas”. jigh |
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