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| "Estoy desterrado pero no libre": Omar Pernet |
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ANA ANABITARTE • CORRESPONSAL
El Universal Sábado 23 de febrero de 2008 |
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De sus 62 años de vida, 20 los ha pasado en cárceles cubanas. Su delito, oponerse al regimen de Fidel Castro. La más reciente condena era de 25 años y sólo “cumplió” con cinco, pues hace unos días fue liberado con otros tres presos y enviado a España. Le dieron a elegir entre la libertad y el exilio. En Cuba seguirá el miedo, asegura
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MADRID.— Omar Pernet tiene 62 años, pero parece de 72. Va en silla de ruedas porque le faltan ocho centímetros de hueso en su pierna izquierda, con el ojo derecho casi no ve y tiene la clavícula soldada. Además, padece una enfermedad pulmonar e hipertensión. Pernet ha pasado 20 de sus 62 años en cárceles cubanas. Siendo muy joven lo condenaron a tres años de prisión por oponerse al régimen de Fidel Castro; luego estuvo preso ocho, en 1992 pasó cinco años más y en 2003 fue condenado a 25 años. Fue uno de los integrantes del llamado Grupo de los 75, en alusión al mismo número de personas que fueron detenidas en la primavera de 2003 acusadas de conspirar con Estados Unidos para atentar contra la independencia del Estado cubano y socavar los principios de la revolución castrista. De los 25 años “sólo” cumplió cinco, aunque todos ellos incomunicado. Hace unos días, gracias a la mediación del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, Pernet junto con otros tres presos más, fue liberado y enviado a España por motivos de salud. Desde la habitación que ocupa en un hotel madrileño, cuenta en entrevista con EL UNIVERSAL lo que fueron sus dos décadas de cautiverio. No. Estoy desterrado pero no libre. Me dieron a elegir entre la libertad y el exilio. Es decir, me dijeron que me tenía que ir de Cuba si quería salir de la cárcel. Así que no me siento libre. Libre me voy a sentir el día que liberen a los otros 55 disidentes que se quedaron allí y que detuvieron conmigo, y a los demás presos políticos. Entonces me sentiré libre. Y también me sentiré libre cuando pueda caminar por las calles de Cuba. Con mentiras. Me prometieron que me dejarían despedirme de mi familia, pero no lo hicieron. No me dejaron hablar con mis tres hijos, ni siquiera por teléfono, ni ver a mi nieto, ni a mis hermanos, ni ir a mi casa a recoger mis cosas. Tampoco me dejaron viajar con mi sobrina. A ella la mandaron a Miami... A las autoridades españolas (no) les dejaron reunirse con nosotros cuatro hasta que subimos al avión. Al entrar, el embajador español en Cuba nos dio la bienvenida y nos dijo: siéntanse libres, que están en territorio español. Y no me sentí libre, pero sí feliz porque desde ese momento he recibido tanta solidaridad y hermandad. Teniendo mucha fe en que mi lucha servirá de algo y en que algún día las cosas cambien. Y pensando en los muchos presos cubanos que siguen en Cuba en peores condiciones de las que yo estaba. Y soñando con una Cuba libre y democrática. Leía mucho cuentos y novelas, cualquier papel que me caía en la mano. No. Estaba solo y encerrado todo el día. Sólo una vez cada día me sacaban una hora a un pasillo al aire libre, pero siempre yo solo. Y cada tres meses podía ver a mi familia durante dos horas y cada cinco meses había un encuentro conyugal. La celda era igual de ancha que mis brazos y el largo era el de una cama con un sobrante de medio metro en el que había un hueco en el piso que le dicen servicio turco. A ese hueco bajaba una tubería que echaba agua para bañarme, para tomar y para el servicio. Allí pasaba todo el día. Allí comía y cenaba lo que me llevaba mi familia. Cada tres meses me traían pan, leche en polvo, azúcar, café instantáneo, queso… Y yo lo guardaba amarrado para que no se lo comieran las cucarachas, las hormigas y los ratones. La primera vez que me detuvieron en 1965 me llevaron a la Unidad Militar de Ayuda a la Producción, que era un campamento de esclavos, y allí sí nos pegaban con palos si nos veían que comíamos un plátano de los que recogíamos o un poco de caña. Era tanta el hambre que teníamos que aun así agarrábamos algún plátano y enterrábamos la cáscara para que no la vieran. Pero en estos últimos cinco años si digo que se me dio un golpe diría mentira. En España están muy esperanzados con que las cosas cambien, pero yo creo que Fidel Castro seguirá a la sombra de Raúl y las cosas no cambiarán nada, desgraciadamente. Seguirá dando las órdenes y continuará al frente del país. Y en Cuba seguirá habiendo mucho miedo como hay ahora y el pueblo continuará callado.
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