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Triunfa Jodie Foster en cine de acción
EFE
El Universal
Madrid, España
Miércoles 19 de septiembre de 2007

Lidera The Brave One, cinta protagonizada por la actriz, la taquilla de Estados Unidos

La actriz Jodie Foster, tras ganar dos Óscar de Hollywood, ha conseguido una gesta si cabe más difícil: la de lograr dos éxitos en el cine de acción sin un compañero de cartel masculino. Tras Panic Room (2002), ahora lidera la taquilla en Estados Unidos con The Brave One.

En un género tan tradicionalmente viril como el del cine de acción, sólo actrices como Sigourney Weaver, Angelina Jolie, Uma Thurman y la propia Foster, pueden presumir de haber recibido la bendición del público como heroínas en solitario.

Por ello, sigue siendo una apuesta arriesgada por parte de Hollywood confiar en un nombre de mujer el éxito de este tipo de películas y, aunque las tornas han ido cambiando, todavía puede considerarse una excepción el resultado comercial de The Brave One.

Foster, que con Panic Room, de David Fincher, amasó 95 millones de dólares en la sólo con público de Estados Unidos, no tuvo la misma suerte con Flightplan (2005), pero retoma su efectividad para la violencia cinematográfica con esta película, dirigida por Neil Jordan y en la interpreta a una mujer que venga la muerte de su marido.

Ridley Scott fue el primero en trasgredir el que parecía un axioma del cine de acción y decidió que, para enfrentarse a Alien (1979), el papel principal tendría que recaer en una mujer: Sigourney Weaver.

La actriz prosiguió encarnando a la Teniente Ripley durante tres entregas más y, en la segunda de ellas, Aliens (1985), su pericia como heroína de acción convenció incluso a los académicos de Hollywood, que la hicieron finalista para los Oscar.

Ese logro lo había conseguido antes Gena Rowlands en Gloria (1980), ganadora del León de Oro en Venecia y en la que su marido, el llamado "padre del cine independiente americano", John Cassavetes, le brindó un personaje que, por defender la vida de un niño, se enfrentaba a un clan mafioso.

Habría que esperar hasta el año 2003 para que la acción, la feminidad y el éxito de crítica volvieran a coincidir, gracias a la mano de Tarantino y su díptico de Kill Bill, en el que la sanguinaria e hilarante venganza, llena de guiños a la serie B y de piruetas estilísticas, tenía como absoluta protagonista a Uma Thurman.

Menos prestigio, pero mucha rentabilidad tuvieron las aproximaciones a la acción de Angelina Jolie, convertida para el cine en el voluptuoso personaje de videojuego Lara Croft: Tomb Rider (2001); Ashley Judd, cuyo breve reinado cinematográfico se articuló alrededor de títulos como Double Jeopardy (1999), y Kate Beckinsale, que se enfrentó a una legión de vampiros y hombres lobo en Underworld (2003) y su secuela.

Pero no una, sino tres mujeres fueron los responsables de otra exitosa saga, aunque ésta venía con la garantía de haber funcionado ya en televisión: los Charlie's Angels fueron, en pantalla grande, Cameron Diaz, Drew Barrymore y Lucy Liu, con las que se han realizado, hasta la fecha, dos multimillonarias entregas.

En la segunda de ellas, hacía una reaparición estelar Demi Moore, que después de títulos como Ghost (1990) o A Few Good Men (1992), detonó su decadencia con una cinta de acción, G.I. Jane (1997) en la que, pese a sus esfuerzos físico y pelo rapado, no pudo evitar el fracaso comercial y crítico.

Geena Davis, que junto a Susan Sarandon había emprendido una aclamada huida en Thelma & Lousie (1991), tampoco encajó en el cine de acción y los títulos que su marido Renny Harlin creó para ella - Cutthroat Island (1995) y The Long Kiss Goodnigh (1996) - a punto estuvieron de sepultar su carrera como actriz.

Catwoman, al separarse de Batman y cambiar a Michelle Pfeiffer por Halle Berry, fue uno de los tropiezos comerciales más escandalosos de 2004, mientras que Resident Evil (2002), con Milla Jovovich, no estuvo a la altura de las espectativas del estudio.

Charlize Theron, como superheroína en Aeon Flux (2005), no consiguió salvarse a sí misma en la taquilla y, finalmente, no por esperado fue menos espectacular el batacazo de Barb Wire (1996), el film diseñado para las despampanantes medidas de Pamela Anderson.

mzr/amr



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