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| Hartazgo en EU por Irak |
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JOSÉ CARREÑO • CORRESPONSAL
El Universal Martes 11 de septiembre de 2007 |
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Una encuesta del diario USA Today señala que 60% de los estadounidenses piden retirar tropas de Irak. El jefe militar de EU en el país árabe previó el retorno en 2008
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WASHINGTON.— La acción militar como respuesta política se convirtió en un mantra de la política exterior estadounidense después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 (11-S), pero la intervención en Irak mostró sus limitaciones al grado de que algunos analistas se refieren al “final de la era estadounidense”.
En la cauda del mayor ataque terrorista jamás realizado en EU, el diario francés Le Monde señaló: “Todos somos americanos”. Pero el momento de unión y simpatía comenzó a desvanecerse cuando la “guerra contra el terror” comenzó a parecerse a las metas geopolíticas de grupos “neoconservadores” y la política exterior estadounidense quedó a merced del debate político nacional.
“Debido a Irak, hemos perdido nuestra unidad interna y mucha de nuestra posición e influencia en el exterior”, indicó David Abshire, historiador y cofundador del centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS) de Washington. La realidad es que excepto en épocas durante las que parece que la existencia misma del país está amenazada, como en la guerra fría, la idea de unidad entre los estadounidenses es un equívoco. Lo que existía, y no parece haber ahora, es la disposición a aceptar los dictados de la mayoría y que un gobierno aplique una política exterior que interprete los intereses de EU.
La “guerra contra el terror” y la intervención militar en Irak llevaron a la adopción de medidas domésticas que tuvieron una repercusión externa inmediata: de los crecientes inconvenientes para los viajeros y el comercio a la creación de prisiones clandestinas representadas ahora por Guantánamo; de una creciente hostilidad a inmigrantes indocumentados hasta choques diplomáticos con países en desacuerdo con alguna posición.
Después del 11- S, el presidente George W. Bush planteó que para EU la situación era de “con nosotros o contra nosotros”, y si bien matizó esa posición, es claro que ha tenido un efecto en su política exterior, dominada por la guerra en Irak, en una situación en la que las necesidades de política doméstica relegaron y hasta confrontaron sus relaciones con el resto del mundo y el debate doméstico mostró la cara intolerante de la mayor potencia militar y económica mundial.
La tesis que sostienen muchos estadounidenses, de que gracias a su poder y su moral, EU es una fuerza “por el bien” se filtra en el proceso de decisiones de su política exterior, pero lo que fue una virtud en un mundo con competencia por el poder tiene una imagen distinta en un mundo unipolar.
Y mientras Medio Oriente parece acaparar el interés de la diplomacia de EU, las relaciones con otras regiones del mundo parecen seguir en el limbo, cuando no en el continuo deterioro provocado por una campaña presidencial en la que un candidato propone el bombardeo de los sitios sagrados musulmanes y otros abogan por la construcción de una muralla en la frontera con México.
Charles Kupchan, analista de la institución Brookings, dice que la primacía de EU en el mundo pasó su momento culminante. “Si eso es cierto, las políticas adoptadas por el gobierno Bush —preeminencia, preservación de unipolaridad, actuar primero— han sido las incorrectas porque debíamos prepararnos para un mundo con múltiples centros de poder”.
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