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Muestra Berlín evolución del diseño con objetos del siglo XX
EFE
El Universal
Berlín
Miércoles 15 de agosto de 2007

Sillones tallados en madera, vajillas de porcelana, tijeras, tabaco para mujeres y lámparas de metal son algunos de los objetos que sirven para repasar los conceptos de funcionalidad y belleza durante el siglo pasado

El Museo de las Cosas de Berlín repasa la evolución de los conceptos de funcionalidad y belleza en cuanto al diseño de los objetos cotidianos en una muestra que documenta tanto el espíritu de cada época como los cambios sociales ligados a la invención de algunos de esos utensilios.

Desde inmensos sillones tallados en madera, a las primeras vajillas de porcelana, unas rudimentarias tijeras, el tabaco para mujeres, fiambreras de plástico, lámparas de metal o jarrones de Ikea, todo tiene cabida en esta colección, recopilada durante más de cien años por una asociación de artistas, diseñadores y empresarios industriales alemanes, el Werkbund.

El recorrido histórico no sólo permite documentar el pasado europeo y la innovación tecnológica a través de baúles, jarrones y cafeteras sino relatar el devenir de una sociedad en continuo movimiento y cambio social a través del diseño industrial alemán.

Las aristocráticas jarras de bronce, los transistores producidos en masa o los modernos ordenadores portátiles fueron elevados al concepto de arte por los intelectuales y empresarios del Werkbund, como paradigmas del diseño, por su funcionalidad y belleza, de acuerdo con los parámetros de una determinada época.

Así, el visitante puede sorprenderse con las peculiaridades de ciertas piezas de la muestra "La lucha de los objetos. 100 años del Werkbund", como las almohadas bordadas con la imagen de Adolf Hitler o las miniaturas del "Führer", enmarcadas en la instalación "La belleza entre 1933 y 1945".

Los juegos de té con el emblema de los Juegos Olímpicos de 1936 o los vasos y banderolas con símbolos del régimen nacionalsocialista son algunos de los elementos englobados con el lema "Kitsch nazi".

Y ese particular sentido de la estética cuenta también con una vertiente simbólica respecto a las piezas agrupadas en "La belleza de la pobreza" en que metales oxidados y objetos medio rotos dan testimonio de la miseria que prosiguió a la derrota alemana en la II Guerra Mundial.

Uno de los eslóganes de la muestra y del colectivo artístico que la organiza responde a ese espíritu de superación, típicamente alemán, con el lema "sólo la naturaleza crea cosas perfectas. El resto debe mejorarse constantemente".

Y, en reconocimiento a ese afán por evolucionar, el museo rinde su particular homenaje al fabricante de electrodomésticos Braun, cuyos transistores, televisores, exprimidores e incluso maquinillas de depilar formaron parte de muchos hogares europeos.

El Museo de las Cosas, inaugurado este verano con motivo del centenario de la asociación, muestra a su vez las diferencias que separaron, incluso en el diseño de objetos cotidianos, a las dos Alemanias antes de la reunificación de 1990.

Los nostálgicos de la extinta República Democrática Alemana (RDA) podrán redescubrir productos propios de esta época, desde dentífrico, crema para las manos y el tradicional muñeco navideño Sandmann o los típicos sombreros de espías, los emblemas políticos o los retratos del ex jefe de Estado Erich Honecker.

Uno de los apartados que mejor documenta los cambios sociales a través de los objetos es el dedicado a los souvenirs. Conforme mejoraban los medios de transporte, aumentaba el poder adquisitivo y se popularizaba el arte de viajar, proliferaron los ya corrientes objetos de recuerdo, que no lo eran tanto hace 60 años.

Un grabado de un koala o de una pagoda china, un busto de Juan Pablo II, una reproducción en miniatura de una esfinge egipcia, una torre Eiffel o un cenicero con la imagen de la sirenita de Copenhague son algunos de los elementos más "kitsch" que recupera la muestra del Museo de las Cosas.

El cuerpo humano también es objeto de interés, desde el punto de vista del diseño, para los intelectuales del Werkbund que aglutinan en su colección desde modelos anatómicos de pies y manos, a los bustos de las primeras maniquíes para sombreros o pelucas, las estilizadas Barbies y el simpático y rechoncho muñeco de Michelín.
cvtp



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