![]() | Formato de impresión patrocinado por | ||
| Cancún, paraíso poblado por solitarios |
|
JUAN VELEDÍAZ, ENVIADO
El Universal Domingo 29 de julio de 2007 |
|
Quintana Roo ocupa el primer lugar nacional en suicidios. La falta de cohesión social y el desarrollo, entre las causas del problema, advierten especialistas
|
|
CANCÚN, Q.R.— Cuando los rescatistas de la Cruz Roja encontraron el cuerpo de un hombre de no más de 50 años tirado sobre la acera, lo que más les llamó la atención fueron los cortes de sus brazos y torso, hechos con pedazos de vidrio rotos, y que estuviera vivo luego de arrojarse desde un tercer piso. “Lo que nos dijo cuando nos acercamos fue: ‘Déjenme, no quiero que me lleven’; parecía seguro pero lo cargamos y lo subimos a la camilla”, recuerda Ricardo Portugal, paramédico y director de la institución en este puerto. La voz del herido parecía desvanecerse en medio del ajetreo y el ruido de la sirena de la ambulancia, comenta. En el trayecto al hospital le quitaron la camisa para atenderlo y descubrieron que tenía escrito con plumón en la piel el nombre de una mujer y un mensaje en letras grandes que decía: “Para que nunca te olvides de mi”. El herido era originario de Jalisco, vivía desde hacía más de 10 años en Cancún. Un abogado con trabajo estable, aparentaba no tener problemas. Había intentado suicidarse arrojándose desde la azotea de un edificio de tres niveles localizado en la supermanzana 65, como se le conoce a una área céntrica de calles compactas y hoteles baratos dentro de una zona de clase media, pero no lo logró. Era la primera vez que lo intentaba, confesó. Mientras lo atendían, contó que le pesaba vivir solo luego de que su pareja lo abandonó hacía algunos meses. Dijo llamarse Miguel y su caso no es atípico, es uno más de los 117 intentos de suicidio registrados por la Cruz Roja hasta el pasado 17 de junio. Es el prototipo que muestra a una víctima con cuadro depresivo agudo, ingesta de alcohol y falta de arraigo entre la comunidad, factores característicos del problema social y de salud que tiene a Quintana Roo desde hace dos años en el primer lugar nacional en el índice de suicidios con 121 registrados en 2006 y 112 en 2005. El dato puede ser un síntoma de la crisis que vive la población de una ciudad con 37 años de existencia y que no deja de crecer. También el de un estado que triplica la media nacional de 3.4 suicidios por cada 100 mil habitantes. El año pasado alcanzó 9.8 luego de que a partir de 2002 llegó, junto con Tabasco y Campeche, a los primeros lugares. Del campo a la “cuartería” Fue una tarde de sábado cuando “Efraín” llegó a la habitación que rentaba por mil pesos junto con otros seis tabasqueños en la calle Juárez en la colonia Bonfíl, un zona donde viven migrantes de escasos recursos en el viejo centro de Cancún. Dicen los vecinos que lo vieron entrar pero ya no salir hasta el domingo en la tarde cuando sus paisanos lo encontraron colgado con un lazo de hamaca ya sin vida. Podría haber sido un suicidio más, pero dos semanas después, a principios de abril pasado, uno de sus compañeros se colgó con el mismo procedimiento. Vivían en habitaciones separadas por un pasillo en una vecindad donde migrantes de Tabasco y Chiapas se hacinan en espacios de 10 por 12 metros, sin servicios dentro, conocidos como “cuarterías”. La colonia Bonfíl es una de las zonas habitacionales donde abundan estos sitios que se rentan a grupos de trabajadores que llegan a emplearse en la industria de la construcción o en la hotelería. Misma dirección mismo procedimiento, reportaron los paramédicos de la Cruz Roja. Usaron lazos de hamaca que son resistentes al peso y no dejaron recado póstumo. De ambos la autoridad judicial informó que eran pareja, tuvieron una desaveniencia y uno de ellos decidió acabar con todo. Su compañero no aguantó y lo siguió al poco tiempo. La vida en las “cuarterías” es uno de los signos que identifica a la mayoría de migrantes que llega a Cancún, dice Alfonso Jiménez, profesor e investigador de la Universidad del Caribe, quien elaboró una investigación sobre el impacto del turismo en la comunidad. Como polo de atracción migratoria Cancún es la ciudad más despersonalizada del país, explica, es difícil encontrar en la comunidad individuos con una identidad conformada. El impacto social del desarrollo turístico que ha tenido el puerto no ha sido medido en proporción a la tasa de crecimiento demográfico, pareciera que se reduce a la parte económica, añade. En las calles aledañas al parque El Crucero, un sitio del antiguo centro donde acostumbran reunirse cada mañana los migrantes que buscan contratarse en la zona hotelera, habitan la mayoría de los 43 mil migrantes que se estima cada semana llegan al puerto. Hay un dicho entre ellos que dice: “Cancún a los tres meses te adapta o te escupe”. El síndrome del migrante Lo encontraron recostado en el piso de cemento de la choza donde vivía con sus padres en puerto Juárez, una comunidad a menos de 20 minutos de Cancún. Tenía seis años de edad y ha sido la víctima más joven que se ha suicidado en el último año. El chico se colgó con el lazo de una hamaca por una discusión que tuvo con su madre; su familia, que era poca, así lo descubrió, lo bajaron y acomodaron en el suelo hasta que llegó la ambulancia. El suicidio de niños no es una constante, como tampoco lo es en ancianos, señala Ricardo Portugal. Han existido casos de mujeres maduras que toman gasolina o de chicas de secundaria que se tragan el contenido de un frasco de pastillas, pero no hay edad específica en los 64 casos registrados hasta el 23 de julio de 2007. La raíz está en la depresión y el agobio que lo atenúan otras variantes fuera del ámbito médico. Una de estas variantes es el factor de cohesión social que no existe entre la mayor parte de la población y que algunos llaman “el síndrome del migrante”. En colonias marginadas, sin servicios de ningún tipo, como “la chiapaneca”, localizada en medio de la selva a orillas de la carretera que viene de Mérida, se da mayor cohesión porque gran parte de sus habitantes son de fe cristiana. Esta es un comunidad de no más de 800 habitantes donde la gente no se quita la vida, según el “Estudio General sobre el Suicidio en Quintana Roo y Estrategias de Prevención”, coordinado por Marisol Vanegas, maestra en Planeación y Desarrollo Turístico en la Universidad La Salle. Cancún tiene una población estimada en 800 mil habitantes y se prevé que alcance su primer millón en menos de dos años. Fuera del ámbito administrativo, una ciudad es un conjunto de memorias, deseos, signos del lenguaje; son lugares de trueque, no sólo de mercancía, sino de deseos y de recuerdos. Estos son algunos factores de la naturaleza humana con los que se construye la cohesión, dice Vanegas. En Quintana Roo, según la Secretaría de Salud, entre 70% y 80% de los casos de suicidio están asociadas al consumo de sustancias depresivas, como alcohol y mariguana. De los suicidios registrados hasta la fecha, cerca de 40% son varones solteros, porcentaje similar al de mujeres en igual condición. Lo que muestra el estudio es que el factor depresivo no es exclusivo de trabajadores turísticos o de la construcción. El fondo del fenómeno es que no hay redes sociales, hay desarraigo y falta de cohesión que hace que mucha gente que llega se sienta sola, explica. También que quienes viven en los desarrollos habitacionales recién construidos no tienen áreas públicas ni parques, lo que se suma al factor de identidad que no se logra más que por el lugar de origen, como en el caso de las “cuarterías”. Una primera conclusión del estudio fue que en Cancún el sistema turístico no está hecho para el desarrollo regional. Uno de los impactos es el desarraigo de los migrantes, algunos que van y vienen en menos de un año y otros que se quedan menos de cinco años. Lo único evidente es que la melancolía habita también en el paraíso, como se asocia a la ciudad poblada en su mayoría por solitarios.
|
|
© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL |