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El fracaso en el futbol tiene sus razones

El Universal

Lunes 23 de julio de 2007

Hay mucho dinero y grandiosas instalaciones, jugadores en Europa y entrenadores calificados, pero el resultado es siempre el mismo ¿por qué?

La historia en México ha demostrado que para jugar bien al futbol no es suficiente poner la infraestructura y los dólares sobre los jugadores que integran la Selección Nacional, sino invertir en los nuevos cuadros que podrían participar como seleccionados en Mundiales de las diferentes categorías y en justas internacionales.

En la Copa del Mundo pasada, la Federación Mexicana de Futbol obtuvo ingresos totales —boletaje, publicidad y convenios— por más de mil 200 millones de pesos. 40%, poco más de 400 millones, fueron destinados a la Selección Nacional y, 25% de ese monto cayó en los bolsillos de su técnico, el argentino Ricardo La Volpe.

No es extraño que la FMF, que concentra la mayor parte de recursos en el seleccionado nacional, haya dado resultados tan pobres en las últimas décadas.

¿Por qué no ganan los mexicanos? Es una pregunta que se hace una buena parte de la población nacional y los especialistas extranjeros. Personalidades de futbol, descubridores de talentos y formadores de estrellas de la talla de Gabriel Omar Batistuta se han maravillado al contemplar el Centro de Alto Rendimiento de la Federación Mexicana de Futbol, al sur del Distrito Federal, en el que con orgullo entrenan los que visten la camiseta verde nacional. ¿Y por qué no ganan?, se han preguntado. Pero lo que figuras como el argentino Jorge Griffa y el suizo Joseph Blatter, actual presidente de la FIFA (Federación Internacional de Futbol), no se han detenido a pensar es que las instalaciones y el dinero obtenido sólo se dirigen a la élite mexicana de jugadores y no hacia los jóvenes, los nuevos talentos, quienes aspiran jugar una Copa del Mundo.

Los seleccionados escogidos pueden ganar un salario anual de hasta de un millón de dólares. Cuauhtémoc Blanco, el jugador profesional que apenas hace unos días aceptó el llamado para integrarse a una liga estadounidense, llegó a ganar hasta 2 millones de pesos mensuales, una cifra que le tomaría 200 años ganar a un jornalero que percibe el salario mínimo.

¿Cuántas veces se ha visto alinear en torneos de talla mundial a seleccionados que todos sabemos ya vivieron sus mejores años y que no tienen nada qué hacer en una cancha de talla internacional? Los ejemplos sobran y se desploman a ras de césped.

Expertos como Francisco Javier Plascencia —ex jugador y hoy diputado federal— aseguran que el problema principal es que la mayor parte de los recursos van a la Selección Nacional y a jugadores de Primera División que ya no están en proceso de formación. A ellos se les pagan los mejores sueldos y se les facilitan las mejores instalaciones. En contraste se invierte muy poco en infraestructura para las nuevas generaciones o en la búsqueda de nuevos talentos. “Migajas es lo que se invierte en las Selecciones Juveniles o en la capacitación de entrenadores”, dice Plascencia.

Las Selecciones Juveniles de México, tanto la varonil como la femenil han dado una bofetada con guante blanco al alcanzar resultados sorprendentes. La segunda está dentro de las semifinales en los Juegos Panamericanos y la Sub-17 ha desempeñado el mejor papel de los últimos tiempos, convertida en monarca del mundo apenas en 2005.

Muchos años de futbol han pasado sobre la historia mexicana. Pero para el argentino Avel Alves, director técnico de las fuerzas menores del club Boca Juniors, la comparación es simple con México: “Argentina les lleva años luz en la búsqueda de talentos”. Pero va más allá cuando dice que si ellos no se esforzaran en formar jugadores, simplemente el futbol argentino no existiría. La venta de jugadores hacia el extranjero es el motor para ir en busca de nuevas estrellas y entrenarlas.

El hecho es que Argentina sacó de la Copa América a la Selección Nacional y ésta a su vez no pudo con la escuadra de Estados Unidos, un país donde no hay tradición futbolística y hasta 1996 ni siquiera contaba con una liga profesional. Pero en 2005 y 2007 ganó la Copa de Oro de la Concacaf.

México cuenta con un Centro de Alto Rendimiento que costó 16 millones de dólares y comparable con Francia e Italia en tecnología, pero para que jugadores de Segunda División o amateures puedan jugar el balón en sus pastos amortiguados falta mucho todavía.

Debe haber inversión en jugadores más jóvenes. Para el periodo 2007-2010, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) estima recibir casi 200 millones de dólares por derechos de comercialización de la Selección Nacional.

Y con seguridad, de nueva cuenta 40% de ese monto será destinado a la escuadra tricolor mayor y, por supuesto, al técnico nacional.



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