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La de las fotos. Por Lulú Petite

Me gustan las fotografías. Las primeras me las tomé hace mucho. Todavía trabajaba en la agencia, con el hada. Ya te he contado que era una buena jefa, nunca tuve algo de qué quejarme mientras trabajé con ella. La verdad es que pagaba bien y tenía un directorio bastante grande de clientes. Siempre había trabajo y lo mejor, era que no tenía que preocuparme por promocionarme.
Muchos clientes tenían a sus favoritas. Yo tenía uno que se llama Eduardo.

Lulú Petite Muchos clientes tenían a sus favoritas. Yo tenía uno que se llama Eduardo. . (Foto: Cortesía de Lulú Petite )

Ciudad de México | Martes 27 de noviembre de 2012 Por Lulú Petite | El Universal07:09

Querido Diario:

¿Que si la chica en las fotos de El Gráfico soy yo?

Supongo que desde que comenzó a publicarse esta columna es una de las preguntas que más he leído. La respuesta es sí. Soy yo.

Me gustan las fotografías. Las primeras me las tomé hace mucho. Todavía trabajaba en la agencia, con el hada. Ya te he contado que era una buena jefa, nunca tuve algo de qué quejarme mientras trabajé con ella. La verdad es que pagaba bien y tenía un directorio bastante grande de clientes. Siempre había trabajo y lo mejor, era que no tenía que preocuparme por promocionarme. Ella se encargaba de conseguir a los clientes, acordar a dónde debía ir y, claro, cuánto debía cobrar.

Su agencia, cuando la dejé, era como una torre de control. Por celular se nos decía a dónde ir, si se trataba de una fiesta o era algo más íntimo. Nos explicaba la jugada y cada quién decidíamos si íbamos o no. De lo que cobrábamos ella se quedaba con una comisión, pero no era encajosa. Nosotras trabajábamos bien y con señores que, sabíamos, no se iban a pasar de lanzas.

Su agencia no era de las que se anuncian, sino algo entre club privado y círculo secreto. Como cliente, al hada no puedes encontrarla en un periódico o buscando en internet. Ella solamente atiende a quienes conoce de hace tiempo, puros señores de altos ingresos, con una reputación que cuidar y un gusto que mantener, para que el hada reciba a alguien como cliente nuevo, otro cliente debió recomendarlo.

Muchos clientes tenían a sus favoritas. Yo tenía uno que se llama Eduardo. Un empresario español, cincuentón, guapo, de mucha lana y fotógrafo aficionado. Una noche estábamos en su depa. Él vivía en Barcelona, pero tenía negocios en México y rentaba un depa, para cuando venía.

Aquella noche él estaba desnudo, con una toalla rodeándole la cintura. Recién salía de darse un baño. Así, se acercó, me besó y me empezó a meter mano por todos lados. Cuando dejó caer la toalla su sexo ya comenzaba a abultarse. Se la agarré y me puse en cuclillas para chupársela.

-Te he extrañado- Me dijo acariciándome la nuca.

Le respondí con una sonrisa o con esa mueca que, teniendo un pene en la boca, pudo asemejar una sonrisa.

Algo que me gusta de Eduardo es que siempre huele delicioso. Tiene además los huevos bonitos. Puede parecer una tontería, pero hasta en eso hay diferencias. Algunos hombres tienen unos tanates terriblemente colgados y más arrugados que sobaco de tortuga, otros tienen más pelo que los huevos de King Kong, los peores son los que apestan. Hay huevos que pueden olerse a un kilómetro de distancia. Hay en cambio algunos, que parecen conchitas, limpios y acicalados. Así los tiene Eduardo.

-Hazme el amor- Le pedí cuando mi mandíbula comenzaba a cansarse.

En cuanto me recosté, él separó mis muslos y entró en mi cuerpo. Allí estaba penetrándome con deseo metiéndose hasta el fondo, regalándome besos, ardiendo y haciéndome arder.

Después del sexo, como siempre, conversamos. De pronto, cuando estaba por despedirme, me pidió mi celular. Ya lo veía como un buen cuate y quise darle mi número, pero no darle a un cliente tu número privado era una regla de oro del hada. No sé cómo, pero siempre cachaba a las que querían volarle clientes quitando al intermediario y dejaba de trabajar con ellas. Yo siempre he sido derecha. No me gusta jugarle chueco a nadie, así que se lo comenté a Eduardo: Si quería verme, debía seguir siendo a través del hada.

A él le pareció bien, no quería mi teléfono para ahorrarse una lana, sino para estar en contacto conmigo. Sin embargo, en ese momento, como si le hubiera caído el veinte de que parte de lo que me pagaba iba a dar a otras manos, me preguntó si no conocía las páginas de internet de anuncios escort.

Francamente había escuchado hablar de ellas, pero no las conocía. Él tenía allí su computadora, la encendió y me enseñó una página. Todo lo que tenía que hacer era sacarme unas fotos, mandarlas con un número telefónico, pagar una cuota fija y podía empezar a trabajar por mi propia cuenta. Estuvimos un buen rato hablando de eso.

Con el hada no se manejaban fotos, así que necesitaría unas. En ese mismo momento, en el depa de Eduardo me saqué las primeras. Él tomó su cámara y me retrató en un sillón, en la alfombra y en la cama. Al final esas no fueron las fotos con las que me anuncié, pero sí las primeras que me tomé en pelotas. Más o menos un mes después dejé al hada y comencé a anunciarme en internet. Ahí empezó mi historia como independiente.

El domingo pasado, con mis amigos de El Gráfico me tomé unas nuevas fotos para decorar esta colaboración. Las hice con mucho amor y la esperanza de que te gusten. Ahora que si aún dudas de que la chica de las fotos soy yo o de que en verdad existo, hay una manera muy fácil de comprobarlo. No es barato, pero fácil sí.

Un beso
Lulú Petite

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