El Universal
 
El Gráfico

Más sueño que ganas por Lulú Petite

Es una ventaja que tenemos las mujeres, nuestra libido es mucho menos obvia que la de ustedes, por más que nos mojemos, jamás será tan evidente que estamos excitadas
Más sueño que ganas por Lulú Petite
Lulú Petite   Muchos clientes me hacen disfrutar, pero no todos. En mi negocio, el único placer que está pagado y debe procurarse es el del cliente (Foto: Lulú Petite )
Imprimir | Envíar |
Lulú Petite
El Gráfico
Ciudad de México Jueves 12 de julio de 2012
08:22

Querido Diario:  
 
Uno:

Tú lo sabes, prefiero dormir sola, pero me encanta despertar contigo. Aunque no te quedes seguido, ni sea mi deseo que lo hagas, cuando sucede, me encanta sentirte a mi lado, casi desnudo, con nuestros cuerpos pegados y tu erección mañanera apuntando al techo, a la puerta o a mis piernas. Me gusta despertarte acariciándola, sintiendo la suavidad de tus vellos, lo delgado y tibio de la piel de tu erección, las costuras torcidas de tu circuncisión que, probablemente, habrá hecho un carnicero.

A veces me mojo un poco, viéndote amanecer con aquello erguido y palpitante ¿Te acuerdas cuando para despertarte me la metí a la boca? Apenas podías creer lo que estaba pasando, pero bien que llevaste tu mano a mi nuca y me dejaste continuar. Qué rico cogimos ese día ¿Verdad? Yo no sé por qué cuando te hacen fregaderas, dicen que son mamadas, si las mamadas son tan sabrosas. Hoy no hubo tiempo del mañanero, tenías reunión temprano, así que saliste como bala a buscar ropa limpia a tu casa.

Dos:

Tú no lo sabes ¿Qué harás cuando te enteres? O será mejor seguir con esto mientras dure y disfrutarlo. Después de todo, al final puede que terminemos sin que tengas que enterarte de nada. Tú no lo sabes, pero al poco rato que te fuiste, prendí mi celular de trabajo y cayó la primera chambita del día. Ni modo mijo, hay que ser trabajadora.

Era un señor como diez años mayor que tú. No guapo, pero interesante, tenía pinta de doctor, pero me dijo que es economista, nunca he sabido bien a bien que hacen los economistas, pero los que he conocido cogen rico. Él, además, era agradable. No sé por qué, pero me prende cuando siento la erección de un hombre crecer bajo su pantalón.

Igual inconscientemente me complace notar que los estoy excitando. Es una ventaja que tenemos las mujeres, nuestra libido es mucho menos obvia que la de ustedes, por más que nos mojemos, jamás será tan evidente que estamos excitadas como la carpa que se levanta bajo sus chones. Me gusta tocarla por encima del pantalón, sentir más o menos qué es lo que voy a atender. Fue un buen cliente, me pagó dos horas y nos enroscamos juntos haciendo el amor hasta que caducó su tiempo.

Tres:

Atendí a un segundo compromiso después de la comida. Es un cliente a quien veo seguido y a quien aprecio bien. Me encanta su forma de hablarme y de consentirme. Además es bueno en la cama, siempre me pongo chinita cuando me lo mete. Mis senos se ponen duros, mi vientre se aprieta, mis muslos se contraen, tiene una forma de coger tan entusiasta que raramente me deja sin orgasmo. Es un tipo dulce y alivianado, no es de los que quieren coger y coger toda la hora, con él basta uno y puede ser muy breve, pero siempre espléndido. Es una de las ventajas que más disfruto de poder llegar muy rápido al orgasmo.

Cuatro:

De cualquier forma, me gusta más coger contigo. Muchos clientes me hacen disfrutar, pero no todos. En mi negocio, el único placer que está pagado y debe procurarse es el del cliente. En cambio tú, siempre estás allí para mí, para buscar mis orgasmos y mi gratitud. A veces te pienso y me dan ganas de correr a donde estés, de dejarte hacer con mi cuerpo tu voluntad, abrir las piernas y dejar que me cojas a placer, que me atravieses y me pongas en el cielo ¿Te cuento una cosa? A veces me masturbo pensando en eso.

Cinco:

Hubo tiempo para un compromiso más. Ya era noche, pero como no confirmaste si nos veríamos o no, la chamba es chamba mijo y hay que pagar las cuentas. Era un cliente nuevo, joven y guapo. Acaricié con mi mano su sexo que aun parecía dormido, paciente. Era un chilito pequeño, habanero, le digo yo. Muy colorado y de apenas unos dos o tres centímetros. Algo podrá hacerse con él -pensé- después de todo, el tamaño no es determinante. Hay incluso penes más chicos, con los que he podido hacer trabajos esplendorosos.

Se lo empecé a acariciar y a jalar sin dejar de besar sus labios, su cuello o su pecho, buscando despertarle sensaciones, hasta que de pronto, aquel chilito habanero comenzó a crecer entre mis dedos. Generalmente, después de un tiempo, una aprende a distinguir de un pene flácido, más o menos cuántos centímetros alcanzará cuando se erecta. Rara vez te llevas sorpresas, sin embargo, este seguía alargándose como la nariz de Pinocho. Crece, crece y crece. Para cuando le puse el condón, aquello era un pene enorme, flaquito, pero largo, como astabandera. Me clavé en él y lo monté como vaquerita.

Seis:

Hoy no podrás venir conmigo. Está bien, quiero dormir sola y “después de todo”, - como decía Sabines- “sólo se trata de acostarse juntos, se trata de la carne, de los cuerpos desnudos”. Hoy no vendrás y probablemente mañana tampoco, ni pasado. Si no pones tú el motivo, yo encontraré el pretexto. Es más cómodo para mi vida y mis secretos mantenerte a sana distancia. De cualquier forma ¿Te digo la neta? Después de lo vivido, hoy tengo más sueño que ganas.

Hasta el martes

Lulú Petite

Te invitamos a que también nos sigas a través de Facebook y Twitter.


¿Qué es esto? Compartir:  Facebook
Facebook
Twitter
Twitter
Google
Google
LinkedIn
LinkedIn
Viadeo
Viadeo
Digg
Digg
Delicious
Del.icio.us
Meneame
Menéame
Technorati
Technorati
 
 

PUBLICIDAD