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El fantasma de la anorexia danza en La Scala

El famoso teatro milanés despidió a la bailarina Maria Francesca Garritano por denunciar que este trastorno alimentario acecha a sus compañeras

Reacción. En un comunicado, el Ballet de La Scala negó tener problemas de anorexia dentro de su compañía. (Foto: Archivo )

ROMA | Jueves 09 de febrero de 2012 EFE | El Universal11:34
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El fantasma de la anorexia danza en el teatro de La Scala después de la polémica desatada tras el despido de la bailarina Maria Francesca Garritano por denunciar que este trastorno alimentario atenazaba a sus compañeras del famoso teatro milanés.

"Un café y dos tostadas para desayunar, un yogur desnatado para comer y una manzana o un plátano para cenar" es la dieta que mantienen orgullosamente muchas de sus compañeras, según Garritano, una de las primeras bailarinas del ballet de la La Scala.

Y es que "una de cada cinco bailarinas de La Scala sufre transtornos alimentarios" y "siete de cada diez pierden la menstruación a consecuencia de las dietas", continua Marygarret, como se conoce artísticamente a la ahora ex primera bailarina.

Unas declaraciones que le costaron su despido hace unos días y que han levantado una polvareda que ha llegado incluso al ayuntamiento de Milán, donde el alcalde Giuliano Pisapia ha asegurado que propondrá el tema de la anorexia en el próximo consejo municipal.

En un comunicado, el Teatro de la Scala, sin citar la palabra anorexia, explica que "se vieron obligados a concluir el contrato de trabajo de la señorita María Francesca Garritano después de las declaraciones públicas repetidas en varias ocasiones en las que se ha dañado la imagen del Teatro y de su Escuela de Danza", y le acusan de violar "los deberes fundamentales de un empleado".

Garritano había comenzado su batalla para levantar el telón de la anorexia en este mundo en 2010 cuando publicó el libro La verita vi prego sulla danza (La verdad, os ruego, sobre la danza), en el que no sólo contaba la belleza del ballet, sino que también describía sus lados más oscuros donde la competitividad llega a límites insospechados.

Pero sus fuertes declaraciones se habían quedado en el olvido hasta que hace un mes dio una entrevista al diario británico The Observer en la que reiteraba los problemas de la anorexia entre el cuerpo de baile.

"No solo se compite por ser la mejor en el escenario sino también por lo que se come y gana quien ha ingerido menos", denunciaba Garritano, quien contaba que incluso alguna vez han tenido que llevar a sus compañeras al hospital para que fueran alimentadas artificialmente.

Y entonces Garritano, de 33 años y que desde que tiene dieciséis pisa los escenarios de La Scala, fue despedida pocos días antes de viajar para exhibirse en el histórico teatro Bolshoi di Moscú.

A pesar de ello, la bailarina no echa marcha atrás y en una entrevista realizada por el programa "Le Iene show", que será emitida hoy, reitera que en todas sus declaraciones hablaba "de un problema que existe y que es real".

La bailarina explica que tras el ingreso en la prestigiosa escuela de danza de La Scala se dio cuenta de que "la comida era un obsesión para todos".

Marygarret no ha recibido el apoyo de sus compañeros, que en una nota han explicado que se han quedado "sorprendidos" y "resentidos" por estas declaraciones y acusan a la bailarina de utilizarlos "con fines meramente personales para promocionar el libro".

"Todo esto no sólo es falso, sino que también daña la imagen de la compañía. No existe ninguna emergencia sobre la anorexia en La Scala y quien conoce nuestra realidad lo sabe", añade el cuerpo de baile.

Pero la polémica no cesa y en el programa "Italia 1" también emitirán el testimonio de una ex alumna de danza de La Scala con problemas de anorexia y que asegura además de que de las ocho compañeras que tuvo durante su curso seis tuvieron sus mismos transtornos alimentarios.

Una situación que también admite la madre de una de las niñas de la escuela de La Scala que asegura que su hija tiene problemas de alimentación y que todas las niñas "se miran obsesivamente entre ellas para controlar el peso".

Y es que, lamenta Garritano, "las bailarinas viven en el escenario y a veces se nutren sólo de visibilidad".

sc



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