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Parten el Espinazo del Diablo

En una árida zona entre Sinaloa y Durango, hombres y mujeres levantan una obra colosal, el puente Baluarte

Las sombras de hombres lánguidos, integrantes de un ejército de trabajadores, que construyen en la Sierra Madre Occidental una autopista y el puente atirantado más alto del mundo, al momento de salir hacia la obra a las 4:00 de la mañana Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Trabajadores de la construcción arriba de un autobús escolar, que todos los días a las cuatro de la mañana sale de El Palmito y los lleva al Puente Baluarte Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Ingenieros de la SCT caminan sobre el Puente Baluarte en dirección a Mazatlán tras un recorrido de supervisión de la obra Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Un soldador se coloca su cuerda de vida, su arnés y su chaleco antes de trabajar suspendido a más de 300 metros de altura sobre el puente atirantado más alto del mundo Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Panorámica del Espinazo del Diablo, en la Sierra Madre Occidental Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Un albañil desliza su dedo índice en el chocador automático a las 5:28 de la mañana para iniciar su jornada laboral en la autopista Durango-Mazatlán Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Amanecer, la jornada de trabajo es de 24 horas con dos turnos de 6 de la mañana a 6 de la tarde y el otro nocturno Alberto Torres /EL UNIVERSAL

La ingeniero Vinidka Cruz García, jefe de frente del Puente Baluarte del lado de Durango, revisa el trabajo de algunos soldadores Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Un soldador trabaja colgado de uno de los bordes del Puente Baluarte, donde solda unos rieles Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Pese a que fue inaugurado por el presidente Calderón el pasado 5 de enero, aún se alistan detalles de revestimiento y se ponen rieles de seguridad Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Trabajadores perforan el Túnel El Baluarte, que conectará con el puente atirantado (al fondo) Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Especialistas en explosivos colocan dinamita en uno de los tramos del Túnel El Baluarte, para la construcción de la autopista Durango-Mazatlán Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Vista aérea del Puente Baluarte desde una grúa a casi un kilómetro de altura, al fonde se ve la barranca donde pasa el río del mismo nombre Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Un joven "varillero" en las alturas de un pilar de uno de los puentes del Tramo II de la autopista Durango-Mazatlán Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Un trabajador encargado de colocar concreto en las paredes de los túneles porta sus lentes y mascarilla para cubrirse de los gases tóxicos que se respiran en las profundidades Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Entrañas del Túnel "El Sinaloense", a 500 metros de profundidad en las montañas de la Sierra Madre Occidental y una longitud de 2 mil 660 metros Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Mingo, un comunero de "El Palmito" y el ingeniero Castillo López, de los primeros en llegar a lomo de mula al lugar donde ahora ha sido construido el puente atirantado más alto del mundo Alberto Torres /EL UNIVERSAL

"Puenteros" trabajan a una altura de más de 160 metros en la construcción del único pilote que llevará el puente elevado de El Carrizo, en el Tramo II de la autopista Durango-Mazatlán Alberto Torres /EL UNIVERSAL

Imagen de la única columna de más de 160 metros del altura que sostendrá al puente El Carrizo, en la Sierra Madre Occidental en la construcción de la autopista Durango-Mazatlán Alberto Torres /EL UNIVERSAL

CERCA DEL DIABLO. La obra se encuentra en el llamado Triángulo Dorado, el más grande centro de producción y operación del narcotráfico. Según las autoridades, el más probable refugio de Joaquín El Chapo Guzmán, el capo más buscado del mundo. (Foto: ARCHIVO I EL UNIVERSAL )

EL PALMITO, Sinaloa.- | Miércoles 25 de enero de 2012 Alberto Torres | El Universal
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Estas sombras de hombres lánguidos que se mueven en la madrugada son de un ejército que trabaja en las montañas del Espinazo del Diablo. Vienen de todos los estados y hasta de otros países. Por cuatro años han vivido en campamentos casi inaccesibles. Edifican puentes que tocan las nubes. Abren grandes túneles que llegan al centro de los cerros. "Algo que ni Dios hubiera imaginado".

Construyen una supercarretera. Perforan la Sierra Madre Occidental. Han llegado a ser hasta cinco mil. Ahora están en retirada.

Son las cuatro de la madrugada en esta comunidad, ubicada en la frontera entre Sinaloa y Durango. A mil 970 kilómetros de altura el frío quema la piel. Formados suben a los autobuses. 

Van camino abajo, a la obra. Apenas han dormido unas horas. Cargan sus cascos y mochilas. En los asientos recuestan sus cabezas.

Estas son las historias de mujeres y hombres, profesionistas y trabajadores, que enfrentan los mayores peligros para construir el puente atirantado más alto del mundo y la autopista Mazatlán-Durango.

La autopista pasa por tierras del cártel de Sinaloa. "Van a construir hasta que levantemos la cosecha", les ordenaron los señores del narco, cuentan los ingenieros. Cumplieron. Desde entonces se respetan.

La obra se encuentra en el llamado Triángulo Dorado, el más grande centro de producción y operación del narcotráfico. Según las autoridades, el más probable refugio de Joaquín El Chapo Guzmán, el capo más buscado del mundo.

"Hace siglos aquí lucharon el bien y el mal. San Miguel Arcángel le clavó su espada a Satanás tras una lucha de 52 años. El cadáver del diablo quedó boca abajo. Enterrado por el polvo, las vértebras de su espina dorsal son el puente montañoso que une Sinaloa con Durango, por eso se llama ‘El Espinazo del Diablo'", cuenta la leyenda que narra Eleonaí Labrador González.

En San Miguel de las Cruces, un punto de la sierra cercano a El Salto, en Durango, "es donde el arcángel clavó la espada. Cuando la tierra tiembla es señal que el diablo quiere despertar.

"Nunca creí que iba a ver todo esto. Algo que ni Dios hubiera imaginado", dice Eleonaí mientras mira asombrado a su alrededor. Ve los cerros derrumbados, otros atravesados por túneles. Sus 30 años los ha vivido en el poblado de Santa Rita. "Aquí no había más que puro cerro. Desbarataron el bosque. Aquí andaba yo cuidando ganado, entre venados, tejones y linces".

Ahora Eleonaí trabaja aventando concreto con una manguera sobre las laderas de los cerros dinamitados para evitar los derrumbes. Antes trabajó en el aserradero de El Batel, única fuente de empleo además de la siembra de mariguana, por la cual pagan hasta 500 pesos el kilo.  

 

HISTORIAS

 

Una promesa cumplida

Hay un dicho que dice: "¿Quieres hacer reír a Dios?, cuéntale tus planes", recuerda el ingeniero Alfredo Rubio Rodríguez, director del Centro de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en Sinaloa. Quería construir casas y edificios y la vida lo llevó a hacer puentes y carreteras. Lleva 30 años y ha vivido en ocho estados. Es el responsable de la construcción de la supercarretera y del Puente Baluarte del lado de Sinaloa. Es quien sabe todos los datos relevantes de la megaobra, la autopista con más puentes y túneles en todo el país.

Su pasión por construir caminos le hizo sacrificar el tiempo con su familia. Su esposa siempre lo siguió. Se conocieron de niños en Ojinaga, Chihuahua, donde nacieron. Hace dos años el proyecto estaba a la mitad y ella enfermó. Le hizo jurar: "pase lo que pase tú vas a terminar ese puente y esa carretera". Ella murió. El Puente Baluarte ahora tiene el récord Guinness como el más alto del mundo en su tipo.

 

Mingo, "El Caminero"

Anda a caballo, lleva botas con cápsulas de aire y espuelas plateadas. Mingo es como El Zorro del Espinazo del Diablo. Cuando en 2007 llegó la expedición de ingenieros a El Palmito, fue contratado como guía. Tiene un negocio, alquila mulas de carga. Es quien conoce mejor el terreno. Entre sus temores está el ser devorado por La Onza, dicen que es un león. En realidad son linces. Por eso siempre se hace acompañar de sus tres perros: Viento, Comanche y Chispazo. Pero el animal más mortal en la zona es diminuto: el alacrán. Y aquí abundan.

Los ingenieros que trabajan en la construcción de esta supercarretera de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), con 30 años de experiencia, aseguran que personajes como Mingo son clave en el éxito de un proyecto como éste, que se construye en zonas inhóspitas e inaccesibles, donde hay que hacer caminos para llevar luz, agua y víveres a la obra. Aquí construyeron un camino escarpado de 45 kilómetros en las laderas del acantilado. Debían bajar de las mulas y calcular cada paso para no morir.

 

27 años haciendo puentes

José Abel Castillo López usa botas negras, chamarra de mezclilla. Parece un vaquero Mar-
lboro. Sólo le falta el sombrero. Es de Morelia, Michoacán. Fue de los primeros expedicionarios en llegar a El Palmito para abrir camino en 2007. Fue quien descubrió a Mingo. Los puentes son su especialidad, ha construido de todo tipo en 27 años. Su esposa murió hace cinco. Su hijo menor siempre le reclamó: tuve papá poco tiempo. Su hija mayor, de 29 años, Betzabé de los Ángeles, también es ingeniera.

Tiene a su cargo la construcción del Tramo II de la autopista, el más complejo, con más puentes y túneles. La continuación del Puente Baluarte. En esta obra se da vuelo. En el puente El Carrizo ocupará tres técnicas distintas. Llevará un solo pilote, lo demás estará suspendido en el aire. Asegura que un ingeniero no es nada sin un buen sobrestante. Ellos son los verdaderos ejecutores, los que vigilan que se haga lo que el ingeniero manda.

 

Hay que tener valor y miedo

Ignacio Indicación, de 54 años, originario de Iguala, Guerrero, es uno de los sobrestantes del ingeniero Castillo.

A su cargo tiene a los varilleros y soldadores que trabajan en el único pilote que llevará el puente El Carrizo. Están a una altura de 160 metros.

"Desde abajo parecen como moscas pegadas a las varillas", dice el ingeniero Castillo, y no se equivoca. A esa altura uno está arriba de los cerros, de las águilas y de las nubes.

Este sobrestante inició en el puente Mezcala de Guerrero en 1990, el más alto de su tiempo. La primera vez que subió, una canastilla lo elevó a 110 metros y el fuerte viento los hizo girar. No sabía qué hacer, si gritar o llorar, narra. "Nos fueron bajando poco a poco hasta que todo se calmó. Hay que tener un poco de valor y un poco de miedo. Siempre debemos tener nuestra cuerda de vida y nunca confiarnos". A los "fierreros" y carpinteros que van elevando poco a poco las columnas les llaman "los puenteros".

 

"Tienes que ganarte el respeto"

Vinidka Cruz García es jefe de frente del Puente Baluarte del lado de Durango. Tiene 25 años.

Habla otomí y español. Es originaria de Oaxaca. Este es su primer trabajo. Tiene a su cargo 500 personas, en su mayoría hombres. En un inicio el acoso era fuerte, porque aquí casi no hay mujeres.

"Tienes que ganarte el respeto, debo ser enérgica y darme mi lugar, pero no por eso ser grosera. Mis trabajadores deben saber que estoy para ayudarles en todo y que pueden confiar en mí.

Duermo en el campamento en la sección de mujeres, con una médico, una coordinadora de seguridad y otra ingeniero".

 

Tirantes chilenos

Cristian Aguilera es un ingeniero de Santiago de Chile especialista en colocación de tirantes de acero en puentes. En 10 años nunca había estado en una obra con un reto así, por la altura y lo inhóspito del terreno. Trabajando con equipos las 24 horas sin parar.

"Lo que más me ha impresionado es como todos acatan las medidas de seguridad. Trabajar en las alturas en áreas no confinadas con fuertes vientos es muy riesgoso. Todos usan su arnés como parte de su ropa. Incluso cuando comen. Saben que en cualquier momento pueden necesitarlo.

"Logramos crear  esa conciencia de seguridad. Desde aquí ves lo pequeño que como seres humanos podemos ser ante la naturaleza", relata el experto.

 

Dinamitero checo en la obra

Nóvak Jaroslav viene de República Checa. Trabaja poniendo dinamita en los túneles. Su padre también está aquí. Vino a México porque en su país con la crisis mundial tampoco hay trabajo. Acaba de colocar una carga en el Túnel Baluarte, que conectará con el puente atirantado más alto del mundo. Tras cinco minutos eternos, la carga finalmente explota.

Cada fin de semana va a Mazatlán, Sinaloa, a ver a su novia, Veronika Moravcova, una profesora checa de 29 años que decidió dejar su trabajo por seguirlo. Toda la semana vive sola, acompañada por Bastic, un perro que les regalaron. Los fines de semana van a la Isla de la Piedra, donde el mar con agua caliente los impresiona a ambos por igual. Evitan salir de noche por la inseguridad.

 

"Le cambió la vida a la gente"

Antonio Monroy Carreón es el ingeniero a cargo de seguimiento del proyecto del Puente Baluarte. Fue de los primeros en llegar cuando en 2007 llegaban aquí a lomo de mula y será el último en irse. Lleva 37 años trabajando en obra pública. Conoció a su esposa Imelda cuando construía la autopista Las Brisas-Culiacán. Y desde ahí ha traído a su familia de obra en obra. Pero este puente  es su orgullo.

"Esta obra le ha cambiado la vida a mucha gente. Ya no se dedican al narco. Vivo en El Palmito. Rentamos una casa. Vemos que mucha gente mejoró y trabajan aquí. Hay gente que lava la ropa, plancha. También en Santa Lucía, Potrerillos. Esto le permite a la región tener un empleo honesto. Hay que comprender que aquí no hay mucho trabajo".

 

Suspendido a más de 400 metros de altura

Le muestro la foto que le tomé, suspendido del puente, al fondo está la barranca donde pasa el Río Baluarte a 420 metros de profundidad. Abre los ojos y exclama: "¡Qué pendejo...! ¿Cómo puedo estar aquí...?". Nunca había visto hacia abajo desde que inició soldando en las alturas hace 16 años. Carlos Morales viene de Chiapas, como la mayoría de soldadores extremos en la obra.

Suelda los filetes del puente para sujetar un riel, sujeto con su cuerda y un chaleco. En diciembre fue a visitar a su familia por 10 días. Rentaron un autobús entre varios. Cuando en la tele pasaban los comerciales del puente más alto del mundo él les decía: "Ese es el puente donde ahorita estamos trabajando".

Tiene dos hijos, una de 11 y otro de siete. Se vino acá porque había una paga regular. No se acostumbra a estar lejos de su familia. A todas horas los extraña.



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