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Hombres violentos buscan cura

Los especialistas dicen que la mayoría de los hombres golpeadores no logran controlar nunca sus conductas agresivas. Muchos acuden a terapia luego de que un juez se los ordena, pero pocos lo hacen por iniciativa propia, 'Noa' trabaja para que su caso sea la excepción

ESPERANZA. “Noa” y “Dayana” intentan romper el círculo de violencia en que vivieron durante una década; ahora él acude una vez a la semana a Hombres por la Equidad y ella y sus hijos asisten a terapia para recuperarse de la violencia sufrida.. (Foto: Jorge Serratos / EL UNIVERSAL )

Martes 22 de febrero de 2011 Natalia Gómez Quintero | El Universal
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Noa tiene dos años que no golpea a su esposa. Durante una década y media marcó con moretones el cuerpo de Dayana. Lo celos, los malditos celos, encendían su ira. La insultaba, la amenazaba, la violentaba sexualmente. Ni durante el segundo embarazo pudo contener su furia. "Aún recuerdo el día en que le partí la cara a mi esposa", dice con remordimiento.

La sangre, el llanto. Todo sigue ahí, taladrando su cabeza.

Este hombre de 39 años, como muchos otros mexicanos que no pueden controlar el impulso de agredir a sus parejas, decidió buscar ayuda hace poco más de dos años.

Desde entonces acude una vez a la semana a Hombres por la Equidad, un grupo de reflexión donde recibe terapia para reenfocar su masculinidad.

Ahí le han enseñado que su esposa no es de su propiedad, que las mujeres deben ser respetadas, que deben aceptar los espacios de individualidad de su pareja. Ahí ha recibido atención sicoterapéutica que le ha ayudado a contener sus impulsos violentos.

El caso de Noa es poco común. Los especialistas dicen que la mayoría de los hombres golpeadores no logran controlar nunca sus conductas agresivas. Muchos acuden a terapia luego de que un juez se los ordena, pero pocos lo hacen por iniciativa propia.

Es común que simulen portarse bien, pero pronto reinciden.

Unos se tornan más violentos, otros abandonan a sus parejas y más tarde se relacionan con otra que tarde o temprano se convertirá en su nueva víctima.

"Aceptar el cambio de roles de conducta implica perder privilegios de control y de servidumbre.

"Nadie está dispuesto a ello", dice Rocío Corral, directora del Centro de Apoyo a la Mujer (CAM).

Esta afirmación surge de todas las experiencias que ha tenido el CAM durante sus 25 años de existencia.

Los testimonios de las mujeres agredidas son la evidencia de una triste realidad mexicana. "Ninguna de las mujeres atendidas ha referido un cambio definitivo en sus agresores", lamenta Rocío Corral.

En 2010, el CAM recibió a poco más de 500 mujeres víctimas de violencia.

En años anteriores las cifras fueron menores pero siempre rondaron las 100.

"Las que intentan recomponer su relación al poco tiempo vuelven con una nueva historia de agresión y con la decisión de tramitar el divorcio", agrega.

Roberto Garda, director de Hombres por la Equidad, la organización que auxilia a Noa en este proceso de cambio, ofrece una perspectiva más optimista: "La transformación de un hombre que violenta es lenta, gradual y dolorosa", asegura.

El origen del problema

Noa, quien como muchos hombres creció con la idea de que la violencia está asociada a la virilidad, decidió someterse a tratamiento para intentar rescatar a su familia.

La primera dificultad a la que se enfrentan quienes solicitan ayuda al respecto es aceptar que no pueden controlar sus actitudes violentas.

Tampoco suele ser fácil verse confrontados con la idea de masculinidad que les fue inculcada desde los primeros años de la infancia.

Los especialistas señalan que conceptos como "los hombres no lloran", "los machos no deben expresar sus emociones" o "los fuertes no piden ayuda" fortalecen las conductas agresivas de los mexicanos.

Garda ha identificado que los hombres que aceptan el auxilio de la organización dejan primero la violencia física, luego evitan la emocional, más tarde eluden el castigo económico y, en el último de los casos, abandonan la violencia sexual.

También dice que desde la primera sesión se mueven muchos pensamientos y emociones. La sacudida emocional hace que pocos sean los que se queden a recibir apoyo, pues no soportan sentirse evidenciados.

Noa ha sido constante. Cada 8 días acude a Hombres por la Equidad, donde se integra a una reflexión grupal donde los varones comparten sus experiencias. Y asiste a una terapia psicológica individual.

El director de Hombres por la Equidad dice que faltar a las sesiones facilita el camino de la reincidencia.

El grupo al que acude Noa en el DF recibe entre ocho y 12 hombres por semana. Garda dice que la asistencia es menor en comparación con la magnitud del problema.

Hay organizaciones similares en las capitales de Chihuahua, Aguascalientes, Oaxaca, Chiapas, Veracruz y Querétaro, pero "no es suficiente", dice.

No hay datos oficiales recientes sobre la violencia que sufren las mujeres. La Encuesta Nacional Sobre la Dinámica de las Relaciones de los Hogares (ENDIREH) de 2006 señala que 67 de cada 100 mujeres mayores de 15 años de edad han padecido algún episodio o incidente de violencia de pareja, comunitaria, laboral, familiar o docente a lo largo de su vida.

La forma de agresión con más menciones es la ejercida por el esposo o compañero, declarada por 43.2% de las mujeres encuestadas.

Lo cierto es que por cada agredida existe al menos un victimario. Una aproximación a la realidad de la violencia que se ejerce hacia ellas se podrá conocer hasta 2012, cuando se den los resultados de la próxima ENDIREH.

Mientras, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) recibió el año pasado alrededor de 22 mil llamadas, de todos los estados del país, a la línea Vida sin Violencia (01 800 911 25 11).

Este servicio telefónico atiende a la mujer de manera especializada, en cualquier fase de violencia, informa Mónica E. Orozco Corona, directora general de Evaluación y Desarrollo Estadístico del Inmujeres.

Terapias de pareja no ayudan: CAM

La Secretaría de Salud informa que los servicios hospitalarios del Estado atienden un promedio anual de 50 mil casos de mujeres violentadas.

Las cifras reales son mayores porque no todos los casos llegan a una clínica pública o a una denuncia.

Rocío Corral dice que lo que se necesita es la formación de nuevas masculinidades, de esas que acepten cambiar pañales, cuidar a los hijos, hablar de sus sentimientos, llorar. Como esa que Noa intenta construir.

Los especialistas en el tema dicen que los sicólogos privados son los que mayoritariamente están atendiendo este tipo de problemas.

Sin embargo, la ayuda que ahí reciben muchas veces no contiene una perspectiva de género.

Otro error que se comete en el transcurso de querer componer la relación es asistir a una terapia de pareja.

"Está absolutamente contraindicado, pues la información que ahí se desahoga puede ser utilizada como herramienta para violentar una vez más a la mujer", explica Roberto Garda.

Así le sucedió a Dayana. En uno de los primeros intentos para reconstruir su relación, ella y su esposo asistieron a una terapia. "No quería que llegara la hora de salir del consultorio, porque sabía que Noa me reclamaría acusaciones que evidenciaban sus conductas violentas", dice la mujer de 37 años.

Noa también maltrató a sus tres hijos. Al más pequeño lo pateó en el muslo cuando tenía unos cuatro años. "El dolor lo dejó inmovilizado por unas horas", confiesa. Los especialistas señalan que se necesita una "deconstrucción" de lo aprendido culturalmente.

Tanto Dayana como Noa experimentaron en su infancia violencia extrema, lo cual, a juicio de los expertos, hace que se reproduzca el ciclo de agresión. Noa vio a su madre tirada en el piso, rodeada de charcos de sangre. Dayana era golpeada por su padre, tanto que le quedaban marcas en la espalda. Los dos creyeron durante un tiempo que esas conductas eran parte de la vida.

Esta familia está tratando de sacudirse los malos recuerdos. Noa acude a su sesión en Hombres por la Equidad, mientras que Dayana y sus tres hijos asisten a otra terapia para intentar superar las agresiones de antaño.




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